Adiós a la Unión Soviética: la llegada de la Federación Rusa y las teorías sobre su proyección exterior.

04.08.2018

El tiempo es uno de los principales elementos en el que se inserta y define cualquier realidad histórica, el estudio del mismo debe transcender a los factores meramente cronológicos. El ritmo de la historia rusa muestra que su tiempo se mide bajo unos parámetros propios, definidos por los constantes cismas. Un tiempo abocado a una acelerada regeneración constante y determinado por una separación del transcurso histórico europeo. Este rasgo difiere del progresivo y continuado avance temporal en el que se pudo desarrollar la trayectoria de cualquier país occidental. Juzgar a los rusos bajo la óptica de Europa es un error.

La Federación Rusa irrumpe en la Historia Universal en un momento de profundos cambios en el sistema internacional, generados en gran medida por la desaparición de Unión Soviética. La transición  no sería un asunto fácil: era preciso transformar todo el aparato burocrático-administrativo, adecuarse a la nueva realidad geográfica de Rusia[1], y encontrar una identidad nacional dado que el ideal soviético era ya pasado.

La transformación económica del país era la empresa más urgente. El sistema de planificación central heredado de la etapa anterior se mostraba ineficiente, no podía garantizar el crecimiento económico ni estimular el sector productivo ruso. Las reformas económicas fueron las protagonistas de los debates políticos.  La política exterior sería la gran descuidada durante este período.[2]

Cuando la administración Yeltsin tomó las riendas del país, se pusieron en marcha toda una serie de reformas para revitalizar la economía; en el verano de 1990, curiosamente antes de la caída de la URSS, el G-7 encargó un informe que determinase la orientación que las autoridades rusas deberían seguir para conseguir la adaptación del modelo socialista a una economía de mercado.

Los autores teóricos de las reformas fueron: el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), y el Banco Europeo de Reconstrucción y Desarrollo. Las directrices resultantes fueron una copia de los mecanismos establecidos  por estas mismas organizaciones internacionales  para los países latinoamericanos y del Tercer Mundo. Aunque Rusia tenía  unas condiciones económicas y sociales muy diferentes a las de estos estados se terminaron aplicando.[3] La materialización de estas medidas se conoció en Rusia como las reformas de Gaidar[4],  aprobadas directamente por Yeltsin sin que se desarrollase ningún debate sobre ellas en el seno de la opinión pública rusa.

Los resultados fueron nefastos, la inflación subió, los precios se dispararon, la producción disminuyó un 40%, la mortalidad aumentó un 16%, y la natalidad, uno de los grandes problemas de Rusia, descendió. Aumentaron las manifestaciones de ideologías como el nacionalismo extremo, el crimen organizado se expandió y la delincuencia se hizo más constante. La joven Federación se enfrentaba a un nuevo período tumultuoso.[5]

La crisis económica trajo una pérdida del potencial de Rusia y la humillación nacional. En el período correspondiente a 1989-1999, los análisis sociológicos revelan que la ciudadanía rusa muestra “un impresionante auge de la mentalidad imperial y militarista y una pérdida de posiciones de los portadores de la mentalidad liberal[6]. El reparto de las propiedades del Estado fue una oportunidad magnífica para que un grupo reducido de individuos aumentasen sus fortunas y fundaron una nueva clase muy influyente, la de los Oligarcas.

La nueva Constitución fue aprobada el 12 de diciembre de 1993, y en ella se establece la concepción de “ciudadano ruso”  que tendrá una repercusión notable en la elaboración de la política exterior y la configuración del “Mundo Ruso”.  La rápida e inesperada desintegración de la URSS dejó a miles de comunidades rusas fuera del territorio Federal de la noche a la mañana literalmente, de tal manera que la constitución de la Federación concede su ciudadanía todos los individuos rusos que se encuentren fuera de sus fronteras. En su artículo 62 establece que El ciudadano de la Federación Rusa puede tener ciudadanía de otro Estado (doble ciudadanía) conforme a la ley federal o al tratado internacional de la Federación Rusa”, y en el artículo anterior, 61.2 pone de manifiesto que “La Federación Rusa garantiza a sus ciudadanos la defensa y el patrocinio fuera de su territorio”[7].

La Federación heredó el status y los derechos de la Unión Soviética cuando la comunidad internacional reconoció a Rusia como el único sucesor de la URSS. Rusia continuó siendo miembro de Consejo de Seguridad de la ONU,  y siguió siendo estado parte de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa, heredó todas las obligaciones de los Tratados ratificados por la URSS así como sus deudas.

La etapa inicial de conformación de la política exterior rusa fue un período turbulento caracterizado por significativos cambios dentro de la organización estatal que dificultaron la concreción de un programa de acción exterior. Hubo una ampliación de los contactos internacionales derivados de la apertura del régimen al exterior, se registró un aumento de la actividad  internacional de las administraciones regionales rusas con el fin de establecer vínculos con las regiones extranjeras y se procuró la transparencia informativa de la política exterior. Además, tuvo lugar la desarticulación del aparato de propaganda soviético destinado a elaborar la imagen de la ya antigua URSS en el extranjero, también se desarrolló la descentralización de las secciones de comercio exterior, aumentaron los intercambios académicos...

En medio de este período de reformas y en plena discusión sobre el camino que debería tomar el estado ruso en sus contactos con el extranjero, surgen distintas corrientes y en ellas se refleja en eterno debate de Rusia, entre Occidente y Oriente, y el papel que le corresponde a Rusia en el mundo. Las principales concepciones sobre la política exterior rusa fueron[8]:

- Atlantista u Occidentalista: Este grupo afirmaba que Rusia es Europea; los atlantistas entendían que Rusia debe tomar la vía de la integración hacia la economía mundial y  la comunidad de estados democráticos. Rusia debería ser europeizada para superar el atraso político, social y económico. El objetivo en política exterior era el establecimiento de una buena relación con Occidente, la incorporación al Grupo de los Siete, y la consolidación del dialogo político para comenzar a cooperar con las estructuras europeas y hacer una copia de ellas para Rusia.

Neoeurasiática: Su premisa era que Rusia no es ni Occidental ni Oriental, sino un puente entre ambos, invocaban la visión planetaria del país como el equilibrador entre las civilizaciones. Sostenían que el encuentro entre Europa y Eurasia es fundamental para el porvenir de la humanidad.

La dirección de Rusia en política exterior debe dirigirse hacia Oriente; en Asia y el Pacífico está la solución, pues solo así podrá recuperarse y volver al status de gran potencia. Son favorables a la cooperación con Occidente.

- Nacionalismo ruso: Se oponían al atlantismo, son antioccidentales, manifiestan que tras la finalización de la Guerra Fría la única suporpetencia que quedó en pie eran los Estados Unidos y este hecho influía de manera negativa en las relaciones internacionales. Rusia no debe integrarse en la economía  mundial y debiera centrar su política exterior en el Tercer Mundo. Las aspiraciones atlantistas eran calificadas por este grupo como una catástrofe nacional. Proclaman que Europa siempre fue enemiga de Rusia y que ahora trata de destruirla con las armas modernas: la democracia y los derechos humanos.

Realismo ruso: Se forjó como una concepción heterogénea,  donde hay elementos occidentalistas y  componentes geopolíticos que se muestran en la corriente del neoeurasianismo. Sostenían que Rusia debe adaptarse a la situación internacional de manera pragmática y realista. Los realistas apuestan por una política “flexible y equilibrada entre los centros de fuerza y la activa reestructuración de las relaciones que convengan a Rusia”[9]

 


[1]El nuevo estado ruso pasó de una superficie de 22.440.200 km2  a 17.075.400 km2. La configuración de las nuevas fronteras de la Federación Rusa supusieron la pérdida del 24% de territorio, a pesar de ello Rusia sigue siendo el país más grande de la Tierra. SERRA, Francesc: Rusia, la otra potencia, Fundació CIBOD, Barcelona, 2005, p.59

[2]PRUDNIKOV ROMEIKO, Valentina: “¿Continuidad o cambios en la política exterior de Rusia?” en: Revista de Relaciones Internacionales de la UNAM, nº 103, enero abril 2009, pp. 79-102

[3]ARBATOV, Georgi: “¿Una nueva guerra fría?”, en: Cuadernos del Este, nº 15, 1995, p.88 pp-87-93.

[4] Yegor Gaidar fue Ministro de Economía y Finanzas de la Federación Rusa entre 1991 y 1992.

[5]Ibíd.

[6]SEDOV, Leónid: “De Lenin a Pedro I y  de Einstein a Napoleón” en : EL País, 8 de agosto de 1999

[7] Es tanta la importancia que desde el actual gobierno de Rusia se otorga a su concepto de ciudadanía que se inició un proyecto de ley, por parte del Servicio Federal Migratorio de Rusia y los departamentos involucrados, para simplificar los trámites a la hora de adquirir la ciudadanía del país. Víd: KORUTÚN, Lada: “Habrá menos barreras para recibir la ciudadanía rusa” en: La voz de Rusia,  21 de mayo de 2013.

[8]Víd: LAZÉBNIKOVA, Olga: “La política exterior de Rusia ante Occidente” en: Cuardernos del Este, nº 15, 1995, pp. 101-110

[9]LAZÉBNIKOVA, Olga: op.cit.  p. 106