El enemigo es los Estados Unidos

18.01.2021

Traduccion de Juan Gabriel Caro Rivera

En la segunda mitad de la década de 1960, el pensador situacionista francés Guy Debord definió la ideología democrática como la "libertad dictatorial del mercado que es atemperada por el reconocimiento otorgado a los derechos del espectador" [2]. Es la expresión de un mundo al revés en el que la realidad surge en medio del espectáculo y el propio espectáculo se convierte en la única realidad posible. "Esta alienación mutua - continúa Debord - es la esencia y el soporte de la sociedad actual" [3].

Pero las críticas contra la democracia no son una prerrogativa única del siglo XX. De hecho, ellas no faltaron tampoco en los tiempos de la antigua Grecia.

En un texto publicado en 2018 por Edizioni en la colección Veltro, puede encontrarse la obra El régimen político de los atenienses (Athenaion Politeia), el autor de dicha obra [4] considera la democracia no como el "gobierno del pueblo" sino como el gobierno de los canallas (oi poneroi). Por otro lado, que la democracia fuera considerada el peor régimen posible también fue algo afirmado por Alcibíades y según él este sistema no era más que la "locura reconocida universalmente".

No es de extrañar que esta locura haya encontrado su máxima expresión moderna en el hemisferio occidental, en "Occidente" que, según el misticismo islámico, es definido siguiendo las ideas griegas como el "gobierno de los canallas" y como el "pozo de los marginados". Y no es de extrañar que la democracia, incluso en la antigüedad, estuviera asociada intrínsecamente a la talasocracia: al control de los mares y de los flujos comerciales que se mueven en su interior.

El filólogo alemán Walter F. Otto ha subrayado repetidamente el vínculo intrínseco que ligaba en la mitología griega al mar con la materia y, de alguna manera, con el exceso. El mismo Poseidón, dios del mar, estaba inextricablemente demasiado ligado a la materia para alcanzar la realidad divina. Su esfera de poder se limitaba de hecho a un reino que estaba circunscrito a la materia y donde triunfa la violencia y el espíritu de la prevaricación [5]. Los cíclopes, hijos de Poseidón, son descritos en la Odisea como seres arrogantes e injustos: es decir, como la expresión real de esos "gigantes" que en la Modernidad se corresponden con la idea del exceso y del cálculo infinito.

Por el contrario, la manifestación divina por excelencia entre los griegos (Zeus, Atenea o Apolo) no tiene nada que ver con la naturaleza propia de una fuerza inconmensurable que desemboca en lo colosal. Esa "monstruosidad dinámica" es eliminada por medio de una sonrisa gracias a la pura majestad de la naturaleza [6]. El dios griego por antonomasia revela lo que es verdadero, pero nunca revela nada sobre sí mismo. Apolo, cuando era interrogado por los peregrinos que iban al Oráculo de Delfos, nunca hablaba sobre sí mismo ni de su grandeza. “Cuando dice 'conócete a ti mismo', no está imponiéndonos una prueba de sus conocimientos. Sino que nos dice: dirige tus ojos hacia las formas sagradas que existen en la naturaleza, recuerda los límites de lo humano; debes saber quién es realmente el hombre y cuál es la distancia que lo separa de la majestad misma representada por las formas eternas" [7].

A la luz de esto, nos resulta casi inconcebible que hasta el día de hoy el pensamiento griego primitivo sea considerado como la primera expresión filosófica de "Occidente". Sobre todo teniendo en cuenta que los mismos griegos no se consideraban a sí mismos como "occidentales", sino habitantes del "centro del mundo". Su "Patria" se situaba en un espacio intermedio entre las personas que viven en dirección a la Aurora y las que viven en dirección a la oscuridad propia de Occidente [8].

De hecho, lo que ahora se llama "Occidente" esta basado en dos aspectos: a) la idea talasocrática, cuyos fundamentos se remontan a Atenas y a la Guerra del Peloponeso, ampliamente estudiada en las academias militares norteamericanas; b) una superestructura ideológica que puede vincularse a una forma religiosa "judeocristiana" que, con su énfasis en lo "moral", se sitúa en las antípodas de la tradición original propia de Europa.

El hombre se vuelve dueño de un mundo que la divinidad le ha dado. La naturaleza está sujeta por él a su voluntad y el propósito que tiene como fundamento es el enriquecimiento individual. Una parábola excelente sobre este tema es la obra literaria por excelencia del hemisferio occidental: Moby Dick de Herman Melville.

La ley (la norma) se transforma en un mero producto de la razón y ya no coincide con el carácter sagrado de la naturaleza misma. El nomos, que originalmente representaba "la asignación oculta del destino del Ser" [9], se convierte en la única ley, la cual es exclusivamente humana y que surge como una magnitud absoluta que se encuentra por encima de la naturaleza. Su significado intrínseco se reduce a la sola idea de apropiación, prevaricación y uso probable de la violenta, cuyo arquetipo es el episodio bíblico de la conquista de la tierra de Canaán.

El exceso, el gigantismo de la técnica que domina y aplasta la naturaleza o la violencia rapaz son los cimientos de la sociedad norteamericana. Por tanto, los métodos utilizados por las fuerzas policiales para garantizar un orden basado en el monopolio del uso de la violencia no deben sorprendernos en nada. Tampoco debería ser una sorpresa que el sistema de "doble rasero" usado por los medios de comunicación y los líderes políticos del "Occidente", que es liderado por Norteamérica, se relacionan de la misma manera con las protestas que suceden en los Estados Unidos o en Hong Kong, así como en cualquier otro país "no alineado".

Sin duda, uno de los efectos más deletéreos de las más de siete décadas de ocupación militar de Europa por Washington es sin duda el estado mental que lleva a considerar lo que sucede en el centro pseudo-imperial como algo decisivo que afecta a su periferia. El sometimiento psicológico que han producido los Estados Unidos ha llegado a tal punto que desencadena una lucha entre los partidarios extranjeros que apoyan a los dos bandos contrarios de ese espectáculo electoral que es la democracia estadounidense: ambos mantienen la esperanza de que la victoria del uno o del otro pueda al menos garantizar de alguna manera la mejora de las condiciones que han aceptado sus súbditos.

Semejante fenómeno alcanzó un proceso de polarización extrema durante las elecciones presidenciales del 2016, las cuales terminaron en la victoria del magnate Donald J. Trump. Sin embargo, tal victoria sucedió en un momento de decadencia propio del poder mismo de la talasocracia.

En este contexto, el ya empalagoso espectáculo propagandístico propio de la lucha entre el presidente y el llamado "Estado profundo" no se dio a conocer en modo alguno. Cualquiera que este mínimamente familiarizado con los mecanismos reales del poder norteamericano sabe perfectamente bien que existe un complejo industrial-político-militar que persigue unos determinados fines geopolíticos y se mueve en una determinada dirección independientemente de quién esté en la cúspide de su sistema político. El propio proceso de privatización del Pentágono ha creado un sistema de negociación militar privado que se alimenta del conflicto, obteniendo enormes beneficios de él. Baste decir que, en medio de la pandemia, Washington votó en contra de una resolución de la ONU para congelar todos los conflictos y sanciones disponibles [10].

En este sentido, la construcción actual de una nueva retórica bipolar (en la que China se presenta como un nuevo imperio del mal), además de garantizarle a Washington ese papel de liderazgo democrático del "mundo libre" que Estados Unidos no podía permitirse asumir en el actual nacimiento de la multipolaridad, le sirve en esencia a los Estados Unidos para mantener este sistema en una tensión continua. 

A menudo se enfatiza que la administración Trump no ha provocado nuevos conflictos. Esta afirmación no encuentra ninguna confirmación en la realidad geopolítica. Primero, es un hecho que las "guerras comerciales" son guerras en todo el sentido del término y, a menudo, representan el preludio de acciones militares más complejas. En segundo lugar, lo que impidió nuevas acciones militares no fue la elección de Trump, sino el fortalecimiento de la alianza estratégica entre Moscú y Pekín (factor que ya había asustado a la administración anterior), que de inmediato insinuaba atacar otros lugares, como por ejemplo sucedía con los casos de Venezuela e Irán. El propio trumpismo, entre otras cosas, no es ajeno al excepcionalismo norteamericano que quisiera moldear el mundo para hacerlo a imagen y semejanza de los Estados Unidos. En este sentido, pensemos en el proyecto bannoniano de la Nueva China Federal trata de hacer de China, liberada del gobierno del PCCh, una especie de nueva CEI (la Comunidad de Estados Independientes que suplantó a la URSS después de haberse producido su colapso) [11]. 

Lo que se ha definido como violencia depredadora (el saqueo de los recursos petroleros en Siria, por ejemplo) es, de hecho, lo que sigue garantizando a los Estados Unidos ser una fuerza hegemónica lo suficiente fuerte como para mantener el dominio colonial sobre una Europa que desde hace mucho tiempo ha renunciado a su propia voluntad para tomar decisiones. Aspectos que en cambio eran predominantes en su misma tradición política y ante la cual ahora se encuentra en total esclavitud frente a "Occidente" [12]. 

Ahora bien, si Europa, gracias a una autoestima renovada, quisiera intentar recuperar su soberanía, el primer paso a dar sería necesariamente la identificación de su enemigo existencial y geopolítico. Este enemigo es los Estados Unidos.

NOTAS:

[1]M. Heidegger, Quaderni Neri. Note I-IV, Bompiani, Milano 2018, p. 112.

[2]G. Debord, La società dello spettacolo, Di Donato, Bari 1968, p. 41. 

[3]Ibidem, p. 45.

[4] La atribución del texto es objeto de debate. Aunque figura entre los escritos de Jenofonte, el panfleto probablemente fue escrito por algún otro oponente de la democracia ateniense en los primeros años de la guerra del Peloponeso. Ver Pseudosenofonte, Il regime politico degli Ateniesi (a cargo de Claudio Mutti), Edizioni all’insegna del Veltro, Parma 2018.

[5]W. F. Otto, Gli dèi della Grecia, Adelphi Edizioni, Milano 2004, p. 321.

[6]Ibidem.

[7]Ibidem.

[8]Si veda Odissea, Canto XIII (vv. 239-241).

[9]M. Heidegger, Lettera sull’umanismo, Adelphi Edizioni, Milano 1994, p. 83.

[10]Onu. Coronavirus: gli USA contrari al blocco dei conflitti e delle sanzioniwww.notiziegeopolitiche.net.

[11]What is the ‘New Federal State of China?’www.foxbusiness.com.

[12] En este sentido se puede ver L. Disogra, L’Europa come Rivoluzione. Pensiero e azione di Jean Thiriart, Edizioni all’insegna del Veltro, Parma 2020.