Estados Unidos y Gran Bretaña. Guerra, comercio y piratería

21.03.2021

Con la salida de la UE, Reino Unido pretendía y tiene pretensiones de retomar lazos con EE.UU y forjar una alianza estratégica para de alguna forma reconstruir el imperialismo anglo-americano o al menos conservar la hegemonía y el control en América y Europa, ante el avance de China y el acecho de Rusia, ya no desde el consenso y el multilateralismo sino por la fuerza y la violencia económica. Esta posición ha sido pública y abiertamente difundida por parte del gobierno y el Ministerio de asuntos exteriores britanico como así desde EE.UU y la nueva gestión de Joe Biden. 

Hace apenas unos meses el Primer Ministro de Gran Bretaña anunciaba la mayor inversión en Defensa de los últimos treinta años, la más grande desde la "Guerra fría", US$ 21.900 millones, allí declaraba que "el Reino Unido debe ser fiel a su historia y apoyar a sus aliados" mensaje directo a EE. UU. de hecho Boris Johnson fue de los primeros mandatarios en felicitar a Joe Biden tras las fraudulentas elecciones: "Estados Unidos es nuestro aliado más importante y espero que trabajemos estrechamente en nuestras prioridades compartidas, desde el cambio climático hasta el comercio y la seguridad", tuiteó Johnson. Por su parte Biden en su discurso de Asunción devolvió gentileza y llamó a recuperar alianzas históricas. Esto se concretó con un llamado telefónico a principios de año donde el británico felicitó a Biden por volver al acuerdo contra el cambio climático de París y a la Organización Mundial de la Salud, de los cuales Trump se había retirado, donde también se comenzaron a trazar lineamientos para un acuerdo de libre comercio.

Pero la irrupción del coronavirus complicó la estrategia, hasta aquí el principal beneficiado de la "Pandemia" ha sido China, que va logrando imponer su sistema de control y vigilancia por el mundo, y la crisis de las vacunas encabezada por la inglesa Astrazeneca posiciona a la Rusia de Putin con una influencia geopolítica aún mayor a la que ya tenía, desestabilizando la bipolaridad Estados Unidos-China, con avances de desarrollo científico-tecnológico, teniendo control de recursos, esto es abasteciendo de gas a Europa, y poderío militar, por su capacidad en misiles balísticos. Otro punto clave es la diplomacia y el manejo de la opinión pública global por parte del Kremlin pese a tener los medios hegemónicos de occidente en su contra. La geopolítica del coronavirus desestabilizó el poderío absoluto de Estados Unidos y arruinó en gran medida las pretensiones británicas.

Esta situación ha alterado los ánimos tanto de Gran Bretaña como de Estados Unidos que comienzan a verse vulnerables y deslegitimados sus "liderazgos" por la crisis del coronavirus. Se produce el declive de las potencias del mar.

Quien mejor ha descrito, sin saberlo, en que se funda el atlantismo, el poder del mar, o como dice Peter Sloterdijk hizo una "teoría de la globalización", ha sido Goethe en Fausto:

"Guerra, comercio y piratería. Tres en uno son ellos, inseparables".

En esa frase se resume la política exterior británica y allí se comprenden las últimas declaraciones de Boris Johnson contra Argentina y las de Biden contra Rusia. 

Ya no cuentan con el beneplácito ni el consenso para "estabilizar" el mundo a su antojo y beneficio, entonces aparece la amenaza y la coacción, algo que nunca abandonaron. Es la desesperación por volver a un mundo unipolar liberal que ya no existe. "Si no hay piratería ni comercio que haya guerra" pareciera ser el lema del globalismo. Y sus discípulos acatan la orden, Boris Johnson no dudó en amenazar a la Argentina y de forma indirecta a España en sus reclamos por Gibraltar, según el informe filtrado por "The Telegraph", al decir que usará la fuerza para defender las islas Malvinas, es decir, utilizar las Fuerzas Armadas para “garantizar la seguridad de los 14 territorios de ultramar”. Territorios usurpados. Y agrega "disuadirá y desafiarán las incursiones en las Aguas Territoriales de Gibraltar Británico" y "mantendrán una presencia permanente en las Islas Malvinas, la Isla Ascensión y el Territorio Británico del Océano Índico".

Casi al mismo tiempo salió con declaraciones mediáticas Joe Biden a calificar de "asesino" a Vladimir Putin y con amenazas de "pagar un precio" por una supuesta injerencia en las elecciones, las mismas en las que por Biden votaban más muertos que vivos, en Estados con más votos que electores y en donde la revista "TIME" sacó a la luz y puso de manifiesto la alianza entre el sector financiero, las Big Tech de Silicon Valley y el Partido Demócrata para modificar la ingeniería electoral en favor de los demócratas a través del voto por correo con importantes aportes, una variedad de fundaciones contribuyeron con decenas de millones en fondos para la administración de elecciones. Tal es el caso de la Iniciativa Chan Zuckerberg que aportó 300 millones de dólares. 

Primero Boris Johnson, luego Joe Biden. En tándem con declaraciones de repercusión y con intencionalidad manifiesta. Uno contra quien supo resistir y enfrentar en su momento al imperialismo anglo-americano, la Argentina de Perón. El otro contra quien hoy expresa la resistencia al globalismo progresista y la destrucción de los valores. La distinción amigo-enemigo siempre es la clave en política, ellos lo tienen bien definido. Todo aquel que haya osado defender su soberanía e iniciado una resistencia a la hegemonía anglo-americana es el enemigo. Por más que ahora el imperialismo económico se presente como igualitarista, con retórica de izquierda o lenguaje inclusivo y con banderas arcoíris en una mano, en la otra siempre lleva el garrote.