El riesgo de una guerra comercial y militar

03.03.2018

Por el momento, la ofensiva contra el Sistema social y financiero procede de este lado de la barricada. es decir, del centro mismo del capital financiero. Este es es el comentario con el que el diario comunista L Humanité (06.02.18) elogió la nota escrita por Patrick Artus, economista en jefe del banco francés Natixis. Más tarde, a esa ofensiva se sumarán los sectores sociales que en todo el planeta se oponen al Sistema, opinaron los analistas del escrito.

Sin suscribir las soluciones proclamadas por el viejo revolucionario, el artículo intitulado La dinámica del capitalismo es hoy la prevista por Karl Marx, Patrick Artus, en su Flash Economie (02.02.18) explica antes de su sugimiento, las condiciones de la crisis sistémica de hoy día. Una crisis de virtudes y valores contemporáneos que el Sistema deforma en su marcha al borde del abismo.

De tal manera, en este año del bicentenario del nacimiento de K. Marx, Patrick Artus es uno de los aún pocos economistas del Sistema que acepta sin reservas que nos encontramos en una situación prerrevolucionaria..

El artículo señala que Marx, si bien da nombre y apellido a las convulsiones económicas de gran calibre que asechan al capitalismo, no es muy preciso en el análisis de las circunstancias que las ponen en marcha y por ello resulta incapaz de proponer soluciones.

Los movimientos violentos de la administración Donald Trump nos colocan en una dimensión sólo explicable con la letra del socialismo. La estrategia América Primero del gran pensador moderno del capitalismo sin rumbo (Trump) conducen al planeta a la guerra comercial, en un conflicto saturado de importantes implicaciones militares, desequilibrios y contradicciones entre los actores protagónicos sistémicos, como se ha visto de sobra en la reunión de neoliberales en Davos y en la reunión estratégica y militar de Munich en este mes de febrero de 2018.

Dos importantes iniciativas de la administración de Estados Unidos durante el último mes han intensificado las tensiones mundiales, con acciones de represalia sobre la Unión Europea y China. A fines de enero, EEUU impuso aranceles importantes a las importaciones de páneles solares y lavadoras chinas y de Corea del Sur. Mientras en la Europa de la OTAN ha dejado claro que los países que integran la organización de defensa occidental no moverán un dedo si Estados Unidos no lo permite.

Un capitalismo sin rumbo y a la deriva

El siguiente paso a lo anterior fue seguido por la recomendación a principios de este mes del secretario de Comercio, Wilbur Ross, de que se introduzcan aranceles y otras medidas restrictivas contra las importaciones de acero y aluminio. La recomendación de Ross fue el resultado de una larga investigación efectuada bajo la sección 232 de la Ley de Expansión Comercial, de 1962, que permite al presidente imponer restricciones a las importaciones invocando la "seguridad nacional", una disposición que con frecuencia significa el alarde de la "opción nuclear" para influir en las relaciones comerciales.

El informe dijo que el aumento en las importaciones de ambos metales en los últimos años "amenaza con dañar nuestra seguridad nacional" y Ross envió el informe a Trump con una variedad de opciones, incluyendo un arancel global del 24 por ciento sobre el acero y una tarifa de 7,7 por ciento sobre aluminio, para surtir efectos a partir de abril.

El tono militar de las medidas comerciales fue subrayado por Trump en sus comentarios a los miembros del Congreso a finales de febrero cuando dijo que si bien quería mantener los precios bajos, se necesitaba acero y aluminio para la defensa nacional y "si alguna vez tenemos un conflicto, no queremos tener que comprar acero [de] un país con el que estemos en conflicto”.

La invocación de la sección 232 contra el acero y el aluminio ha provocado una reacción inmediata así de China como de Europa. Un portavoz del gobierno chino advirtió de que si otros países siguieran el movimiento de Estados Unidos tendría "graves ramificaciones" para el orden comercial internacional y que si Estados Unidos daña los intereses de China "ciertamente tomaremos las medidas necesarias para proteger nuestros derechos legítimos".

El diario alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung informó esta semana de que los funcionarios de la Unión Europea preparan una respuesta rápida a cualquier medida estadounidense sobre acero y aluminio, posiblemente dirigida a productos agrícolas y motocicletas Harley-Davidson. Un capítulo de la guerra económica en el que coinciden wsws y la Red Voltaire.

Mientras los funcionarios de la UE se han negado a comentar el informe, el portavoz de la Comisión Europea Margaritis Schinas ha dicho que Bruselas estaría "profundamente preocupada" por cualquier medida que afecte a las empresas europeas. "Tomaríamos entonces las medidas adecuadas para defender a la industria de la UE, y ya estamos preparados para reaccionar rápida y adecuadamente en caso de que nuestras exportaciones se vean afectadas por una medida comercial restrictiva de Estados Unidos", dijo en una conferencia de prensa.

Mientras que Schinas dijo que "no estamos en una guerra comercial", el principal periódico financiero alemán, Handelsblatt, proporcionó una perspectiva largo plazo. Comentó que los historiadores a menudo habían comparado el período que precedió a la Primera Guerra Mundial con el tambaleo de los sonámbulos. "No es diferente con las guerras comerciales. El rearme verbal que tiene lugar entre EEUU, Europa y China también corre el riesgo de alcanzar a los conflictos por las exportaciones baratas de acero y aluminio en una guerra comercial abierta”.

Otra señal de los crecientes conflictos y contradicciones en la economía global, son las actas de la reunión del Banco Central Europeo del 24 al 25 de enero revelaron la preocupación causada por las declaraciones del secretario del Tesoro estadounidense, Steven Mnuchin, de que un dólar débil era bueno para la economía estadounidense. En su conferencia de prensa en ese momento, el presidente del BCE, Mario Draghi, criticó los comentarios en términos fuertes por ir contra los acuerdos en las reuniones del Fondo Monetario Internacional de que los países no devaluarían deliberadamente sus monedas para obtener una ventaja competitiva.

Según el acta, se expresaron preocupaciones en la reunión "sobre las recientes declaraciones en el ámbito internacional sobre la evolución del tipo de cambio y, en términos más generales, el estado general de las relaciones internacionales". La última referencia señaló el reconocimiento de que el sistema de relaciones geopolíticas y geoeconómicas establecido en las postrimerías Segunda Guerra Mundial se agrieta de manera acelerada.

Si bien la amenaza cada vez mayor de la guerra comercial mundial y el colapso del orden económico de la posguerra han sido provocados por las acciones de la administración Trump, sus orígenes no se encuentran allí.

Por el contrario, están arraigados en profundas contradicciones de la economía capitalista global que ahora salen a la superficie bajo la forma de guerra comercial, gran rivalidad de poderes y potencias y la amenaza de guerra mundial.

Al revisar la catástrofe de la Gran Depresión y sus consecuencias, los miembros del gobierno Roosevelt llegaron correctamente a la conclusión de que uno de los principales factores que llevaron a la Segunda Guerra Mundial fueron los conflictos bélicos comerciales que habían dañado al mundo en la década de 1930. En consecuencia, Estados Unidos se esforzó para establecer un orden económico de posguerra basado en promover un comercio cada vez más libre y prohibir en cambio las medidas de guerra comercial. 

Este sistema, consagrado en los acuerdos monetarios de Bretton Woods de 1944 y el establecimiento del Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio de 1947, se apoyaba, en última instancia, en la fortaleza económica de Estados Unidos.

La reforma consiste en una tendencia a largo plazo, para instaurar una política de aligeramiento de los impuestos pagados por las empresas, de reformas en cuyo alcance coinciden los republicanos y los demócratas. En 1952, el impuesto a las empresas representaba del 32% de los ringresos federales y el impuesto al ingreso el 42%. El impuesto a las sociedades tiende a menguar de una manera tan amplia que hoy no representa más que el 9% del fisco federal, contra el 47% del impuesto al ingreso. Esta vez, los demócratas se han referido al fraude fiscal y en consecuencia se opusieron frontalmente a la reforma. Su rechazo enérgico es, realmente, una operación de desplazamiento, que no afecta el contenido de la ley adoptada, pero sí al proyecto inicial de reforma fiscal que aún espera ser desarrollada.

Abandono de la reforma fiscal

El proyecto de reforma fiscal, iniciada en junio de 2016 por diputados republicanos después de ser propuesta por la administración Trump, proyectaba cambios radicales en el cobro del impuesto a las empresas. Sobre todo proponía una reducción del impuesto federal a las empresas de 35% a 21%, reforma que ha sido bien recibida.

El presidente Donald Trump acaba de presentar un plan de inversión de 1 5 billones de dólares para el remozamiento de rutas, puentes y la construcción de nuevos aeropuertos. Ciertamente, el plan tiene dificultades en su financiamento, si bien el presidente permitiría invertir 200 mil millones de dólares extraídos del presupuesto federal, la suma restante de 1.3 billones de dólares sería suministrada por el sector privado y los estados de la Unión. Este proyecto se encontró con la oposición de los demócratas.

Guerra mundial o desarrollo económico

La lucha entre los demócratas y la mayoría de los republicanos, dice Jean Claude Paye, puede ser apreciada como un conflicto entre dos tendencias del capitalismo estadounidense (Réseau Voltaire, 25,02.18), entre la que es portadora de la globalización del capital y la que proclama un "relanzamiento del desarrollo de un país en declive económico pero protegido por medidas aislacionistas. Estados Unidos era el motor y principal beneficiario político de la internacionalización del capital. 

Como consecuencia del desmantelamiento de la URSS y el desarrollo impetuoso de China, EEUU era una superpotencia, el centro superimperial del Sistema que organizaba al mundo en su propio beneficio. Pero emergencia de China y la reconstitución política de Rusia han roto la omnipotencia económica estadounidense.

Los intentos de reparar en el nivel interno la capacidad de EEUU al seleccionar la ruta mejor a seguirse y para ello se intenta la huída hacia adelante con la liberación de los intercambios o el neoproteccionismo. El problema no es nuevo; quedó planteado hace un siglo por el economista austriaco Rudolf Hilferding quien, en su obra El capital financiero, que data de 1910, daba fe de que "No es el país de la libre concurrencia, Inglaterra, sino países como Alemania y Estados Unidos del inicio del siglo XX, los que se convertirían en modelos deseables del desarrollo capitalista".

Paye indica, y este es el sentido de su investigación: En 1910, el país imperialista dominante, Inglaterra, era confrontado por las potencias económicas en ascenso. Hoy, advierte, toca a EEUU ver su modelo económico supremacista puesto a la consideración de China. La Gran Bretaña renunció tras la Gran Guerra en 1919 a ser la potencia dominante, colocándose bajo la protección de Estados Unidos y convirtiéndose en su hermano simbiótico. Ese escenario no es el adecuado para regir las relaciones futuras entre EEUU y China, aliada de Rusia. Quedan pendientes dos posibilidades: la reforma económica de Estados Unidos sobre una base proteccionista, como desean los republicanos, o una confrontación militar más "abierta", que es la opción del Partido demócrata.

Imperialismo vs ultraimperialismo

De tal manera,observa Paye, la lucha, que ha tenido lugar entre una parte de las facciones demócrata y republicana, puede ser leída como un conflicto que opone al captalismo estadounidense y el superimperialismo de EEUU. A partir de entonces los conceptos desarrollados al inicio del siglo XX, en la polémica entre Lenin y Kautski, han conseguido adaptase al presente. Kautski pensaba que a la Gran Guerra de 1914 a 1918 seguiría un período de desarrollo del Sistema capitalista, caracterizado por la desaparición de las contradicciones entre los Estados y los diferentes grupos imperialistas, periodo que él caracterizaba como ultraimperialista. 

Esto no entra en correspondencia con los afianzamientos geoestratégicos en juego al inicio del siglo XXI. como el nacimiento de un nuevo capitalismo, a la sombra del proteccionismo que contradice al modelo liberal nacido en la actividad en China e India desempeñada por la Compañía británica de Indias Orientales. 

¿Tendrá el ultraimperialismo proteccionista que está a la vista, capacidad de mantener viva la tradición de la libre competencia británica aunque sea en menor escala de la actual? ¿O bien la solución se encuentra en un sistema tripolar adecuado a los paradigmas mundiales de todos los países?

Con información de Solidarité et Progres, wsws y la Red Voltaire.