Hablando el lenguaje del tradicionalismo pagano: Una conversación con Askr Svarte (Evgeny Nechkasov)

11.01.2021

Traduccion de Juan Gabriel Caro Rivera

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Jafe Arnold: ¡Saludos a ti, Askr Svarte! No solo es un placer, sino que también es un acontecimiento fatídico el poder discutir contigo sobre algunas de las más profundas preguntas que me han surgido al leer y traducir tus obras acerca del paganismo, además de asistir a tus conferencias y conversar con diversos de tus amigos intelectuales. 

Durante más de una década, has sido un pensador pagano y un practicante coherente no solo "con respecto al suelo", es decir, siguiendo las tradiciones eslavas y germánicas, sino también "con respecto al cielo", buscando acercar, contemplar y correlacionar las diversas tradiciones paganas entre sí mediante una especie de "meta-hermenéutica". En el primer libro de tu obra, que consta de dos volúmenes, Polemos: Pagan Traditionalism (1), que he tenido el honor de traducir y publicar, identificas esta hermenéutica como una escuela que fue iniciada por el pensamiento tradicionalista de René Guénon y Julius Evola. Es precisamente en esta intersección entre el tradicionalismo y el paganismo donde me gustaría empezar primero y conversar contigo. 

Uno de los conceptos centrales, y quizás el más importante, de esta escuela de pensamiento es el de la “Tradición Primordial”, la “Tradición Perenne” o, para tener en cuenta las críticas y los refinamientos que han hecho a esta idea algunos de los autores tradicionalistas más recientes, simplemente llamémosla como "Tradición". 

Mi primera pregunta, que ciertamente es muy extensa, es la siguiente: ¿Qué es y dónde se encuentra el paganismo al interior de esta Tradición? ¿Qué significa el paganismo para el tradicionalismo?
Askr Svarte: ¡Hola, Jafe! También me gustaría aprovechar esta ocasión para expresar mi agradecimiento por tu excelente trabajo al traducir el libro de Polemos y por tu colaboración en nuestro almanaque WARHA(2). 

Hablar acerca de la Tradición Primordial es un asunto que puede ser muy extenso. Por lo tanto, voy a formular mi posición brevemente del siguiente modo: la tradición es igual al paganismo. Estas palabras son sinónimos que hacen referencia a lo mismo. Sin embargo, llevando esta idea aún más lejos, necesito hacer toda una serie de aclaraciones y definiciones importantes para que de esta manera este argumento tenga un cierto peso y posea algún fundamento. 

En primer lugar, si nos fijamos en las obras, en las escuelas metafísicas, las tradiciones y el lenguaje usado por René Guénon, Julius Evola, Frithjof Schuon, Ananda Coomaraswamy y muchos otros, cuando ellos nos hablan de los restos que se han convertido en los ideales normativos o los vestigios de la Tradición Primordial, entonces casi 100 % de ellos hacen parte de la herencia y el legado del paganismo, como lo son el Vedanta, el Tantra y el Hinduismo en un sentido amplio, el arte no abrahámico de Oriente y de Asia, de Grecia y de la Roma precristianas, de los pueblos germánicos y celtas, y varios otros pueblos arcaicos. Incluso si tuviéramos una perspectiva estrictamente cronológica, descubriríamos que las raíces de la Tradición Primordial (la “ur-religión”) deben ser remontadas a una época anterior a la de cualquier forma de religión abrahámica en varios miles de años. 

Además, si observamos las corrientes cristianas e islámicas y las escuelas teológicas y filosóficas a las que apelaron Guénon, Evola y muchos otros, nos damos cuenta de que todas ellas están en el límite o incluso están más allá de las fronteras de la ortodoxia y el dogma, como sucede con el misticismo cristiano, el sufismo, las escuelas neoplatónicas y la tariqa, que tomaron prestada casi toda su estructura de la llamada “sabiduría helénica”, es decir, del antiguo neoplatonismo pagano, o de la cultura preislámica iraní o de los pueblos turcos. También vale la pena recordar que el tradicionalismo y el misticismo de René Guénon ni siquiera se acercaron a las "corrientes principales" al interior del Islam y él mismo siguió siendo un europeo excéntrico a los ojos de los egipcios y de los árabes. Lo mismo ocurre con otras tariqa y sociedades sufíes tradicionalistas, que son predominantemente europeas. El sufismo en general existe en la frontera entre la herejía y el shirk (politeísmo) según los estándares del Islam. En el segundo volumen de mi libro Polemos, trato de demostrar el modo en que el paganismo continuó viviendo y fue transformándose al interior del Islam, precisamente tomando la forma del neoplatonismo y del misticismo de los sufíes, tanto en sus expresiones como en diversos hechos específicos. En el exterior, se trata del Islam; pero en el interior, se trata de algo completamente diferente.

Los mismo resulta valido para el cristianismo: esta realidad la conocemos mucho mejor, ya que estamos mucho más familiarizados con el contexto europeo y ruso. Alexander Dugin escribió abiertamente, en una de sus primeras obras, que "desde el punto de vista del cristianismo ortodoxo, el tradicionalismo es una forma de herejía". Esto es cierto, debido a que para el tradicionalismo Cristo es una parte o uno de los rostros de la verdad, mientras que para un cristiano consecuente es la plenitud total de la verdad. También es necesario mencionar la existencia de numerosos restos y síntesis que se han producido entorno al cristianismo y al neoplatonismo (como sucede con la mística renana) o al interior de las culturas populares (el folklore, la “doble fe”). Esto es especialmente notable en el romanticismo o incluso antes en la cultura de las ordenes de caballería, que hubieran sido inconcebibles y resultan inseparables del aporte que les fue dado por el pagano germánico de las Männerbunde

Por lo tanto, si miramos atentamente cuáles son las tradiciones y las culturas sobre las que “se basa” el Tradicionalismo y cuáles son las culturas a las que hace referencia a lo largo de toda su historia, entonces, en la abrumadora mayoría de los casos, se trata de tradiciones no abrahámicas o lecturas místicas del cristianismo y el Islam muy específicas y poco ortodoxas. Son muy conocidas las actitudes escépticas de Guénon y Evola hacia el catolicismo y el cristianismo, por lo que no es necesario especular al respecto. 

El tradicionalismo, por lo tanto, no es una corriente que simplemente se "cruza" con el paganismo ni tampoco está simplemente "cerca" de él. El tradicionalismo es en realidad paganismo.

En segundo lugar, lamentablemente, en los idiomas europeos, el término "paganismo" hace referencia a ideas muy incompletas y tiene muchas connotaciones falsas. La palabra rusa "iazychestvo" es mucho más rica en ese sentido que las palabras inglesas como "pagan" y "heathen" o incluso el alemán "heidnische". En ruso, esta palabra se asocia semántica y etimológicamente a "iazyk" ("idioma", "lengua", "sprache"), tradición (en el sentido de religión étnica) y pueblo o folklor (del antiguo eslavo "iazyk" = etnos). Así que esta palabra se relaciona con algunas de las categorías más importantes de la metafísica (la lengua y la religión) y con pueblos específicos junto con sus culturas sagradas. No existe esa misma semántica en las lenguas europeas, en las que, hasta el día de hoy, gobierna la dicotomía entre "paganus" versus "urbanus", que se refieren a la lucha entre los "restos de las supersticiones rurales" versus la "iglesia ilustrada urbana". Es una expresión surgida directamente de las cruzadas cristianas y, al mismo tiempo, es la raíz del progresismo, de la Modernidad y de un juicio moral que enfrenta a la ciudad (la proto-burguesía) vs. los pueblos inferiores, o también entre el “nuevo y progresista cristianismo” vs. "las ensoñaciones de los no letrados". Si somos tradicionalistas consistentes, entonces debemos primero descartar semejantes categorías.

Debemos rehabilitar el término "paganismo" y, lo que es más importante, regresar a su contenido ontológico verdadero. El "paganismo" no está centrado y agotado en las "supersticiones" o en la "adoración de los ídolos". Siempre insisto en que el paganismo es una ontología y una episteme especial, plenamente autosuficiente, que describe e interpreta todo. En eso estoy completamente de acuerdo con Alain de Benoist, quien postula esta misma idea, a su manera, en cada una de sus obras. 

La esencia del paganismo es la doctrina de la manifestación ("manifestacionismo"), el monismo místico, la no dualidad y el holismo de lo sagrado. A diferencia de la ontología dualista del creacionismo y el dogma de la creatio ex Nihilo

He dedicado muchas páginas, artículos polémicos y libros a estudiar y describir esta diferencia y a trazar los diferentes caminos por los que esta brecha ontológica, en un nivel cosmogónico, se manifiesta en la historia de la decadencia de Europa y de cómo eso mismo puso los cimientos para que se desarrollara la Modernidad. 

Finalmente, con estas definiciones y referencias que he resumido de forma extremadamente breve, puedo pasar a la cuestión de la Tradición Primordial. Ya sea Afortunada o desafortunadamente, sobre esta cuestión no comparto la idea de que alguna vez existió en lo más lejano de la antigüedad un solo pueblo con una ur-religión. Creo más bien en un pluralismo, en la idea de que la humanidad surgió en varios lugares del mundo. Además, creo que un pueblo (como el de los proto-indoeuropeos) tienen su origen en el mito y no en la arqueología, la vida cotidiana o en la reconstrucción de su lengua. Existen igualmente tantas clases de hombres y lugares que tienen un origen humano como la existencia de mitos auténticos. 

La búsqueda de un ur-pueblo, una ur-lengua y una ur-religión es el resultado del universalismo planteado por el creacionismo y la Modernidad (que comparten el deseo de reducir todo a una fuente científicamente comprobable), y que se ve reflejado en cierta manera en el misticismo y en el tradicionalismo. Debemos trazar unos límites necesarios a nuestras referencias a la paleo-lingüística, la arqueología y la etno-sociología. Los propios lingüistas reconocen que cuanto más se sumergen en la oscuridad de los tiempos, mayor es la cantidad de hipótesis que son puras conjeturas, como sucede, por ejemplo, con la lengua proto-indoeuropea. En otras palabras, no deberíamos intentar utilizar operativa y ritualmente tales reconstrucciones, especialmente porque son relevantes sólo para los pueblos de la familia indoeuropea.

Al definir la Tradición Primordial, me adhiero a la metáfora lingüística que expresa que la Tradición es la gramática que habla y expresa lo sagrado. Si recurrimos a la etimología tanto de la palabra Mithos como de la palabra Logos, encontramos que ambas significan "palabra", "narración", "historia" o "discurso". La tradición nos explica la forma correcta en que se da esta narrativa sagrada, al igual que su gramática y su poesía. Todos los textos antiguos se expresaban de una forma u otra a través de la poesía y el canto. El contenido de estas narrativas puede diferir, porque lo sagrado es, en su esencia, ambivalente. Lo sagrado abarca no solo los símbolos, estructuras y aspectos apolíneos y luminosos, que son buenos, que afirman la vida y el ser, sino también lo oscuro, lo aterrador y los temas relacionados con la negación y la muerte. Walter Otto y Georges Bataille, por ejemplo, asociaron lo sagrado directamente con la experiencia del horror y la violencia del sacrificio.

Esto confirma directamente la disposición hacia la pluralidad en la misma Tradición, como un efecto del mundo fenoménico sublunar que es intrínsecamente pagano. Todas las tradiciones de los pueblos del mundo tienen tantas diferencias (algunas de ellas radicales) como elementos comunes. La más común - lo Uno, lo holístico - se expresa en los niveles más altos de la teología, la metafísica y el misticismo: se trata de la Tradición Primordial como la fuente gramatical y apofática que se encuentra más allá del lenguaje como tal.

En otras palabras, no tiene sentido buscar y escavar en búsqueda de un ur-pueblo y una ur-religión en las profundidades de las estepas de Turan o bajo el hielo de los pueblos del norte, es decir, entre el mundo de las cosas existente. La patria de la Tradición Primordial está en los Cielos y es de carácter apofático.

Jafe Arnold: Es difícil imaginar una respuesta más rica, más vanguardista y completa a la primera pregunta, por la cual yo y, seguramente, nuestros futuros lectores te agradeceremos mucho. De hecho, has llegado abordar muchos de los temas que me gustaría profundizar contigo a lo largo de nuestro diálogo. Dicho esto, antes de pasar de lo general a lo particular, creo que no podemos evitar detenernos un poco más en la idea de la Tradición Primordial con respecto a la pluralidad de diferentes formas tradicionales que, como usted dice, es intrínseca al paganismo y que contrasta con el universalismo de las tradiciones abrahámicas.

Según dices, es como si tuviéramos ante nosotros la siguiente imagen: la "gramática metafísica" de la Tradición Primordial encuentra necesariamente una refracción diferente en las distintas culturas, de las cuales tenemos las virtualmente innumerables y diversas tradiciones que existen al interior de toda polémica histórica o que son abarcadas por esta estructura categórica conocida como "paganismo". Para seguir usando la metáfora lingüística que usted ha introducido, se trataría de encontrar una especie de "proto-" o "meta-" lenguaje o familia lingüística con diferentes ramificaciones en muchas lenguas, o una lengua con diferentes dialectos o acentos. La Tradición Primordial contiene la plenitud abierta de todas las formas e hilos que se pueden trazar, mientras que las diferentes tradiciones formulan, dan forma o acentúan esta diversidad a su manera. El “paganismo”, entonces, como categoría amplia, es el paradigma de estas diferentes tradiciones hasta la llegada de la “grieta” producida por el monoteísmo. 

Sobre esta "plenitud", sin embargo, algunos tradicionalistas que han abordado el paganismo abierta y explícitamente (pero quizás nunca de manera exhaustiva) "como un todo" se han dado cuenta de que existe una especie de dualismo extremo al interior de las formas tradicionales. Para Evola y los tradicionalistas serbios como Dragoš Kalajić y Boris Nad, esta dualidad adquiere la forma de una brecha inmensa entre lo "uránico" y lo "ctónico". Incluso se podría tener la impresión de que en la concepción de Evola, que finalmente adoptó formas marcadamente raciales, sólo lo "uránico" pertenece verdaderamente a la Tradición Primordial (que necesariamente plantea cuestiones de cronología y morfología civilizatoria), mientras que lo "ctónico" se posiciona como una especie de “anti-tradición” que es igualmente antigua y quizás sea inextricable a la existencia terrestre. De hecho, muchas de las herencias mitológicas del mundo, especialmente las de origen indoeuropeo, conciben un drama cósmico que tiene un comienzo, un desarrollo y un final que es el producto del contacto y el conflicto entre estas dos Logoi, si tomamos prestada la terminología de Alexander Dugin, entre el Logos de Apolo contra el Logos de Cibeles. En tu libro Polemos, adoptas esta línea e interpretas la Modernidad como una revancha fundamentalmente ctónico-titánico contra nosotros. 

¿Exactamente en qué lugar podemos trazar esta línea? ¿Acaso lo ctónico está presente de forma integral y es tan significativo para la Tradición Primordial y las tradiciones paganas como lo es lo uránico? ¿Qué significa para usted y los últimos autores tradicionalistas esta distinción entre tradiciones “cualitativamente” opuestas al interior del lenguaje de la Tradición? 

Askr Svarte: Tienes mucha razón al señalar estos problemas fundamentales.

Por ejemplo, lo que Julius Evola planteó en el caso de los aspectos de lo "uránico" y lo “ctónico” es un eco y una paráfrasis del concepto de la "contra-iniciación" expuesto por René Guénon. Evola fue el primero en intentar ir más allá y repensar ese mismo concepto. La idea de la contra-iniciación podría considerarse como un rastro o un efecto obvio del dualismo abrahámico y, de hecho, como una figura que encarna una "completa maldad", que no es sino otro nombre para el Anticristo. O, desde otro punto de vista, las raíces de esta idea son un eco del modernismo que se encuentra al interior de las mismas obras de Guénon, que se inclinaba a pensar no mediante lo plural sino en categorías universales y en ocasiones en términos progresistas. Como dijo una vez Evgeny Golovin: "La verdad [absoluta] es el pecado original del monoteísmo". Alexander Dugin continuó la deconstrucción de este mismo concepto en una de sus primeras obras: Los camino de lo absoluto. Dugin insiste en que la pluralidad de las formas y las experiencias de lo sagrado son lo que da voz a las cosas, que de otro modo resultarían ser demasiado simples: lo que para una sociedad puede ser sagrado e iniciático, para otra puede ser estrictamente un tabú. Por tanto, en principio, no se puede hablar de una fórmula universal de contra-iniciación. La formulación más cercana para mí a este problema sería el siguiente: la contra-iniciación es cualquier cosa (fenómeno o estado) que obstaculice el avance de nuestro propio camino a la autorrealización espiritual y divina. 

Existe una pluralidad de formas de iniciación y muchos misterios al interior del mundo de la Tradición y de las sociedades arcaicas. Así que no podemos extender este principio a las sociedades creadas por la Modernidad, a los ideales de la Ilustración, etc., es decir, a ese paradigma de conocimiento que se construye sobre el rechazo total de todas y cada una de las formas de lo sagrado, ya sea en su forma uránica, dionisíaca o ctónico. Esta es la línea donde termina la pluralidad y comienza el polemos en su expresión más radical.

Volvamos a lo sagrado. Los antropólogos y sociólogos franceses han explorado detalladamente la estructura dualista de lo “profano” y lo “sagrado” tanto en las sociedades arcaicas antiguas como en las sociedades más complejas. El enfoque no dualista del que nos habla lo ambivalente de lo sagrado, de ese todo que abraza dos polos que se extienden desde la "concentración de la presencia divina" hasta la "prohibición absoluta". Ambos polos son marcas y manifestaciones de lo sagrado en una u otra sociedad. Tal comprensión de lo sagrado puede llamarse dionisíaca si tanto lo más puro como lo más sucio se funden en la coincidentia oppositorum. Por supuesto, la comprensión de Evola de lo sagrado sería mucho más apolínea.

Usando nuestra metáfora lingüística, estaríamos hablando una vez más de la posibilidad fundamental de usar expresiones que difieren en su significado, pero que son exactamente idénticas. Podemos ofrecer alabanzas a una Deidad más pura y hermosa, o podemos cantar canciones obscenas asociadas con la fertilidad y el Eros. Podemos observar un ayuno que nos purifique antes de entrar en los misterios, o podemos bañarnos en la sangre de los animales sacrificados. Se trata de lo mismo.

Los problemas comienzan cuando la estructura, la gramática y el léxico de la Tradición (con una "T" mayúscula, como paradigma) comienza a romperse y perder su significado. Como sucede, por ejemplo, con la esquizofasia, que es cuando un discurso se construye gramaticalmente de forma correcta, pero no tiene ningún contenido semántico y no se puede descifrar. O el habla de una persona que se encuentra gravemente enferma debido a la demencia o al autismo y que consiste en pausas bruscas, murmullos, interjecciones y, por lo general, se descompone en la glosolalia. Aquí podemos recordar el hecho de que Martin Heidegger contrastaba el Habla o el Discurso existencial (Rede), que es pleno y contiene dentro de sí el máximo posible de un hablar auténtico, con la Charla ociosa, vacía y sin sentido (Gerede) de las masas enceguecidas.

El lenguaje de la Tradición se opone al lenguaje de la Modernidad y al lenguaje de la Posmodernidad. Si observamos este fenómeno internamente, y no desde una perspectiva superficial, entonces vemos una inversión y esquizofasia (Modernidad) o glosolalia, “lalenguaje”, y la completa desintegración de las formas y contenidos de la expresión (Postmodernidad). Reconocemos de alguna forma cierto discurso en ellos (es decir, captamos cierta similitud con nuestro propio discurso), pero resulta que es desesperadamente hostil o tonto. De hecho, esto puede llamarse un lenguaje anti-tradicional.

Se pueden organizar diferentes estrategias de guerra en relación con este lenguaje: ya sea el enfrentamiento frontal y la represión o el pasar por los polos inferiores en nuestro camino hacia lo Absoluto que está más allá del Fin de esta época. Julius Evola conceptualizó esta última estrategia durante la segunda mitad de su vida.

En cuanto a los conceptos utilizados por Dugin, una lectura cuidadosa de sus obras revela que el Logos de Apolo es tan universalista, codicioso, extremadamente dualista y destructivo de la pluralidad como lo es el Logos de Cibeles. La Modernidad y la Posmodernidad son una "creación" conjunta de ambos. La responsabilidad del declive de Europa no puede atribuirse a un solo Logoi en particular. Por esta razón, algunos puntos de la Noomajía no me resultan convincentes o me parecen poco claros. Tal polarización de la luz absoluta contra la oscuridad absoluta es demasiado exagerada.

Jafe Arnold: Siento que inevitablemente nos acercamos con esto, en nuestra discusión sobre las diferentes formas de la Tradición, así como su confrontación o desarrollo hasta llegar a la Modernidad, a una fatídica y originaria cuestión que es resultado de la relación del Mithos y el Logos, a la que has hecho referencia anteriormente. En un reciente ciclo de conferencias que has impartido, "El hombre y lo sagrado", hablas de una cierta "síntesis" entre el Logos y el Mithos como un elemento fundamental de la Sagrada Tradición. Estos dos términos, por supuesto, son bastante controvertidos, o, más bien, son las "primeras palabras" cuyo significado y trayectoria podrían estar en el centro de la historia de la filosofía y el curso del ciclo actual de nuestra conciencia. ¿Nos rebelarías tu enfoque frente a estos dos "términos" tan distintos, su significado para la herencia pagana, el surgimiento de las creencias abrahámicas (por ejemplo, /cf. Evangelio de Juan 1: 1) y lo que podrían significar hoy?

Askr Svarte: Sí, ambos términos son extremadamente importantes y cada uno de ellos está, a su manera, saturado de un enorme potencial. Pero vayamos en orden.

En mi curso de conferencias, así como en mis libros, no hablo de una "síntesis" entre el Logos y el Mithos. Más bien hablo de un círculo hermenéutico en el proceso de interpretación y de conocimiento entre estos dos polos. Un polo es el Mithos, con su estructura intrínseca y particular de pensamiento y procedimientos mentales, así como su propia cultura o "estilo" (como decía Oswald Spengler). En este polo se ubica la mitología y la mito-poética de las sociedades tradicionales, su ser-en-el-mundo particular, existencial, ontológico y su propia constitución. La forma en que pensamos (un pueblo) crea en gran medida el mundo en el que vivimos.

El segundo polo es el Logos con sus procesos mucho más racionales y “detallados”, su estructura mucho menos flexible y menos poética que, posteriormente y bajo la influencia de una serie de factores negativos adicionales, gravitaría hacia las distintas versiones del escolasticismo y el positivismo.

 En el griego antiguo, tanto el Mithos como el Logos significaban en su origen casi lo mismo: "decir", "narración", "palabra", "historia". Estaban extremadamente cerca de otra palabra que también era muy importante: poiesis y que significaba "expresar", "traer a la existencia". La divergencia entre estos dos sinónimos se correlaciona con la diferencia entre la transmisión oral de la tradición (mitología) por medio de la poesía y el canto, que era propia de los indoeuropeos, y la preservación escrita de una o varias versiones "canónicas" de una tradición sagrada (Logos). Esto es análogo a la transición de la oralidad a la textualidad con la posterior revisión de la herencia de lo “legendario” en cuanto a su confiabilidad, relevancia, historicidad, etc. Fue a través de este procedimiento brutal que el Logos sometió al Mithos por medio de la cristianización y la “exposición” a otras tradiciones. De esto trata la primera línea del primer capítulo del Evangelio de Juan si lo leemos como un arreglo gnoseológico: solo existe el texto escrito y “certificado” por la historia sagrada, la “palabra” de Dios dada por los profetas. Este mayor énfasis que se hace en los escritos sagrados y en su autenticidad es una característica de las sociedades semíticas. Y ello marcó el inicio de la denuncia, de la desacralización, de la revisión y el genocidio de la conciencia mitológica (= pagana) a favor de los dogmas de la Iglesia y, después, significo el inicio de una visión científica del mundo. 

Pero esto no es únicamente producto del pensamiento abrahámico y su influencia sobre Europa. Desafortunadamente, la ontología y la gnoseología del creacionismo encontraron una resonancia catastrófica en algunas de las proposiciones filosóficas de Sócrates, Platón y Aristóteles que, a pesar de los anatemas, los teólogos abrahámicos terminaron por arrancar por completo de la estructura integral de su pensamiento y fueron reelaboradas totalmente. La separación y el contraste del Logos y el Mithos era algo que se notaba claramente en Sócrates y Platón, aunque todavía estos dos pensadores extraían su fuerza del Mito y la Tradición. El neoplatonismo ajustó y corrigió muchas de las formas que se habían dado en este proceso, mostrando el camino de lo inteligible hacia lo Uno. Dentro de la teología cristiana, todo esto fue presentado por intermedio de espejos torcidos y deformados, por medio de juegos de lenguaje y, como diríamos hoy, usando abiertamente la “propaganda”. El “Logos” del que habló Juan no tiene nada en común con el Logos tal como lo entendemos; Juan solo usaba el mismo fonema y las mismas letras para transmitir algo que tenía un significado completamente diferente. Distinguir entre lo Uno como monismo y "el único" del monoteísmo resulta de vital importancia.

Entonces, Mithos y Logos son dos estructuras de pensamiento que, en virtud de factores históricos y la involución metafísica del tiempo, llegaron a configurarse en total oposición entre sí. El Logos racional de los Nuevos Tiempos (Modernidad) ha suprimido exitosamente la totalidad de lo sagrado a una escala global. 

Mi pensamiento se basa en presentar al Logos como un pensamiento que está inevitablemente arraigado y que es alimentado por el rico suelo del Mithos. De ahí la metodología de interpretación y la hermenéutica respectivas frente al pensamiento mitológico, que no exige un rigor lógico, la consistencia de un razonamiento lineal o la estricta equivalencia entre A = A y otras "leyes" similares. Sobre esta cuestión me solidarizo por completo con la descripción que hace Martin Heidegger de como pensar: la esencia del pensamiento está en indagar en círculos alrededor de cuestiones clave, acercándose o alejándose de ella en medio de este círculo. Cuando hacemos tales cuestionamientos en torno a uno u otro tema, tenemos el polo de la interpretación mitológica y el polo de la interpretación más clara desde la lógica. Pero nunca debemos ceder a la primacía o a la prioridad de una u otra. Entre la antropología contemporánea podríamos mencionar a Eduardo Kohn, cuyo trabajo How Forests Think es muy cercano en su estructura y temática a lo que hemos estado hablando aquí. 

 

Jafe Arnold: Sin duda, en todo lo que hemos hecho nos hemos dedicado a la "Logolización" de las cosas. Pasemos al mito. En Polemos, sostienes que el mito de la Titanomaquia resume acertadamente nuestra trayectoria que se extiende desde los últimos siglos hasta nuestros días. ¿Existe otro mito antiguo que, en tu opinión, hable de una manera aún más acertada sobre nuestra actual situación cósmica? ¿Existe algún mito que exprese de una manera aún más adecuada el espíritu necesario para llevar a cabo una nueva iniciativa con respecto a un Tradicionalismo Pagano en nuestros días?

Askr Svarte: En general, el espíritu de confrontación, de guerra por la autenticidad, es la expresión más plena de cualquier iniciativa al interior del Tradicionalismo Pagano y que apela a todos aquellos paganos que se encuentran en todos los confines de la tierra. Se podría admitir que eso está condicionado por un cierto estilo específicamente germánico y “odínico” de exacerbar semejante situación, de sembrar la discordia y de luchar para alcanzar alguna victoria incondicional. El contexto general y el mito meta-histórico de la guerra entre los dioses y los titanes (el Ragnarök es el análogo germánico de la Titanomaquia, pero que se encuentra ubicado al final del ciclo cósmico) permiten semejante generalización. Se trata, en cierto sentido, de un enfoque marcial y político del asunto. Sin duda, está inspirado en la figura intransigente del barón Julius Evola (que desarrollo estas ideas durante la primera mitad de su vida). Pero, como sabemos, más tarde Evola, como varios otros pensadores tradicionalistas y revolucionarios conservadores, llegó a la necesidad de repensar radicalmente toda su estrategia y, por así decirlo, el estado existencial del tradicionalista en un mundo sin Tradición. 

También estoy comprometido en conceptualizar este problema ahora y ello exige un cambio que nos llevaría hacia un "gran mito". Aquí necesitamos otras palabras clave para nuestro pensamiento inquisitivo, por ejemplo: la no dualidad, el monismo/lo Uno, la muerte, el don, el sacrificio, el lenguaje, la escatología, la iniciación, la Otredad/lo Otro. 

Si comparamos esto con el movimiento que se produce al interior de toda tríada Divina, entonces significa que pasamos de lo Divino que defiende y sostiene el Cosmos a la figura de la Divinidad responsable de la destrucción final y la muerte de este Cosmos.

Nombrar un mito que lo abarque todo sería difícil, ya que el tema en cuestión sería una entremezcla de tramas que se interrelacionan por medio de conexiones muy complejas y, a veces, implícitas. Por ejemplo: 

·      El mito del suicidio/auto-sacrificio ritual que Odin lleva hace de él mismo; 

·      El mito del asesinato ritual de un jefe o del primer ser como acto central de la cosmogonía; 

·      El mito del don y la destrucción de la parte maldita (del mundo de las cosas existentes); 

·      El mito de la iniciación más alta al interior de la Personalidad Divina en el tipo Advaita del monismo tántrico; 

·      Los mitos de la muerte, del sueño o de las visiones, del despertar y de la identidad del observador dentro del mundo y "fuera" de él; 

·      Y finalmente los mitos escatológicos, especialmente el Ragnarök

Desarrollar el metalenguaje filosófico y teológico del tradicionalismo sobre estos puntos significa cambiar radicalmente nuestra actitud dominante hacia el mundo y el modo en que nos ubicamos dentro de él. Esto lo podemos expresar usando la frase "optimismo escatológico".

En los círculos paganos de Rusia, Europa y Estados Unidos, veo constantemente que se ha afianzado la idea de que "en el siglo XXI el paganismo está experimentando su tan esperado renacimiento". Es un pensamiento muy ingenuo. Sí, el paganismo hoy esta viviendo su despertar después de un largo y pesado sueño, pero ese despertar no se produce debido a los vívidos rayos luminosos de un Nuevo Renacimiento, sino en medio de un crepúsculo escatológico, del olvido y de la destrucción de todo. Esto concierne a todas las tradiciones paganas de Europa y a todas aquellas que se han visto afectadas por el globalismo, la colonización y la modernización durante los últimos siglos. El paganismo de hoy es un “sujeto” que está despertando y que necesita comprender de manera rápida y concisa dónde y en qué circunstancias ha despertado y qué se debe hacer. La mayoría de los paganos prefiere permanecer en el mundo de las ilusiones, del consuelo y la fe en el progreso y el "renacimiento". La situación real es tal que el paganismo de hoy ha despertado en medio de una batalla escatológica, y debe tomar conciencia auténticamente de su propio papel en el último instante antes del fin del mundo y de todo lo existente. O, de lo contrario, el paganismo morirá y será otro cadáver en estado de descomposición al interior de la Posmodernidad, en cuyo caso resultará ser una muerte sin gloria y absurda, y entonces simplemente nos alejaremos de ese paganismo como algo vergonzoso e indigno (en cuyo caso los paganos "progresistas" incluso tendrán una buena vida, ya que su vergüenza es disfrazada bajo el reconocimiento de la democracia liberal y el “éxito” que tienen dentro del mundo del das Man); o el paganismo pasará a la historia, y esto evidentemente se aplica a grupos muy reducidos, a través del hecho escatológico que nos enfrenta al olvido del ser como el más alto misterio iniciático. Entonces será posible llegar a proferir (a expresar, a crear en este mundo) Otro Mito. Este es un tema que necesitaría de una conversación mucho más amplia y separada, aunque lo describo de maneta sutil en el segundo volumen de mi libro Polemos.

Sin embargo, considero importante que el paradigma de la “guerra de ideas” expuesto en Polemos, así como en otros artículos y libros, esté “sincronizándose” con el paradigma resultante. Ambos mitos deben pensarse de manera no dual. De este modo el Polemos se convierte en una propedéutica, en una explicación introductoria de temas clave que luego da el salto a dominios absolutamente enigmáticos.

Jafe Arnold: Muchas gracias por compartir tu tiempo, tus palabras y tus pensamientos con en Continental-Conscious, Askr Svarte. Estoy muy seguro de que existen más que suficientes ideas para reflexionar y discutir en un futuro a partir de los caminos que han sido trazados aquí.

Espero especialmente ver el lanzamiento de Polemos II: Pagan Perspectives por parte de PRAV Publishingen el 2021.  

¿Podrías compartir con los lectores algunas ideas sobre tus escritos y proyectos actuales? 

Y finalmente, ¿podría dejar a nuestros lectores algunas palabras de despedida que te parezcan apropiadas? 

Askr Svarte: ¡Muchas gracias por tus interesantes y muy importantes preguntas! 

Hemos construido nuestra conversación aquí en torno a las ideas expresadas en Polemos. Además de Polemos, que ya está disponible en inglés junto con una de mis obras más complejas: Gods in the Abyss: Essays on Heidegger, the Germanic Logos, and the Germanic Myth, el cual esta dedicado a estudiar el Logos germánico y, de forma más amplia, el destino de Europa. Este libro podría ser conocido como un paso por el mito del sacrificio, porque Odin reúne en sí mismo estos dos motivos. 

En 2020 se publicó en ruso mi libro La identidad pagana en el siglo XXI, que consta de artículos polémicos, resúmenes de mis conferencias sobre la teología pagana, de los estudios sociológicos y reseñas que he hecho. Se trata de una especie de volumen complementario en el que intenté aplicar todas estas ideas a los estudios prácticos y a la educación.

Ahora mi gran obra Tradición y choque futuro: visiones de un futuro que no es el nuestro, que cuenta con más de 400 páginas, se encuentra en su etapa final. Este libro está dedicado a una crítica filosófica, metafísica, mística, cultural, económica y política frontal contra el progreso y la civilización tecno-genética, al igual que de las ideas de los neo-reaccionarios, el arqueo-futurismo, la cuarta revolución industrial y del “reinicio global” como lo entiende Klaus Schwab. Pero las ideas presentadas en este libro son, por supuesto, más amplias y radicales que simplemente los ejemplos enumerados anteriormente. Espero comenzar muy pronto a publicar anuncios y descripciones del libro. Ya se ha publicado un número suficiente de extractos en ruso.

Próximamente en 2021 saldrán los nuevos números de nuestro almanaque sobre paganismo y tradicionalismo. Seguimos trabajando activamente con todo aquel que tenga ideas afines a las nuestras en Rusia y otros países.

En cuanto mis palabras de despedida, quisiera hacerlo usando las siguientes fórmulas:

·      El tradicionalismo es paganismo.

·      El mito es nuestra Patria.

·      Lo Divino está dentro de nosotros.

·      No existe ninguna otra Tradición a la que podamos recurrir.

Notas:

1. https://pravpublishing.com/polemos-the-dawn-of-pagan-traditionalism-by-askr-svarte/

2. http://askrsvarte.org/warha_almanac/