Esperando a Iván el Terrible

02.08.2021

– He hablado con varios estudiantes de la Academia Diplomática de Moscú y me han dicho que la parte que más les había impactado del libro Fundamentos de geopolítica era el capítulo donde usted hablaba de la geografía sagrada. No conozco a nadie en Polonia que haya escrito sobre ese tema. Según usted, ¿cuál sería el lugar que Polonia ocupa dentro de la geografía sagrada?

– No he escrito ningún texto sobre Polonia, pero su lugar dentro de la geografía sagrada es muy particular. Al fin y al cabo, Polonia queda en el norte de Eurasia y toda esa región de la cuenca del Mar Báltico es muy importante para la eslavitud desde tiempos precristianos. Con respecto a los arquetipos que configuran la geografía sagrada, quisiera decir dos cosas.

En primer lugar, es necesario comprender que existe dentro de la Ortodoxia una especie de sinergia entre dos formas distintas de ver el mundo – la precristiana y la cristiana – que se superponen la una sobre la otra sin entrar en conflicto. Figuras y fenómenos muy distintos acaban por superponerse los unos sobre los otros de forma indolora e incluso armoniosa. La relación entre estos dos modelos es mucho más conflictiva en el caso de Polonia debido al catolicismo, pues este último constituye una tradición muy diferente a la Ortodoxia. René Guénon distingue entre la tradición y la religión. La tradición es un concepto que abarca muchas más cosas que la religión. La Ortodoxia es una tradición, mientras que el catolicismo es una religión. La tradición tiene la capacidad de absorber elementos de otras creencias religiosas sin ningún problema. En cambio, la religión entra en conflicto con otras creencias religiosas. Este problema tiene su origen en las diferentes experiencias históricas que han atravesado las Iglesias de Oriente y de Occidente después de haber ocurrido el Gran Cisma. Podemos decir que Occidente no siempre fue una sociedad estrictamente religiosa, es decir, católica, y sin duda hubo un momento donde fue mucho más tradicional y cercano a la Ortodoxia. Sin embargo, el catolicismo se fue apartando de la tradición una vez que aconteció el Gran Cisma y terminó por irse convirtiendo en una religión. O al menos eso es lo que pensamos desde nuestra tradición bizantina.

¿Qué tiene que ver todo esto con la geografía sagrada? Pues bien, consideramos que Occidente se ha concebido a sí mismo como un territorio enteramente dominado por el catolicismo y el protestantismo, y en ese sentido siempre será un lugar donde chocan las normas y los principios religiosos. Claro, existen muchos elementos de otras religiones en Occidente, pero todos ellos entran en conflicto con la religión católica. Aquellos que estudian en Occidente la geografía sagrada o los restos de las tradiciones precristianas, después de haber sucedido el Gran Cisma, terminaron por ser expulsados hacia esferas autónomas de conocimiento como la magia, el esoterismo y las órdenes herméticas. Esta escisión no se produjo al interior de la Ortodoxia.

Es por esa razón que podemos decir que Polonia se encuentra entre las fronteras del mundo católico y el mundo ortodoxo. Considero que desde el punto de vista eurasiático el arquetipo por excelencia de la geografía sagrada polaca es profundamente dualista: por un lado, tenemos una tradición precristiana, pagana, mágica y heterodoxa cuyas raíces son, en última instancia, eslavas y, por el otro lado, existe un catolicismo de origen romano-germánico. Podemos ver un conflicto abierto entre estas dos realidades y por esa razón Polonia es un territorio de frontera. Es incapaz de unificarse con el mundo oriental desde un punto de vista religioso y mucho menos con el mundo occidental desde un punto de vista étnico. En cuanto a su papel geopolítico, Polonia sigue siendo parte de un cordón sanitario que divide al continente euroasiático en dos partes diferentes y esto es aprovechado por las fuerzas anti-tradicionales de origen anglosajón. Polonia es incapaz de asumir su herencia euro-eslava porque catolicismo se lo impide. Tampoco puede asumir una identidad europea occidental, debido a que la eslavitud, es decir, la lengua, las costumbres, los arquetipos, el clima de su territorio, etc., es muy diferente al de Europa Occidental. Semejante dualidad y situación fronteriza causa que Polonia sea presa de terceras fuerzas, como, por ejemplo, el mundialismo y el atlantismo. El hecho de que Polonia exista entre Rusia y Alemania significa que siempre estará dividida entre el Este y el Oeste. Todo ello es resultado de su particular posición geográfico-sacral y geopolítica. Toynbee señaló que el intento de construir una civilización polaco-lituana independiente entre estas dos potencias fue un fracaso. La civilización centroeuropea es demasiado frágil como para soportar el choque entre Oriente y Occidente. Y es por esa razón que los países de esta región deben decidir a qué lugar pertenecen. Lamentablemente la civilización polaco-lituana no quiso o no fue capaz de definirse y por esa razón desapareció. Es una situación realmente dramática.

– ¿Existen elementos de la tradición polaca que le parezcan interesantes?

– Me resultan muy interesantes las fuentes eslavo-euroasiáticas de Polonia, especialmente los elementos étnicos y paganos orientales que encontramos en ciertas minorías culturales. Lo más interesante de la historia polaca se puede ver en la tradición judía de algunas pequeñas ciudades del Este de Polonia. Puedo decir que me gusta todas las corrientes anticatólicas polacas: desde la masonería y los ocultistas polacos hasta Jan Potocki (1), Hoene-Wroński (2), Mienżyński (3) y Dzierżyński (4) … Todos ellos fueron abiertamente euroasiáticos.

– Es interesante que usted diga que Polonia es un territorio fronterizo entre Oriente y Occidente, es decir, entre Rusia y Alemania, mientras que muchos académicos subrayan que existe una mayor similitud entre Alemania, y especialmente Prusia, con Rusia que con países como Inglaterra o España. Feliks Koneczny (5) incluso consideraba que Prusia hacia parte, al igual que Rusia, de la civilización bizantina y no de la civilización latina.

– Koneczny tenía razón. Alemania se encuentra internamente dividida entre Baviera, que tiende hacia Occidente, y Prusia, que tiende hacia Oriente. Prusia es una especie de pequeña Rusia al interior de Alemania.

– Los polacos siempre hemos considerado que una alianza entre Alemania y Rusia es el mayor peligro para nosotros.

– Y ese debe ser nuestro principal objetivo: unirnos a Alemania y crear un poderoso bloque continental.

– ¿Qué sucedería entonces con Polonia?

– Los rusos y los alemanes solamente pensamos en términos de expansión y nunca razonaremos de un modo diferente. Nos interesa muy poco la preservación de nuestro Estado o nación, preferimos absorber a otros por medio de la presión que ejercemos sobre ellos y de ese modo contener en nuestro interior el mayor número posible de categorías complementarias. No estamos interesados en colonizar como los ingleses, sino que queremos definir nuestras fronteras geopolíticas estratégicas sin llevar a cabo una rusificación forzada. Por supuesto, debe existir alguna clase de rusificación, pero no total. Además, Rusia nunca ha estado interesada en la existencia de un Estado polaco independiente, al menos desde la perspectiva de la geopolítica y la geografía sagrada. A Rusia tampoco le interesa la existencia de una Ucrania independiente. No obstante, eso no significa que odiamos a los polacos o los ucranianos, sino que es un imperativo de la geografía sagrada y la geopolítica.

Polonia tiene que elegir entre su identidad eslava o la religión católica. Es muy difícil separar lo una de la otra, pero es una decisión que deberán tomarse tarde o temprano. Hausfofer le aconsejó a Hitler que debía elegir entre luchar junto con Inglaterra en contra de Rusia o luchar junto a Rusia en contra de Inglaterra, ya que era imposible luchar en dos frentes. Pero Hitler no quiso elegir. Simplemente dijo: “no quiero tener que decidir, sino seguir siendo yo mismo” y entonces luchó una guerra en dos frentes. Eso causó el hundimiento de Alemania, la muerte de 20 millones de rusos y la destrucción de una buena parte del mundo. ¿Y para qué? Hoy en día McDonald abre sucursales en los bares de Berlín, la Unión Soviética acabó por derrumbarse y la OTAN pone bases militares en todas partes. Hitler consideraba que la identidad alemana era tan importante que se negó a elegir a que bando apoyar. Polonia tendrá que elegir también en su momento, pues su independencia no es algo tan importante. En el caso de que Polonia insista en conservar su identidad, tendrá que enfrentarse contra todos los demás y acabará por convertirse nuevamente en una zona de conflicto.

Existen naciones que pueden expandirse hasta convertirse en civilizaciones y eso las puede llevar a perder su identidad, su raza, incluso su lengua, pero es un riesgo que se debe asumirse si uno quiere convertirse en un imperio. Eso ha sucedido con los Estados Unidos y con Rusia. Polonia no fue capaz de crear su propia civilización y por esa razón debe tomar una decisión. Creo que todavía pueden tomar una decisión tranquilamente, es decir, elegir el mundo bizantino. Llevar a acabo semejante decisión requiere de mucho valor. Para ello es necesario valerse del inconformismo, de sistemas de acción inusuales, skinheads, anarquistas y místicos. Es la lucha entre las fuerzas del caos polacas contra las fuerzas del orden polacas.

– En otras palabras, ¿considera que todas las actividades anticatólicas en Polonia son positivas?

– Sí. Es necesario destruir el catolicismo desde adentro, para ello se debe fortalecer a la masonería polaca, apoyar a ciertos movimientos laicos decadentes, promover un cristianismo heterodoxo y anti-papista. El catolicismo jamás podrá ser absorbido por nuestra tradición a menos de que adquiera un carácter nacionalista y anti-papista. Si Polonia hubiera tenido una logia como la Golden Dawn irlandesa, con líderes como William Butler Yeats o Maud Gonne, que eran católicos, pero también ocultistas fanáticos que se inspiraban en la cultura celta, entonces existiría alguna esperanza para el catolicismo polaco. Tales personas serían capaces de derribar el catolicismo desde adentro y reorientarlo hacia algo más heterodoxo e incluso esotérico. Mis amigos en Polonia me dicen que todos sus grupos tienen conexiones con el Telema o las ideas de Aleistair Crowley.

– A decir verdad, existe una opinión muy extendida entre nosotros de que hay fuerzas que quieren de-construir el catolicismo polaco y son financiadas tanto por Occidente como por Oriente.

– Como dije, ustedes los polacos se encuentran en medio de dos bloques que están en guerra y ambos tienen dos conceptos muy distintos acerca de cómo debe ser la civilización: se tratan del eurasianismo y el atlantismo. Y este último quiere crear un Nuevo Orden Mundial basado en una civilización desprovista de cualquier tipo de tradición, sacralidad o metafísica.

– Sí, el Nuevo Orden Mundial existe en Polonia y casi siempre se dice que solo el catolicismo nos puede salvar de la secularización total.

– El catolicismo no ofrece ninguna garantía para defenderse del Nuevo Orden Mundial, porque simplemente es una religión transicional que gravita hacia este último. No considero que el catolicismo puede evolucionar o mutar hasta volverse compatible con el eurasianismo. No escondo estas opiniones… No soy como Ziuganov que promete ayudar a todos los huérfanos y cojos que encuentra en el camino. Polonia es un país que existe en medio de una situación geopolítica muy trágica. Tanto ellos (el Nuevo Orden Mundial) como nosotros (los euroasiáticos) queremos acabar con el catolicismo. Sin embargo, nosotros les ofrecemos algo mejor, precisamente porque con nosotros los polacos al menos serán capaces de desarrollar y conservar su identidad eslava. Cuanto menos influyentes son las potencias de Oriente y su lobby anticatólico, entonces más trágica se vuelve la situación de Polonia. Sin embargo, espero que Polonia se una a las fuerzas del eurasianismo por medio de una síntesis entra la extrema derecha y la extrema izquierda. Sinceramente es una lástima que el comunismo polaco nunca haya tenido una vertiente esotérica como sí sucedió con el comunismo ruso…

– Antes de que estallara la guerra, existía solamente un representante importante del comunismo místico-gnóstico en el KPP, Jan Hempel (6), que es el autor de un tratado Volkisch titulado Kazan Piast.

– Creo que es imperativo que los polacos depositen sus esperanzas en la extrema derecha. Sería positivo que sus corrientes nacionalistas rompieran con el liberalismo y giraran hacia el paganismo, entonces estas fuerzas podrían gravitar hacia el Este. Después de todo, existió un fenómeno muy parecido a la “Zadruga” (7), que era anticatólico y pagano, antes del estallido de la guerra.

– Lo que usted afirma me recuerda muchísimo a algo que leí muy recientemente acerca del cristianismo ruso. Algunos historiadores de la religión dicen que Rusia nunca ha sido realmente cristianizada y que el cristianismo es un fenómeno muy superficial, así que la mayoría de la gente de a pie simplemente vive de acuerdo a creencias y costumbres paganas.

– Eso depende de que es lo que llamamos cristianismo. La Ortodoxia y el cristianismo son dos cosas diferentes. Cuando dices “cristianismo” te refieres antes que nada al catolicismo o una religión análoga al catolicismo. Por el contrario, la Ortodoxia se define como todo lo que no es el catolicismo. Por lo tanto, si el catolicismo es lo que llamamos el cristianismo, entonces la Ortodoxia no es para nada cristiana. Y viceversa: si somos cristianos, entonces el catolicismo no es realmente cristiano. Estas aseveraciones están basadas en las afirmaciones que sostenían nuestros sacerdotes después de que se produjo el gran cisma, pero también en las autoridades que existieron en el siglo VIII o IX, especialmente en Focio. La Ortodoxia no es una religión sino una tradición y por eso es más parecida al paganismo. Por lo tanto, la Ortodoxia abarca e incluye dentro de sí muchos elementos paganos. Las enseñanzas de los padres capadocios o el palamismo no son contrarias a las ideas paganas, sino que transforman los arquetipos precristianos y los adaptan al contexto de la Ortodoxia. La Ortodoxia es algo más que una religión tanto desde un punto de vista vertical (porque incluye todos los elementos del paganismo) como horizontal (porque está abierta a la metafísica), todos estos elementos desaparecieron al interior del catolicismo. La Ortodoxia y el catolicismo son dos fenómenos completamente distintos, la tradición y la religión son categorías tan diferentes como lo son la parte y el todo. Así que es imposible asimilar la Ortodoxia al catolicismo.

– Muchos de los especialistas en los diálogos ecuménicos hacen énfasis en que entre el catolicismo y el protestantismo existen diferencias culturales y civilizacionales mínimas, mientras que existen grandes diferencias dogmáticas entre ambas religiones. Sucede todo lo contrario con el catolicismo y la Ortodoxia: ambos poseen diferencias dogmáticas muy pequeñas, pero existe una brecha cultura y civilizacional enorme.

– Werner Sombart, que desarrolló las tesis de Max Weber, dijo que las raíces del capitalismo se encontraban no solo en el protestantismo, sino también en el catolicismo. La afirmación católica del filioque terminó por hacer énfasis en la idea de la salvación individual. La idea de la salvación individual no hace parte del pensamiento cristiano, sino que es algo exclusivo del catolicismo. No existe ese concepto dentro de la Ortodoxia, pues es imposible encontrar el concepto del individuo en su doctrina. La antropología ortodoxa ni siquiera tiene la palabra individuum, individuo. El sistema social y el modelo de una civilización se construye a partir de la idea antropológica que un pueblo tiene sobre sí mismo. Sombart creía que la antropología católica había influido en el desarrollo de las relaciones socioeconómicas, ya que el catolicismo le daba mucha importancia al concepto de individualidad. La antropología ortodoxa, por el contrario, siempre hizo énfasis en la existencia de una personalidad supraindividual. El hombre es percibido como parte de un todo mucho más grande. Es por eso que nadie se salva individualmente, sino que nos salvamos a través de alguien más. En el catolicismo, el hombre es un individuum, es decir, un todo indivisible. En la Ortodoxia el hombre es un dividum, un dividuo y, por lo tanto, es alguien divisible. En el catolicismo, el hombre es una criatura finita que debe responder ante Dios, ante los demás hombres, etc. El protestantismo simplemente ha absolutizado estas ideas hasta llevarlas a sus últimas consecuencias. Por el contrario, la Ortodoxia considera que el hombre es parte de la Iglesia, parte de un organismo comunitario: una parte dentro de un todo. Entonces, ¿cómo es posible que el hombre sea un ser individual? ¿Puede una pierna o un brazo existir autónomamente? De ahí viene la idea de la necesidad de un Estado total. Por lo tanto, los rusos, por ser ortodoxos, pueden ser verdaderamente fascistas, en contraste con los fascistas italianos que son un simulacro de tales teorías, como sucede con Gentile y todos los demás hegelianos. El verdadero hegelianismo es el que creo Iván Peresvetov (8), un hombre que en el siglo XVI inventó la opríchnina (9) a petición de Iván el Terrible. Este es el verdadero fascismo ruso, pues en las obras de Peresvetov se sostiene la tesis de que el Estado lo es todo y el individuo es nada. El Estado es la salvación, el Estado es la iglesia. Basta leer los escritos de nuestro santo ortodoxo Iosif Volotsky (10) para ver que estos dos organismos son idénticos y complementarios. Y ese organismo total se mueve en dirección a la salvación y todos buscan la salvación siempre dentro del alma y el cuerpo colectivo.

– Correcto, es posible encontrar en la Ortodoxia una cierta tendencia hacia la apokatastasis (11), es decir, hacia la idea de la salvación universal…

– Eso es cierto. De todos modos, es importante entender que el individualismo no existe y que el individuo se disuelve en un todo colectivo. Es de esa manera que los rusos conciben la salvación.

– ¿La salvación de quién?

–  La salvación del arquetipo, la salvación de Adán. Los rusos no buscan su salvación, sino la salvación de Adán por medio del Estado…

– Adán Kadmon, ese es un tema muy cabalístico.

–  No, se trata de una perspectiva holístico. La Ortodoxia considera que el Adán del Antiguo Testamento es salvado por la intermediación del nuevo Adán, es decir, Cristo; además, la naturaleza se salva a través de las personas. El Estado, especialmente el Estado sacral, es igualmente un instrumento de salvación. Es por esa razón que el Zar ruso es considerado un participante activo dentro del misterio soteriológico de la salvacióon. Rusia se convirtió en el último guardián de semejante catequesis después de la caída de Bizancio, si descartamos la usurpación de esta tradición hecha por Carlomagno en el siglo VIII y IX, ya que el emperador bizantino era el legítimo gobernante de Oriente y Occidente.

– Precisamente había leído que el Cisma de Oriente y Occidente no había sucedido en 1054, cuando se produjo el Gran Cisma, ni en 1204, cuando los cruzados asolaron Constantinopla, sino en la Navidad del año 800, cuando el Papa León III le puso a Carlomagno la corona de emperador.

– Esa acción fue una usurpación a toda regla. Es por eso que cualquier Imperio occidental, ya sea bajo los Stauffenberg o bajo los Habsburgo, siempre es cuestionable, pues una ecúmene sólo puede tener un emperador. Por esa razón uno de los dos imperios es falso. Según el criterio ortodoxo, esta figura sacral que había sido ungida por la tradición, independientemente de cualquier rasgo negativo de su personalidad, no podía ser otra que el emperador bizantino y, después del derrumbe de Constantinopla, esta misión fue retomada por el Zar ruso. Es por eso que podemos decir que toda la filosofía y la cultura occidental nacieron de un rechazo y un ataque contra la tradición bizantina. Los occidentales no reconocen ni siquiera la existencia del cristianismo ortodoxo y su metafísica, la ignoran completamente.

– Es verdad que podemos decir que se ha producido, durante el último milenio, un proceso de creciente separación entre el catolicismo y la ortodoxia, pero se trató de un fenómeno bidireccional. La ortodoxia también rechazó el catolicismo.

– Sí, es cierto. Pero el problema es que sólo uno de los dos bandos tiene razón. Si el catolicismo tiene la razón, entonces Rusia y Serbia no tienen derecho a existir. Después de todo, el protestantismo es hijo del catolicismo. Claro, es bastante repugnante y cuestionable, pero, al fin y al cabo, es un hijo legítimo. Por lo tanto, si la Ortodoxia está equivocada, entonces es necesario que elijamos el protestantismo y por medio de una votación, como lo hizo la Iglesia Anglicana, sostengamos que el infierno no existe. Sin embargo, considero que la Ortodoxia esta en lo correcto y es hasta ahora la forma más perfecta de tradicionalismo, sacralidad y conservadurismo que existe. Al principio existían Oriente y Occidente. Oriente es el paraíso y la plenitud; Occidente es el exilio y la nada. El imperio oriental es legítimo, mientras que el imperio occidental es el reino de la apostasía. No se trata solamente de dos arquetipos, hoy en día existe una gran lucha entre Bizancio y Roma, Rusia y Occidente, el eurasianismo y el atlantismo, el socialismo y el capitalismo, la barbarie y la civilización. Nosotros los rusos no somos una civilización sino una cultura. Los rusos, los serbios, los tártaros, etc., somos los bárbaros y la barbarie representa la vida, la realidad sacral y la tradición. Vivimos en chozas, tocamos tambores, bebemos vodka; es por eso que nos atacan Daniel Bell, el postmodernismo, la sociedad de la información post-protestante y el Nuevo Orden Mundial. En este gran choque entre la civilización atlántica y la cultura euroasiática, todo lo que este en medio – Polonia, Ucrania, Europa Central e incluso Alemania – deberá desaparecer o ser absorbido.

– Samuel Huntington escribe en su libro El Choque de Civilizaciones que los Estados híbridos, donde conviven dos civilizaciones, no podrán sobrevivir y eso lo estamos viendo hoy; así que países como Bosnia, Ucrania, Turquía o México tendrán que elegir. Sin embargo, Huntington no aplica esta observación a Polonia y Alemania.

– Huntington tiene razón, es inevitable que se produzca un choque de civilizaciones. Los países que se encuentran las fronteras de estas civilizaciones desaparecerán. Ya hemos hablado de Polonia. Pero, ¿qué pasará con Alemania? ¿Qué haremos con Alemania? Es un país ocupado. Alemania perdió su libertad después de la guerra. Si hubieran luchado de nuestro lado contra Inglaterra, si hubieran respetado el Pacto Molotov-Ribbentrop y hubieran atacado a Occidente, entonces Hitler y Stalin hubieran gobernado sobre todos los demás. En todo el mundo se hablaría ruso y alemán en lugar del inglés. Los alemanes rechazaron esta opción y perdieron. Es por eso que hoy viven bajo la ocupación estadounidense y esta ocupación es tan “despiadada” que ni siquiera se les permite abrir la boca. Sin embargo, tengo la esperanza de que Alemania llegará a sacudirse este yugo de encima algún día y volverá a ser independiente. Creo que en la ecúmene euroasiática existe suficiente espacio para los alemanes, los polacos, los franceses y los italianos. Los rusos vamos a imponer en toda Eurasia una realidad bárbara y una vida sacral sobre todos los pueblos, pero el cómo se manifestará tal realidad depende por completo de la predisposición de cada nación particular hacia la sacralidad. Por ejemplo, creo que los polacos son los defensores de la raza eslava, ya que el mundo eslavo siempre se aleja del individualismo y lucha por la creación de una comunidad.

– Defiendes mucho la comunidad y la colectividad, pero en realidad eres muy individualista.

– No entiendo esa afirmación. ¿Por qué piensas eso?

– Bueno, solo hay que mirar a todos aquí en la sede del Partido Nacional-Bolchevique y queda claro que todos usan uniformes negros o tienen expresiones faciales similares, mientras que tú eres completamente diferente.

– No, soy uno de ellos. No pienso por mí mismo, sino que pienso por los demás. Pienso por los demás y no por mí mismo. Debemos diferenciar entre dos conceptos: la personalidad y el individualismo. El individualismo es todo lo contrario al comunitarismo, porque el hombre como individuo termina por convertirse en el centro del mundo y en el elemento por excelencia que determina nuestra visión de las cosas. Es por eso que el individualismo ataca toda forma de comunitarismo y holismo; los individuos no pueden hacer otra cosa que llegar a acuerdos racionales, lógicos y relativos entre ellos. Entonces, ¿cuál es nuestra propuesta? Nuestro ataque no va dirigido en contra de la personalidad, sino que la concebimos de forma supraindividual. Se trata de una idea nietzscheana. El hombre es un fenómeno dinámico que todo el tiempo está sobrepasándose. Tal superación implica que el hombre siempre esta creciendo y este crecimiento va mucho más allá de los límites de nuestra individualidad. Desde un punto de vista vertical, podemos decir que el hombre formar parte de una comunidad o un organismo. Pero en nuestra dimensión horizontal… es necesario que alguien piense. No todos podemos pensar, pero podemos actuar juntos. Por lo tanto, podemos decir que de la mezcla de todas estas cabezas que conforman un organismo colectivo siempre surgirá un solo cerebro, el más iluminado de todos, que no es la suma de todos los cerebros individuales que existen en una organización. Es por eso que siempre existe una cierta jerarquía gnoseológica, porque el comunitarismo como unidad material, es decir, como unidad horizontal entre muchos cuerpos, siempre tiende a la jerarquización. Muchos de los que luchan contra el individualismo son defensores de la personalidad. Podemos decir que el espíritu de una nación, de una unidad o de una comunidad se condensa y se manifiesta a través de ellos. No se trata de individuos, sino de encarnaciones separadas y discretas que pertenecen a una unidad total. Es de allí que proviene su autoridad y es de allí que surge la idea del monarca, del líder popular o el führer. Este fenómeno es observable en los zares rusos, pero también en Pugachev, Lenin y Stalin. Además, ningún individualista puede imponer el colectivismo simplemente porque quiera, en ese caso se trataría de un fraude, charlatanería o hipnosis. Es más o menos lo mismo que sucede en la química: cuando mezclamos sustancias diferentes vemos que las más ligeras, es decir, los gases, siempre se dirigen hacia lo alto. Lo mismo pasa en la sociedad humana: cuando nos ponemos a mezclar diferentes elementos humanos entre sí siempre vemos como los más sutiles, es decir, los cerebros, van hacia la cima. Es por esa razón que dependiendo de la persona la idea de comunidad se puede concentrar en el cerebro, mientras que para otras se concentra en el corazón y existen otros donde la idea se encarna en las piernas o los brazos. Sin embargo, todos son movidos por la misma idea. Es así como surge un organismo único, el Behemoth (como lo llamaba Carl Schmitt), un monstruo tártaro-escita euroasiático que esta compuesto no solo por personas, sino también por los elementos, la naturaleza, el suelo, el viento, los ríos y las montañas. Podemos decir que la cabeza de este ser son los monarcas rusos o Stalin… Stalin no es un individuo autónomo, sino una personalidad colectiva, un Hermano Mayor, una manifestación comunista de un principio eurasiático.

– Afirmas que el imperativo interno de Rusia es la expansión. Pero, ¿cuál es el objetivo de esa expansión? ¿Cuál es la idea que esta forma de ideocracia postula?

– El objetivo de la expansión rusa es la culminación de un conocimiento soteriológico total, el cual fue intuido hace siglos, en los tiempos del Metropolitano Hilarión de Kiev (12), pero ahora ya somos conscientes de que no somos una nación entre otras, sino que tenemos la misión de revelar al mundo una cierta verdad, pues deseamos llegar a un Fin de la historia muy diferente al que nos propone Occidente. Queremos un mundo sagrado y no profano. Es por eso que estamos convencidos, y apostamos nuestra vida a eso, que poseemos un principio espiritual y escatológica único. Todos los rusos sabemos esto en nuestro interior.

– ¿Cuál es la esencia de esta verdad?

– Toda nuestra milenaria historia es un intento de revelar esa verdad y encontrar la forma de expresarla. Esta verdad ha sido abandonada por Occidente; podemos decir que esta verdad tiene que ver con la salvación, la transformación del mundo, la aparición de un nuevo pleroma, quizás la revelación de una nueva cualidad del ser, la resurrección de los muertos, la transfiguración de nuestros cuerpos o la luz del sol que sale de la boca de la Gran Madre. Debido a nuestras predisposiciones étnicas y religiosas, los rusos estamos llamados a realizar este misterio. Así que toda nuestra historia, incluida la batalla del comunismo contra el capitalismo, no son más que diferentes expresiones de este sueño mesiánico.

– Sinceramente me resulta muy difícil creer que el comunismo hace parte de esta lucha por instaurar una realidad sagrada en el mundo, especialmente bajo Stalin, a quién has alabado anteriormente. El comunismo fue un movimiento profundamente anti-ortodoxo que demolió y cerró iglesias, torturó y asesinó a obispos, encarceló a muchos creyentes y los envió a Siberia, y todo ello culminó en la ateización de la sociedad…

– En primer lugar, es preciso tener en cuenta que la Ortodoxia que Stalin destruyó estaba muy occidentalizada e impregnada del espíritu occidental, por lo que se encontraba muy alejada de nuestra esencia nacional. En segundo lugar, debemos tener en cuenta que el sueño mesiánico del que he hablado puede muy fácilmente existir por fuera del marco de la Ortodoxia y desarrollarse de otras formas. En ese sentido, el comunismo fue un intento de liberar nuestro mesianismo de un caparazón puramente religioso y este intento fracasó quizás por estar muy alejado de la teología. Es por eso que considero que la próxima expansión rusa deberá recurrir a todas nuestras experiencias nacionales, tanto las formas sacrales como socialistas de construir una sociedad nueva. El socialismo no fue otra cosa que una forma secularizada del bizantinismo, una especie de bizantinismo rojo o una Ortodoxia sectaria y exaltada. Es por eso que la monarquía popular de Stalin, basada en la fe del pueblo, es decir, el comunismo, era contraria a la monarquía enajenada, señorial, noble y occidentalizada basada en la Iglesia. Claro, no soy un partidario ardiente del sistema estalinista, pero veo en este proceso una expresión de nuestra realidad histórica y un intento de crear una sociedad mesiánica. Es por eso que si digo incondicionalmente “sí” al bolchevismo, a Lenin y a Stalin, no es porque considere que su sistema fuera ideal, sino porque en su momento fue la única solución que encontramos. Por supuesto, al final este sistema tampoco consiguió funcionar, pero en nuestro próximo intento deberemos purificar tanto la Ortodoxia como el comunismo y rechazar así todos los elementos que estos dos sistemas tenían en su interior y que llevaron a la alienación de la nación. Es por eso que nuestra próxima expansión irá de la mano de un comunismo ortodoxo-euroasiático, mesiánico, paneslavista y filo-tártaro…

– Todo eso suena a una especie de proyecto postmoderno.

– Incluimos muchas cosas, pero también excluimos muchas otras. Excluimos el individualismo, el individuo, el libre mercado, una visión neutral de la realidad y la tolerancia. En cambio, incluimos todo lo que tiene que ver con los bárbaros, los fanáticos y la exaltación de la sacralidad. No es tanto una forma de postmodernismo, sino de Postmodernidad. Precisamente entramos en la Postmodernidad con el triunfo de Occidente sobre la URSS. La modernidad se acabó y el posmodernismo es la respuesta liberal de la Postmodernidad. Pero también puede existir una respuesta antiliberal y esa sería la nuestra: una especie de Postmodernidad anti-postmoderna. La razón occidental lo disecciona todo y por eso termina por esterilizar y disecar los objetos al clavarlos en un parterre para exhibirlos todo el tiempo. Por el contrario, nuestras reflexiones quieren volver a darle vida a las cosas, deleitarnos con el erotismo de nuestras ideas, exaltarnos con ella y emborracharnos con la idea de Eurasia…

–Nikita Panin (13) decía en el siglo XVIII que la historia rusa oscilaba entre los dos extremos de la muerte y el caos. Dos siglos después Yuri Lotman (14) expresó algo muy parecido cuando definió la historia rusa como una sucesión de procesos entrópicos y de reorganización. Muchos académicos de hoy consideran que Rusia se parece mucho a la República de Weimar…

–  Creo que es una comparación muy acertada.

– Occidente es muy consciente de esta situación y por esa razón no quiere humillar a los rusos, es decir, humillar su orgullo nacional, como antes lo hizo con los alemanes después de la Primera Guerra Mundial al obligarlos a pagar grandes indemnizaciones. Es por eso que Occidente desea acercarse a Rusia y la invita a unirse al G7, llegando al punto de inyectar millones de dólares en la economía rusa. Occidente quiere evitar a toda costa que se repita lo que pasó con la República de Weimar…

– Occidente siempre ha tratado a Rusia con dureza y no considero que aprendiera la lección de lo que sucedió con la República de Weimar. Mientras más nos presionen, mayor serán las reacciones. Es lo mismo que pasa con un resorte: cuanto más lo presionas, mayor será la fuerza con la que devuelva el golpe. Geográficamente, Occidente representa a Satanás y al Anticristo y por eso debe pagar por todo lo que ha hecho. Lo mejor sería repoblarlo con chinos, tártaros, musulmanes y pueblos nómadas de Eurasia. Hace poco estuve en Paris y mientras caminaba por las calles de esta ciudad, me di cuenta de que faltaba algo: lo que faltaban eran los olores, se vivía en medio de una especie de esterilidad o asepsia. El perfume es el único olor que existe en Occidente. Solamente volví a oler la tierra, el aire, las flores y los árboles cuando me encontraba en Polonia. En el momento en que volví a Rusia me sumergí en un frenesí de olores que no encontré en Europa. Considero que Occidente es una tierra muerta que únicamente volverá a estar viva cuando sea colonizada por cosacos, tayikos y kazajos. Ellos revivirán esas tierras y llevarán consigo los olores que hace tanto se perdieron en esos territorios.

– En casi todas sus ideas siempre se refiere a la tradición ortodoxa. Pero, ¿acaso la Iglesia Ortodoxa admite semejantes ideas? He hablado con muchos de los representantes de la Iglesia Ortodoxa Rusa en Moscú y ninguno de ellos te considera un creyente, y en cambio piensan que eres un hereje.

– ¿Quién dice eso?

– El diácono Andrei Kuraev, por ejemploю

– El diácono Alexander Mumrikov considera que soy ortodoxo. Es la opinión de un diácono contra la de otro. Afortunadamente no somos católicos, donde el Papa establece la doctrina y por lo tanto todo mundo debe hacerle caso. Yo también soy capaz de afirmar con seguridad que el diácono Kuraev no es un seguidor pleno de la Ortodoxia. Se puede decir que existen dos Ortodoxias: la primera está viva y llena de espíritu; la segunda se reduce a una realidad oficial, formal y únicamente personal. El diácono Kuraev es un representante de la rama formal, pro-sistema, y profana de la Ortodoxia. Escribe textos que tienen un fuerte espíritu católico. Por ejemplo, cree que el gran mérito del cristianismo fue el haber impulsado el desarrollo de las ciencias por medio de la desacralización del cosmos. Los hesicastas lo tacharían inmediatamente de hereje. Afortunadamente, la Ortodoxia no se reduce a la Iglesia Ortodoxa y en ella existen por ejemplo los Viejos Creyentes (15). Aunque hago parte del Patriarcado de Moscú, puedo decir que mi espíritu es cercano a los Viejos Creyentes. Además, estos últimos se consideran como los únicos verdaderos cristianos ortodoxos. Si alguna vez llega a producirse un verdadero renacimiento de la Ortodoxia, este no procederá de las estructuras osificadas de la Iglesia oficial, sino de las profundidades del espíritu nacional ruso y ese espíritu solo se ha conservado intacto al interior de los Viejos Creyentes.

– ¿A qué facción de los Viejos Creyentes te sientes más cercano? ¿Eres un Oruzhniki (16)?

– Esa división se refiere más bien a las jerarquías existentes dentro de la iglesia. A mí me interesa más bien la división entre los popovtsy (17) y los bezopopovtsy (18). Soy mucho más cercano a los bezopopovtsy, quienes son mucho más radicales y rechazan a los sacerdotes. Y entre estos últimos me acerco mucho a las ideas de los bespopovstvo, que creen que el reino del Anticristo ya ha sido implantado en la tierra y este sería el Occidente católico y protestante.

– Veo que tienes un sistema de pensamiento muy completo. Pero, ¿qué posibilidad existe de que tales ideas tengan algún eco en la sociedad? Observándote de cerca, uno diría que eres un idealista enloquecido que está sentado en su sótano y murmura algo en voz baja, pero las fantasías de este idealista no tienen ningún impacto sobre la gente de a pie. Es simplemente otro hombre frustrado y ya existen muchos como esos en el mundo…

– Intentaré responder a esta observación en tres partes. Lo primero sería decir que importa poco ser considerado un idealista sentado en un sótano cuyas ideas no tienen ningún impacto en la realidad, porque todas las grandes ideas fueron formuladas por idealistas que se sentaban en sótanos y no hacían otra cosa que pensar. Las ideas tienen un destino muy específico. El hombre que se ocupa de las ideas se encuentra sumergido en una atmósfera teúrgica donde lo invisible y lo inaudible se vuelven visibles y audibles por medio de los textos o discursos. Y aunque yo fuera completamente desconocido el día de mi muerte y no hubiera escrito nada, lo importante es que he sido capaz de comprender la forma en que la historia se mueve y las ideas que representa la civilización en la que vivo.

En segundo lugar, puedo afirmar que soy un miembro muy activo del Partido Nacional-Bolchevique. No es un partido muy conocido, pero tiene una orientación bastante clara: queremos influir en la juventud, sobre todo en los estudiantes, ya que esta generación de jóvenes será la futura élite. Por lo que somos el único partido que quiere que los jóvenes piensen, queremos enseñarles a pensar y vivir. Nuestro objetivo es adoctrinar a las generaciones futuras. Nadie más hace eso en Rusia: ni los liberales ni los comunistas…

– Para eso existe la televisión.

– Sí, es verdad. Pero a los únicos que capta son a personas de mediana edad y que son completamente pasivas. Por el contrario, nosotros queremos formar a los pasionarios de los que hablaba Gumilyov (20), es decir, esas personas que están por encima del promedio y que Pareto llamaba la contra-élite del futuro. Otros partidos nacionalistas, como los barkaszowcy, no se dedican a esta tarea y simplemente crean unidades defensivas. Sus organizaciones y militantes no conforman una élite de ningún tipo. Por nuestra parte queremos formar a quienes determinarán el futuro de Rusia y es por eso que deseamos prepararlos conceptualmente organizando seminarios o publicando revistas y libros. Somos un partido puramente intelectual: las protestas y manifestaciones no son otra cosa que tareas extras, ya que nuestro objetivo es formar intelectualmente a las generaciones más jóvenes. En estos momentos existen cientos de personas que han sido formadas por nosotros en todo el país.

Por último, quisiera decir que mis ideas no solo se limitan a este partido, pues desde 1987 he participado muy activamente en la ideologización de todo el campo patriótico. Los dos partidos más grandes de la Duma – los comunistas de Zyuganov y los nacionalistas de Zhirinovsky – citan las ideas filosóficas y geopolíticas que he expuesto en mis textos. Existen incluso políticos que ni siquiera conozco personalmente que también citan mis ideas, como sucede con el general Liebidzh.

– Quizás se deba a que Heydar Dzhemal fue asesor de Liebidzh. Dzhemal publicó en 1991 su libro Orientación: Norte.

–Dzhemal y yo nos hemos separada debido a que su tradicionalismo y eurasianismo es musulmán, mientras que el mío es ruso. Pero volviendo al problema anterior, lo importante no es tanto que Ruckoi o a Khasbulatov me conozcan, sino que adopten mis ideas. Soy como Iván Peresvetov quien inventó la oprichnina a petición de Iván el Terrible. En ese sentido soy un laboratorio de pensamiento. No pienso en mí, sino en el Estado, la nación o la historia. Estoy esperando a que aparezca el próximo Iván el Terrible. Cualquier político que quiera hacer que Rusia sea un poder grande y dominante tendrá tarde o temprano que escucharme. Y eso no se debe a que sea un individuo grandioso y haya inventado algo en particular, sino debido al hecho de que existe una idea objetiva de Rusia y solo yo hablo de ella. Todos los políticos de oposición y los funcionarios más importantes de la administración Yeltsin leen mi libro Fundamentos de geopolítica. La idea del eje Moscú-Berlín-París, de la que habló recientemente Yeltsin sale directamente de mis textos. Si añadimos a Tokio, entonces podríamos hablar de la clásica geopolítica euroasiática. Además, las ideas de la revolución conservadora que nosotros exponemos tienen resonancia en varios grupos que existen en otras ex repúblicas soviéticas, como es el caso del círculo de Robert Koczarian en Armenia y que acaba de llegar al poder de la mano del conocido Partido de la Guerra: todos ellos son personas que en gran medida han sido formados gracias a nuestros escritos. Resumiendo todo lo anterior, diría que incluso sin que yo existiera, todas las cosas sobre las que escribo terminarían ocurriendo de todos modos. No puedo anticipar ni tampoco saber quién será el sujeto o quién pondrá en práctica mis ideas. Puede que estas teorías hagan que el actual gobierno ruso cambie de rumbo o quizás la oposición lleve a cabo estas transformaciones; será un proceso inevitable, aunque tarde muchos años. Es probable que yo muera, pero sin duda mis ideas geopolíticas no lo harán.

– Es muy común que comparen su círculo con la Nueva Derecha de Europa Occidental. Especialmente porque ambos sostienen que la lucha por el destino de la humanidad no tendrá lugar en el terreno político, sino en el cultural. De ahí la existencia de una especie de Kulturkampf…

– La idea de una Kulturkampf que sostiene la Nueva Derecha es simplemente maravillosa.Alain de Benoist es un activista muy heroico y un pensador brillante, pero su lucha no ha tenido ningún impacto durante los últimos treinta años. La Nueva Derecha considera que la cultura es un campo de batalla, sin embargo, ha sido precisamente allí donde la americanización ha triunfado. El gramscianismo de derechas no ha conseguido grandes logros y siempre ha sido un movimiento muy marginal. ¿A qué se debe tal cosa? Creo que el modelo conceptual de la Nueva Derecha es muy interesante, pero el temperamento de sus activistas europeos es incapaz de asumir tales ideas. La mayoría de ellos son muy civilizados, conservadores, cobardes y tibios. Es por eso que no me gusta que comparen mi actividad con la de ellos, porque considero que son unos perdedores. He hecho cosas con las que ellos ni pueden soñar en todos los años que llevó como parte de la oposición en rusa. No me he ocupado tanto de la Kulturkampf como de la formación ideológica de fuerzas políticas que tienen un peso real, por lo que no me dedique a la arqueología sino a hacer historia. El único hombre occidental cuyo pensamiento me ha sorprendido muchísimo es Jean Thiriart, quien sostuvo la idea de crear un imperio euro-soviético. Vino a Moscú antes de morir; lo recibí y le presenté a Yegor Ligachov, a Zyuganov, a Baburin…

Europa deberá elegir pronto entre el eurasianismo y el atlantismo, es decir, Rusia o los Estados Unidos. Si la Nueva Derecha Europea nos elige, entonces elegirá a los bárbaros y tendrá que adoptar nuestros métodos de acción. Debemos organizar asesinatos, realizar sabotajes, provocar incendios y volar puentes. El verdadero anti-mundialismo es la destrucción y el terror. ¿Qué es la Nueva Derecha? No son otra cosa que una secta intelectual que se ha dedicado desde hace treinta años a lo mismo: son ancianos con sobrepeso, canosos y raquíticos que organizan seminarios y se dedican a echar espuma por la boca. Por supuesto, es necesario leer libros, pero eso no es suficiente: tenemos que crear guerrillas. Si quieres luchar contra el Nuevo Orden Mundial debes coger un cuchillo, ponerte una máscara y salir de tu casa por la noche y a matar a un yanki. Es por eso que admiro mucho más a la Nueva Izquierda, las Brigadas Rojas o la Fracción del Ejército Rojo. No debemos limitarnos únicamente a la cultura, sino que tenemos que hacer una verdadera revolución. Para llevar a cabo esto necesitamos una ideología y cierta preparación intelectual, pero sin ninguna acción concreta, experiencias de primera mano o bautismos de fuego, no llegaremos a ningún lado. No estoy seguro si alguno que otro activista de la Nueva Derecha ha estado bajo el fuego de la artillería, pero nuestros miembros no sólo van a mítines o luchan en las barricadas, también participan en guerras reales como las de Transnistria y Yugoslavia. La Nueva Derecha es sólo un proyecto; en cambio, nosotros somos al mismo tiempo diseñadores y ejecutores de nuestros planes, arquitectos y constructores de nuestros proyectos. El futuro es nuestro.

– Gracias por la entrevista.

Moscú, marzo de 1998

Notas del Traductor:

1. Jan Nepomucen Potocki de Piława fue un noble, científico, historiador y novelista polaco, capitán de zapadores del Ejército Polaco, célebre por su novela El manuscrito encontrado en Zaragoza.

2. Józef Maria Hoene-Wroński fue un destacado matemático y filósofo mesianista polaco, que destacó asimismo como físico, inventor, jurista y economista.

3. WiaczesławRudólfovich Mężyński fue un político comunista ruso-polaco, dirigente del Partido Comunista de la Unión Soviética y presidente de la OGPU entre 1926 y 1934. Hablaba más de diez idiomas (incluidos coreano, chino, turco y persa).

4. Feliks Edmúndovich Dzierżyński fue un revolucionario comunista soviético de origen polaco famoso por fundar la policía secreta bolchevique, la Checa, agencia conocida por combatir a los contrarrevolucionarios durante el llamado Terror Rojo y la Guerra Civil Rusa.

5. Feliks Karol Koneczny fue un historiador, crítico teatral, bibliotecario, periodista y filósofo polaco. Es considerado como el fundador de la ciencia comparada de las civilizaciones.

6. Jan Hieronim Hempel, seudónimo “Jan Bezdomny”, “Jan Boży”, “Jan Wolski”, “Jan Wiślak”, fue un publicista polaco, traductor, filósofo y activista del movimiento obrero y teórico del cooperativismo, miembro del PPS-Izquierda, del Partido Socialista Polaco y del Partido Comunista de Polonia que fue víctima del Gran Terror propagado por la URSS (fue rehabilitado póstumamente). El sistema religioso de Hempel tiene claras huellas de la visión estereotipada del siglo XIX de la cultura de los eslavos paganos, así como de las inspiraciones anarquistas de Hempel. Según él, la diferencia entre la cosmovisión cristiana y la cosmovisión eslava precristiana con respecto al hombre consistía en que la primera percibía al hombre como infinitamente inferior a Dios, mientras que en el paganismo consideraba que el hombre podía divinizarse.

7. Una zadruga (cirílico: Задруга) se refiere a un tipo de comunidad rural históricamente común entre los Eslavos meridionales El término fue utilizado por el Partido Comunista de Yugoslavia para designar su política de colectivización después de la II Guerra Mundial. Originalmente, en general, formada por una familia o un clan de familias emparentadas, la zadruga administraba su propiedad, ganado y dinero en común, por lo general el más viejo (patriarca) y miembro era el gobernante y tomaba las decisiones para la familia, aunque a veces se delegaba este derecho, en una edad avanzada, en uno de sus hijos. Este tipo de cooperación tradicional, estilo de un pueblo es muy similar a un sistema de finales del siglo XIX ruso llamado obshchina.

8. Iván Semiónovich Peresvetov fue un escritor ruso, político, publicista, uno de los más brillantes representantes del pensamiento social y político ruso de mediados del siglo XVI. Es conocido por haber sido un pensador prolífico, especialmente famoso por sus trabajos en contra de la antigua aristocracia hereditaria (boyardos).

9. La Opríchnina (опри́чнина) fue una porción del territorio ruso controlada directamente por el zar Iván el Terrible. La palabra deriva del ruso antiguo (опричь) oprich, y significa “aparte”, “a excepción de”.

10. Iosif Volotsky fue un destacado teólogo ruso y uno de los primeros defensores de la autocracia zarista, que encabezó el partido que defendía la propiedad monástica de la tierra. El triunfo del partido de quienes defendían la posesión de la tierra fue de la mano de los esfuerzos de Joseph por reforzar la posición de los grandes príncipes de Rusia, que ahora eran cada vez más conocidos como zares, sucediendo al título de emperadores universales de Bizancio. Iosif Volotsky reformuló esas ideas de los primeros escritores eclesiásticos bizantinos Agapetus de que el zar era “un hombre en esencia, pero su poder es igual al de Dios” y que él era el delegado de Dios en la Tierra. Sin embargo, según Joseph, dado que el deber principal del zar es cuidar el bienestar de la Iglesia cristiana, es legítimo solo mientras se adhiera a las reglas y obligaciones morales de la Iglesia.

11. Apocatástasis (del griego αποκαθιστώ -pronunciado apokacistó-: poner una cosa en su puesto primitivo, restaurar), es un concepto especialmente utilizado por Orígenes, y que según él, significa que en el fin de los tiempos, todos, pecadores y no pecadores, volverán a ser uno con Dios. Esta interpretación trae aparejada una serie de dificultades doctrinales.

12. Hilarión fue obispo metropolitano de Kiev y toda la Rus, y vivió en la Rus de Kiev en el siglo XI, en el reinado de Yaroslav I el Sabio, hijo de Vladímir I de Kiev. Es recordado como el primer eslavo en alcanzar el rango de metropolitano elegido por un concilio de obispos rusos. La Iglesia Ortodoxa Rusa había estado hasta entonces sujeta a las decisiones del Patriarca de Constantinopla, y todos sus metropolitas habían sido griegos bizantinos, nombrados para la sede metropolitana del Rus de Kiev por disposición del poder de Constantinopla. Es venerado como santo por la Iglesia Ortodoxa Rusa y se lo recuerda el 21 de octubre. Es muy conocido por su Sermón sobre la ley y la gracia donde formula la idea de la Tercera Roma.

13. El conde Nikita Ivánovich Panin fue un influyente hombre de Estado ruso y mentor político de Catalina la Grande durante los primeros dieciocho años de su gobierno, así como tutor de su hijo Pablo, futuro zar Pablo I de Rusia. Defendió la Alianza del Norte y mantuvo fuertes lazos con Federico el Grande de Prusia.

14. Yuri Mijáilovich Lotman fue un lingüista y semiólogo ruso, fundador de la culturología. Es una figura central de la semiótica cultural y un reconocido teórico de la literatura e historiador de la literatura rusa.

15Los viejos creyentes o raskólniki son los cristianos ortodoxos partidarios de la vieja liturgia y cánones eclesiásticos que no aceptaron la reforma de Nikon en 1654, fecha en la que se separaron de la Iglesia ortodoxa rusa y a partir de la cual fueron cruelmente perseguidos y diezmados. Su líder principal fue el protopapa y escritor Avvakum (1620-1682).

16. Oruzhniki es una división que surgió entre los Viejos Creyentes que consideraban que era necesario volver a ordenar obispos y aquellos que no aceptaban la ordenación de ninguno. Los partidarios de los Oruzhniki consideraban que mientras existiera obispos ordenados era posible volver a restablecer la jerarquía sacerdotal.

17. Popovtsy es un nombre usado para designar a los representantes de los Viejos Creyentes que consentían el sacerdocio.

18. Bezopovtsy (sin-sacerdotes) es una de las dos facciones principales del movimiento de los Viejos Creyentes (junto a los Popovtsy) que apareció durante el siglo XVII. Una característica específica de los bezopovtsy es la creencia de que el Anticristo reina en la tierra, por lo que todos los sacramentos celebrados por cualquier denominación cristiana son invalidos. La prueba de ello sería la adopción de la reforma litúrgica por parte de la Iglesia Ortodoxa Rusa, que introduce modificaciones inaceptables en los ritos tradicionales. En consecuencia, tras la muerte de los últimos sacerdotes ordenados según el ritual anterior a la reforma, ya no quedan verdaderos sacerdotes en el mundo, y el único guía espiritual de los fieles es Jesucristo.

19. El Bespopovstvo (o impopulares) es una de las dos ramas principales de la Antigua Creencia rusa, cuyos seguidores no tienen clero. Ha surgido a finales del siglo XVII, a la muerte de los sacerdotes “antigua” ordenación, es decir, entregado en la Iglesia rusa antes de la reforma de la iglesia del patriarca Nikon (la mitad del siglo XVII), niega la necesidad de un sacerdocio para la salvación del alma. Consideran que el Anticristo ya ha llegado al mundo y eso se nota en la interrupción de la gracia sacerdotal y el cese de la jerarquía eclesiástica: se habla de un Anticristo espiritual que sería un conjunto de herejías que penetraron en la Iglesia rusa y que llevaron a la desaparición de los sacramentos eclesiásticos, administrados sólo por sacerdotes, como la comunión.

20. Lev Nikoláievich Gumilyov fue un historiador, etnólogo, antropólogo y traductor soviético del persa. Es famoso por sus teorías muy poco ortodoxas sobre la etnogénesis y la historiosofía. Fue un representante del eurasianismo.

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Entrevista a cargo de Grzegorz Górny