Irán, un nuevo partido del viento bajo la luna

02.01.2018

La primera cuestión que surge acerca de las protestas en Irán es, cuál es el cerebro organizador. Ciertamente unos disturbios nunca son espontáneos cuando las barrigas están llenas. Ahora bien, ¿está el cerebro localizado en el interior o en el exterior? Los iraníes naturalmente atribuyen estos disturbios –cuyo alcance queda por demostrarse– a una intervención externa. Esto se explica por la larga tradición de intervenciones clandestinas de los Estados Unidos en la política iraní desde el final de la segunda guerra mundial. Estas intervenciones fueron oficialmente teorizadas en una doctrina: La diplomacia transformadora, es decir, el arte de derrocar un régimen por medios no-violentos. 

Los iraníes saben que los Estados Unidos y sus aliados tienen demasiados intereses en desestabilizar al régimen iraní como para abstenerse de hacerlo. También saben que la política exterior estadounidense en oriente medio se ha quedado en nada –a causa de su incapacidad para hablar a todos– y necesita un éxito simbólico. Hay por supuesto una alternativa a esta hipótesis: Que los disturbios fueran organizados desde dentro por la juventud híper-conectada de los distritos norteños de Teherán. Sin embargo, esta juventud tiene demasiados intereses en la protección del régimen, que asegura su futuro profesional, como para alentar su desestabilización. No olvidemos tampoco que las fuerzas liberales iraníes no son el alter ego de sus primos occidentales.

Ellos desean combinar las raíces culturales y religiosas con la apertura tecnológica a la modernidad. Si se demuestra que los disturbios están efectivamente controlados de manera remota desde el extranjero, su único efecto será reconciliar el ala derecha de los CGRI (Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica) –que considera a Rohaní como un traidor– con el régimen. El efecto será por tanto el opuesto al deseado. A este respecto, el amateurismo de las redes occidentales, que retransmitieron ampliamente la imagen de una mujer con la cabeza descubierta blandiendo su velo en un palo, como un icono de los manifestantes, solo desacreditó el movimiento que –por el momento– está perfectamente dominado por el gobierno. Debería notarse que el momento del año no está adaptado al lanzamiento de un importante movimiento de protesta. En el viejo calendario persa, el mes de Diciembre-Enero se corresponde con aquel mes del Dios sin nombre.

¿Es por esta razón que los astrónomos de Persia fueron a Belén en este momento del año? Aun así, este mes ha sido renombrado como Dey, que significa el creador. Pueden recordarse los disturbios que tuvieron lugar en Teherán en enero de 1829 contra la influencia rusa, sin embargo, es más bien durante la primavera cuando los movimientos de oposición son lanzados en Irán. En consecuencia, la respuesta inteligente y altamente comedida del gobierno iraní –garantizando la gasolina barata– mientras que abre un espacio para el debate debería ayudar a desinflar las protestas engendradas por el nuevo partido del viento.