ÍTACA

20.04.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Navegamos hacia Ítaca. Vamos de una costa a otra costa, de una estrella a otra estrella. Y de vez en cuando pasamos de un país inhóspito a otro, o descubrimos reinos perdidos.

Atravesamos el caos y la anarquía hasta que ya no existe ni el arriba ni el abajo. Atravesamos la enfermedad y el eclipse. Mientras tanto, llegamos hasta donde ya no existe ni lo cercano o ni lo lejano. El engaño y el error. Atravesamos por una larga noche y por un día muy corto. Es una guerra que todavía no nos ha dado la libertad y nos entrega una paz que no es realmente la paz. Pasamos de la Edad de Oro a la Edad del Hierro, de Cristo al Anticristo. Pasamos del principio y vamos hacia el final. Algunos lo llaman progreso, avance, pero el progreso es realmente la muerte, porque morimos todos los días; hemos pasado de los albores de la Edad de Oro a un tiempo donde vivimos en medio de un eclipse completo y habitamos en lo profundo de la noche de la Edad de Hierro.

Navegamos por un desierto. Atravesamos las ruinas de las ciudades y las civilizaciones. Atravesamos por todo lo que conocemos como desánimo y miedo. Atravesamos este sueño y alcanzamos la promesa de otro comienzo. Atravesamos por la alegría y el dolor reprimido. Atravesamos la vida que nos frena y la muerte que nos libera. Atravesamos el hielo y atravesamos la noche. Avanzamos hacia el fuego de las estrellas, desde la Edad del Hierro hasta la Edad Dorada, desde el Anticristo hasta la Segunda Venida.

Nuestro lenguaje es un montón de ruinas donde se encuentra el Conocimiento, nuestras palabras son un eco vacío. Nuestros pensamientos son un vago recuerdo. Las palabras son incapaces de decir la verdad. Ellos, el pueblo de la raza del hierro, están encarcelados en la Edad del Hierro, y ya son incapaces de decir quiénes somos y hacia dónde vamos.

Somos incapaces de expresar lo indecible.