El Sur y la geopolítica (1ª parte)

08.09.2016

1. La Tierra y el Mar.

Hay una tendencia en la política mundial por la que se generaliza sobre las gentes de un país. Esto le ha ocurrido a los pueblos de Estados Unidos de América, que es vista de este modo por muchos:

En los últimos siglos, “la civilización del mar” ha tendido a ser identificada con Atlantismo, justo como los “poderes del mar” de hoy en día por excelencia son Inglaterra y América, esto es, los países anglo-sajones.

El atlantismo encarna la primacía del individualismo, el “liberalismo económico” y “la democracia de tipo protestante”, y se opone al eurasianismo que presupone autoritarismo, jerarquía y el planteamiento de principios basados en la comunidad y los estados-nación contra los pequeños intereses económicos, hedonistas e individualistas. La orientación euroasiática es típica principalmente de Rusia y Alemania, las dos potencias continentales más poderosas cuyos intereses económicos y de manera más importante, sus intereses ideológicos están totalmente opuestos a los intereses de Inglaterra y los EEUU, esto es, de los Atlantistas (Alexander Dugin, “La gran guerra de los continentes”).

Pero aquellos en una región cultural de los EEUU denominada el Sur (o Dixie, también conocida antaño como los Estados Confederados de América) exigirían diferir con esta caracterización de sí mismos. No se identifican con la civilización del mar, con el Atlantismo de Washington DC, sino con la tierra o la civilización euroasiática de Alemania y Rusia.

Antes de proseguir, estos términos deberían ser definidos más plenamente. Alexander Dugin escribe:

Los dos conceptos principales de la geopolítica son Tierra y Mar. Justo estos dos elementos –Tierra y Agua- se encuentran en las raíces de la representación cualitativa humana del espacio terrestre. A través de la experiencia del suelo y el mar, la tierra y el agua, las personas entran en contacto con los aspectos fundamentales de su existencia. La tierra es estabilidad, gravedad, fijación, espacio como tal. El agua es movilidad, blandura, dinámica, tiempo.

...Al nivel de los fenómenos geopolíticos globales, la Tierra y el Mar generaron los conceptos de: Talasocracia y Telurocracia, esto es, “el poder por los medios del mar” y “el poder por los medios de la tierra” (‘La geografía sagrada a la geopolítica’).

Él mismo dice en otra parte,

En la historia planetaria, han existido dos aproximaciones opuestas y en constante oposición al dominio del espacio terrestre, las aproximaciones de la “tierra” y del “mar”. Dependiendo a qué orientación pertenezca (tierra o mar) tal o cual estado, pueblo, o nación,  tiene su consciencia histórica, sus políticas exteriores e interiores, su psicología, y su cosmovisión acorde con reglas enteramente separadas. Dada esta peculiaridad, es posible hablar plenamente de una cosmovisión de “terrestre”, “continental” o incluso “esteparia” (la “estepa” es tierra en su forma ideal pura), y una cosmovisión “marina”, “isleña”, “oceánica” u “acuática” (permítanme anotar de paso, que podemos encontrar las primeras señales de tal aproximación en los trabajos de los eslavófilos rusos, tales como Jomyakov y Kireevsky).

En la historia antigua del poder “marino”, Fenicia (Cartago) se convirtió en un símbolo histórico de “civilización marina” en su conjunto. El imperio terrestre en oposición a Cartago era Roma. Las guerras púnicas son el más claro ejemplo de la confrontación entre “civilización marina” y “civilización terrestre”. En la historia moderna, Inglaterra se convirtió en la “isla” y el polo “marino”, la “señora de los mares” seguida por la gigantesca isla-continente de América.

Inglaterra, como la antigua fenicia, empleó principalmente el comercio marítimo y la colonización de las áreas costeras como el principal instrumento de su gobierno. El tipo geopolítico fenicio-anglo-sajón generó un  modelo especial de civilización “mercado capitalista comercial” basado en los intereses económicos y materiales y los principios del liberalismo económico. Por tanto, a pesar de todas las posibles variaciones históricas, el tipo general “marino” de civilización, siempre ha estado asociado con “la primacía de la economía sobre la política”.

A diferencia del modelo fenicio, Roma se presenta por sí misma como un modelo estructural autoritario-militar basado en el control administrativo, la religiosidad civil, y la primacía de la “política sobre la economía”. Roma es un ejemplo de colonización no por el mar, sino por la tierra, un tipo puramente continental que se adentró en lo profundo del continente y asimiló a los pueblos conquistados que automáticamente se convirtieron en “romanos” tras la conquista.

En la historia moderna, el epítome del poder “terrestre” fue el imperio ruso junto con los imperios centrales austro-húngaro y alemán. Rusia, Alemania, Austria-Hungría son símbolos esenciales de “geopolítica terrestre” en el periodo de la historia moderna (‘La gran guerra de los continentes’).

Finalmente, Boris Nad escribe,

El principio del mar (u océano), finalmente, simboliza las fuerzas ciegas, la volatilidad, la inconstancia, el caos; el principio de la Tierra, por el contrario, es estático e inmutable, es el orden. El símbolo de la existencia humana en el mar es un barco, y el símbolo de la existencia humana en la tierra es estático: Una casa. Desde el principio del mar, podemos tomar el principio de la técnica, y la técnica, que “se separó de todas las normas de la tradición” (Arnold Toynbee).

Todo esto no se aplica a la talasocracia, en la que no hay rastro de la idea de la autoridad sagrada del estado. Las repúblicas basadas en el comercio del Mediterráneo así como las repúblicas norteamericanas, son constructos completamente seculares, administrados por la comprensión y los intereses de aquellos que son, esencialmente, iguales entre sí.  Los estados telurocráticos, en su sentido final, son el Espacio que es sacralizado y santificado; mientras que las talasocracias son lo opuesto, son el tiempo con su dinámica, variabilidad y volatilidad. El tipo ideal de estas segundas es por tanto la república mercantilista; pero, la forma telurocrática ideal es el imperio, un imperio basado en la autoridad sagrada del estado y su gobernante. La persona del gobernante es la personificación del principio sagrado: No es solamente el objeto de culto, sino que es la apoteosis real, como el elegido de Dios, ungido por Dios (‘El este y el oeste’).