Debilitamiento de Merkel frente al auge de AfD

27.02.2018

Alemania es un país ocupado por el poder atlantista y, por consiguiente, desde 1949, nadie ha llegado  a la Cancillería sin previamente contar con la aprobación del Atlantismo. Fue ese  mismo  centro de poder el que facilitó  la llegada de Angela Merkel a la Jefatura de gobierno

La Canciller Merkel, figura en retroceso, no piensa en los intereses de Alemania ni en la Europa de las Naciones, ya que se abocó enérgicamente a plasmar en la realidad alemana y europea todo el programa de la izquierda globalista, transmitiendo una perspectiva falsa, en blanco y negro, abundante en clichés de propaganda, que ahora hace estragos.

Las estadísticas sociales, políticas y económicas fidedignas indican cuan dañino es el liderazgo de Merkel, como también la imperiosa necesidad de poner  un freno, no sólo a su permanencia en la burocracia estatal, sino también a la arquitectura globalista.

En Alemania, frente a la globalización atlantista, emerge  Alternativa para Alemania (AfD), siendo ésta una organización indesligable del sismo político y el reequilibrio de poderes que se vive en amplias zonas de Occidente, contando con nexos directos con las élites nacionales germanas y fracciones sociales extra-elites que están siendo insumisas al aperturismo indiscriminado del globalismo y peticionan la seguridad comunitaria, el desarrollo económico y  la preservación identitaria y demográfica. Su irrupción en el escenario político nacional y continental es serio, concienzudo y sus pasos bien programados.

En este interregno de la Historia, ya no se trata de embanderarse en  ideologías y recetas  que oscilan  entre la malignidad y la puerilidad, sino de tomar conciencia del momento peligroso que se vive y afrontar el desafío de la  supervivencia. Sobrevivir y superar las adversidades mientras se combate por el Futuro de la Historia. Ello lo han comprendido importantes dirigentes social-políticos, empresarios y trabajadores genuinamente alemanes que respaldan  férreamente la marca AfD, lo que se traduce en millones de votos contra la globalización neoliberal, la fisura económica, el deterioro cultural y el quebrantamiento social.

En las elecciones de Septiembre de 2017, AfD  cosechó el 12,6% de la totalidad de los  sufragios emitidos, obteniendo una importante presencia en el Bundestag. Pero, desde entonces, no dejó de crecer, teniendo un repunte muy preocupante para el establishment político de Alemania, cuyos principales componentes se encuentran en crisis  por la lógica sistémica.

Así, INSA, instituto de encuestas, expuso que, hoy, AfD figura como segunda fuerza en la preferencia electoral a nivel país, desplazando al tercer lugar al  Partido Socialdemócrata Alemán (SPD), generándole a la conducción socialdemócrata mayores problemas ante  su base de militantes y votantes.1

463.723 miembros del partido están votando por correo en una consulta para formar parte o no de una nueva coalición gubernamental con la facción de Merkel. Es destacable que encuestas diversas dan como ganador al SÍ (60 al 66%) pero el ala juvenil del SPD –un poco más de 70 mil miembros- se opone a la idea de un pacto con Merkel. El resultado se conocerá el 4 de marzo.

En el relevamiento de INSA, el bloque compuesto  por la Unión  Demócrata Cristiana (CDU)  y  la bávara Unión Social Cristiana (CSU), se mantiene a la cabeza, con un 32% de votos. Pero la conservación del  primer puesto en las intenciones electorales, no le permite a Merkel alejar problemas,  reducir miedos y eliminar inestabilidades en el liderazgo. Para ella es crucial lo que determine la consulta del SPD.

Una coalición de gobierno  CDU/CSU/SPD  beneficiará a  AfD  porque  quedará  en la oposición como el único partido de relevancia, capaz de transformarse en una posibilidad de poder, receptando amplia y fluidamente el descontento popular, considerando que la Merkel del presente no tiene el atractivo y la capacidad de encandilar, tal y como sí lo hacía cuando vendía falsas esperanzas a muchos alemanes. Por eso, ciertos titiriteros atlantistas, están proyectando figuras para su reemplazo en el partido de Merkel  e, incluso, en el SPD. En esta última  formación, desde espacios decisorios, se promueve a Andrea Nahles, de 47 años de edad y ex ministra de trabajo, considerada por el diario muniqués Süddeustche Zeitung “La mujer de los escombros”2 por el rol que tendrá a partir de ahora: en la esfera SPD, limpiar lo derruido y evitar la caída definitiva del partido, según la publicación; pero, para nosotros, Nahles, además del ejercicio de esa función, personalmente tratará de poner lo suyo para salvar el Sistema, mientras ahora  le da oxígeno a una debilitada Merkel y continuará con el tejido de alianzas estratégicas para ser Canciller en 2021, sabiendo que muy pronto, Merkel será Historia y remarcándole  a los sindicatos amigos  que ella es la guardiana de los intereses de los trabajadores y no AfD.

Del mismo modo que en su país, a nivel continental, Merkel, también está en clara decadencia política  ya que el niño mimado de los Rothschild, Emmanuel Macron, está siendo catapultado para ser el rostro conductor de un fotoshopeado  bando proglobalista que jugará,  frente al trumpismo, con evidente impacto internacional.

En las nuevas e inmediatas batallas no habrá merkelismo, sino macronismo y, principalmente contra éste, continuará el camino ascensorial de AfD.

AfD quiere vivir en la realidad, reconociéndose a sí misma como parte de la realidad y, como tal, será un baluarte en la lucha contra la inmigración descontrolada y atentatoria y, aunque no logre llegar a la Cancillería,  obligará al establishment a practicar ciertas correcciones,  nuevos injertos y otorgamientos de concesiones para que la destrucción alemana se desacelere.

Notas:

1- http://www.electograph.com/2018/02/germany-insa-poll-february-2018.html
2- http://www.liberation.fr/planete/2018/02/14/a-la-tete-du-spd-andrea-nahles-herite-de-ruines_1629759