Autarquía campesina: El camino para restaurar la identidad

26.09.2020

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El principal problema de la sociedad rusa moderna no se encuentra en las razones sociales o económicas, se encuentra precisamente en la crisis de la identidad. Este problema es bastante antiguo: nuestra crisis de identidad surgió primero entre nuestras élites, especialmente de forma aguda después de las reformas de Pedro I. Gradualmente, esta crisis se extendió a otros estratos de nuestra sociedad, primero a la llamada "intelectualidad", y luego a las grandes masas, que, sin embargo, estaban perdiendo el estatus de ser personas y adquirieron el estatus de ser masas. La oclocracia es esencialmente una pesadilla política para cualquier civilización, pero esto es exactamente en lo que se convirtió nuestra práctica política en los años noventa. El oligarca en la cima y las masas desunidas, no identificadas y traumatizadas, debajo.

Este trauma de las élites y las masas impidió que el pueblo mostrara su estado subjetivo. La subjetividad del pueblo, es decir, el pueblo y no las masas, es la constante histórica que impulsa a Rusia. No estamos hablando de un “gobierno del pueblo” democrático y tampoco del derecho liberal del individuo en el contexto de la vida histórica de Rusia, estamos hablando de la existencia auténtica del pueblo. Lo importante no es la voluntad colectiva de los individuos, es el espíritu de la gente lo que es importante. Aquí vale la pena mencionar el hecho de que Rusia, al ser un pueblo imperial, nunca ha sido un Estado nacional, sino que siempre ha sido una complejidad floreciente de las etnias y culturas de Eurasia. Y, por supuesto, la identidad y subjetividad de cada nación es importante para el Estado ruso, sin esto la existencia del imperio en la forma en que lo necesitamos es imposible. Sin embargo, el pueblo ruso es la fuerza central de la condición de Estado euroasiático, y es su identidad la que se ha visto más gravemente socavada durante el siglo pasado.

¿Cuáles son las salidas de la crisis para el pueblo como sujeto? ¿Cómo devolver a la gente a la existencia auténtica? Primero, las élites del Estado ruso deben comprender y entender seriamente la identidad de los pueblos de Rusia-Eurasia y, en primer lugar, del pueblo ruso, con esto nos referimos no solo a una comprensión perfecta de la historia rusa, sino también a una comprensión de su filosofía, cultura, geopolítica, etc.

Las élites que no plantean tal problema no son competentes como administradores. En segundo lugar, se debe acabar radicalmente con la "extravagancia" cultural y económica. Ninguna "receta" occidental es adecuada para Rusia. Podemos estar convencidos de esto con el ejemplo de nuestra propia historia. Tanto la cultura como la economía deben estar al servicio de la identidad, no contradecir las normas éticas de las confesiones tradicionales. Naturalmente, el sistema social de un Estado no puede ser capitalista, y la cultura y la educación deben desarrollar una comprensión de la identidad y la participación de las personas en su historia. 

Pero lo más importante, es necesario revivir el estilo de vida característico del pueblo ruso, que solo es posible con el desarrollo de la llamada autarquía campesina. Es imposible revivir la auténtica existencia de los pueblos de Eurasia en las megalópolis occidentalizadas. De ahí se sigue que, si queremos preservar la identidad para revivirla, primero debemos revivir la aldea. Para ello, el Estado debe priorizar el desarrollo de las zonas rurales. Necesitamos programas para desarrollar la infraestructura, la medicina, la educación, la aplicación de la ley y la aldea debe dejar de ser un símbolo de atraso económico y cultural. La esfera social del Estado debería concentrarse precisamente en el desarrollo de una atmósfera socialmente atractiva en el campo. Considerando que incluso ahora hay muchos ejemplos de personas que dejaron la ciudad por el campo y viven una vida plena, entonces con el desarrollo intensivo del pueblo este proceso se volverá masivo.

Sin embargo, hay un dilema aquí: el lado tecnológico del problema. La técnica y la tecnología pueden interferir con la identidad tradicional, como advirtieron Paisiy Svyatorets, Konstantin Leontiev, Martin Heidegger. Pero una saturación moderada del campo con innovaciones tecnológicas, combinada con un retorno a los valores de las confesiones tradicionales, será en cualquier caso una vida más positiva que el hacinamiento en megaciudades envenenadas por la occidentalización. Es muy posible que se establezca una "red euroasiática" por medio de las aldeas. Esta red debería reemplazar gradualmente a la Internet centrada en Estados Unidos, que por su propia existencia es una amenaza para la seguridad geopolítica de Rusia. Esta red debería ser soberana frente a Occidente y no interferir con el Internet Occidental. La mejor opción para registrarse sería vincular el inicio de sesión al pasaporte. Así, además de la presencia de una sonora censura, la Red pasaría de ser un arma enemiga a una conveniente herramienta de comunicación, a través de la cual, entre otras cosas, es bastante posible realizar muchos tipos de trabajos por medio del acceso remoto. Las tecnologías modernas permiten automatizar el despliegue de una economía en las zonas rurales y, en cierto sentido, reducir muchos riesgos climáticos. Por ejemplo, en China ya ha aparecido una tecnología similar a la impresión 3D que permite "imprimir" casas e instalaciones de infraestructura.

El aspecto económico del problema requiere la integración de estas granjas en el sistema comercial del país. Los partidarios de una economía liberal, por supuesto, hablarán de la ineficiencia de dicha economía, pero esto se debe solo a que están del lado del globalismo liberal. Los actores del globalismo son, en primer lugar, las corporaciones transnacionales occidentales, cuyo objetivo es esclavizar a todas las personas del planeta como consumidores de sus productos y reducir en paralelo la población de la Tierra. Sin embargo, el desarrollo de la autarquía campesina facilitaría mucho la seguridad alimentaria del país, integrando a cada persona en el sistema económico del Estado no como consumidor, sino como productor de bienes. Es muy importante alejarse del punto de vista materialista de que el sujeto de la economía es una mercancía y llegar a entender que el sujeto es una persona. Valentin Katasonov escribe sobre esto en detalle. 

En cuestiones de ideología y patriotismo, por supuesto, tal acercamiento al pueblo dará frutos muy rápidamente. Una persona que trabaja en la tierra, vive en su casa y no forma parte de una corporación multinacional será más estadista y patriota que un hipster de oficina. Si se enseña información política en las escuelas y se lleva a cabo entrenamiento militar, entonces el crecimiento de la conciencia patriótica será colosal. Pero todo esto volverá a ser ineficaz sin un retorno a las confesiones tradicionales de Rusia-Eurasia. No se debe imponer tal devolución, pero se deben eliminar todos los obstáculos. El Estado debería abordar seriamente la restauración de los templos destruidos y otros edificios religiosos, al igual que de otras confesiones tradicionales. Donde no hay nada que restaurar, se debe construir uno nuevo. Los programas de apoyo a los valores tradicionales deberían estar en los medios de comunicación y en la educación. Por supuesto, la implementación de estas medidas requiere una reestructuración total de la vida económica y física de Rusia. Un retroceso del tipo de gestión occidental y un retorno al tipo de gestión que era característico, por ejemplo, de la Rusia moscovita, pero con algunas modificaciones tecnológicas. Como lo vemos, esta es la única forma de restaurar la identidad de las personas, y su restauración es un imperativo geopolítico y demográfico.