El Caso Odebrecht y el destino político de América Latina

17.06.2017

El estado es el eje central de la lucha entre los sectores dominantes y los sectores excluidos del poder, cada uno pertrechado desde la trinchera del partidismo político y los antros del poder fáctico de la sociedad civil, el poder ciudadano.

La sociedad multipolar del siglo XXI  dio al traste con el juego de poder entre derecha e izquierda y las acechanzas de sectores militares, siempre prestos a hacerse cargo de la situación al menor indicio de vacío de poder, sin límites de tiempo y sin más regla de juego que la fuerza y el desafuero como elementos fundamentales para el ejercicio del estado.

La globalización ha propiciado la posibilidad de un fenómeno sociológico, que determina la composición del nuevo eje de poder del estado. La política está cambiando en todos los continentes. Actualmente, los responsables de poner o quitar un gobierno son los mercados, la estabilidad macroeconómica y la sensación de bienestar o malestar social de los pueblos, que se convierte en caldo de cultivo para el empoderamiento del poder popular o poder ciudadano.

El neoliberalismo como paradigma de poder político no conoce la solidaridad ni el equilibrio social como punto de inflexión entre las rentabilidades del capital y los pueblos bajo su orientación económica. La desregulación de los mercados y la expansión del capital constituyen la piedra angular del sistema capitalista del siglo XXI. Este es otro factor que ha contribuido al cambio de la regla del juego entre la clase gobernante y el pueblo como símbolo de soberanía popular.

En la actualidad, la clase oligárquica de las diversas naciones juega un papel cada vez menos relevante en los juegos de poder, este espacio ha sido usurpado por los empresarios políticos y los narco empresarios, en contubernio con los políticos enquistados en las estructuras partidarias, cuyos liderazgos muchas veces son espurios, no forjados en la lucha política, sino resultantes de grandes inversiones mediáticas, lo cual provoca una pérdida de credibilidad en el sistema de partidos. Ciudadanos ejemplares, intelectuales y profesionales brillantes, no se animan a participar en política porque los partidos no son instituciones democráticas, sino, como una mafia de una élite política que vive de ese quehacer.

En muchos países latinoamericanos estalló "Caso Odebrecht" un brutal y desproporcionado caso de corrupción que involucran a la clase política, esto ha hecho que la sociedad se involucre en la lucha contra este mal y sus derivaciones. Sus efectos son desbastadores los partidos políticos están perdiendo credibilidad, por lo que deben ser sometidos a un profundo escrutinio como instituciones, que representan a los ciudadanos en las diferentes instancias de poder del estado, so pena que la sociedad marche de espalda a la clase política,  hay dos ejemplos, en Estados Unidos un empresario derrota a la clase política de los dos grandes partidos del sistema estadounidense y en Francia un joven intelectual, tecnócrata e independiente gana las elecciones con un movimiento sin estructuras de cuadros políticos.

En muchos países latinoamericanos ha quedado atrás la era de los grandes liderazgos populares para dar paso a una era de líderes virtuales, muchos formado por el marketing y la inversión económica, sin importar sus dones intelectuales, éticos y sus valores de buenos ciudadanos. Hasta la vieja plutocracia está cediendo posiciones, estamos de vuelta al populismo producto de la desmitificación de los partidos clásicos.

Los grandes partidos han sido secuestrados por una dirección política, que consciente de los beneficios y privilegios generados por la partidocracia, se han convertido en un dique de contención para la renovación del liderazgo partidario. En ocasiones, tanto los partidos de gobierno como los opositores marchan de espalda a los grandes intereses nacionales, pero en consonancia con los intereses de los dirigentes, que el sonado "Caso Odebrecht", ha puesto al descubierto una clase política corrupta y carente de ética.

Entonces, surge la pregunta obligada ¿terminado el debate universal entre la izquierda y la derecha, con un sistema de partidos políticos cuestionado, líderes comprometidos con la corrupción de estado, a la vez que crece la brecha entre pobres y ricos, con un despertar de los pueblos expresado en las calles y plazas públicas, exigiendo justicia y fin de la corrupción e impunidad, reclamando cambios y nuevos paradigmas en la conducción de la cosa pública, cuál es el destino de la democracia latinoamericana?

Para formarse solo una idea del problema y su magnitud, los ciudadanos latinoamericanos han hecho posible que en Brasil el poder popular arrase con el liderazgo del Partido de los Trabajadores, la presidente de la República, el actual presidente está en la cuerda floja, ministros, legisladores, empresarios y lobistas encantados por el caso Odebrecht.

En Perú involucran expresidentes y funcionarios de diferentes niveles, en Colombia al más alto estamento político y de Estado, hay cuestionamientos en el Ecuador y en la  República Dominicana recién inicia el proceso ya hay políticos, ex funcionarios, legisladores, ex legisladores, y cuestionamiento del liderazgo de los partidos políticos mayoritarios, obvio, son encartados a quienes deberán probar las acusaciones, porque se habla de manipulación política de la famosa "lista de Brasil" que es la resultante de una delación premiada. Hay quienes aseguran que no están todos los que son,  ni son todos los que están, y rumoran en los mentideros políticos que se trata de una maniobra, con la finalidad sacar de juego los adversarios del presidente de la República e ir abriendo el camino de la reelección.

Concluimos con la afirmación que urge una nueva oleada democrática en América Latina. A la vista de un eventual fracaso del sistema político,  hay voces que invitan a mirar al sistema parlamentario europeo, donde los ciudadanos tienen la posibilidad de ejercer mayor control sobre la actividad de los jefes del gobierno y el estado.