La descarga de la agresividad y las protestas sociales

25.02.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

El científico austriaco y premio Nobel, Konrad Lorenz, conocido por ser el fundador de la etología, estudió mucho el comportamiento animal y señaló que "es un error el creer en una doctrina según la cual el comportamiento de los animales y los humanos es únicamente producto de la educación y, a pesar de que existan algunos elementos innatos en ese comportamiento, no importan ya que ellos pueden ser cambiados por medio del aprendizaje. El origen de estas ideas se encuentra en la extrapolación de los principios democráticos a todas las realidades biológicas. Los principios democráticos son incompatibles con las ideas de que las personas no son desde el nacimiento completamente iguales entre sí y que no todos tienen las mismas oportunidades de convertirse en ciudadanos ideales”. Después de afirmar estas ideas, Konrad Lorenz plantea la tesis de que el comportamiento, incluidos los instintos agresivos, pueden ser en realidad una manifestación específica de la actividad misma de la vida, siendo la política parte de nuestra naturaleza (después de todo, Aristóteles afirmaba que el hombre es antes que nada un animal político). Eso quiere decir que si Konrad Lorenz tiene razón, entonces las estructuras sociales también manifiestan elementos de agresividad espontánea que se expresan por medio de los conflictos armados.

Lorenz argumenta que los casos de agresividad espontánea, que de vez en cuando ocurren al interior de los grupos humanos, son parte de "lo que se llama 'la descarga de la agresividad', o lo que podemos también llamar un 'ataque agresivo' que afecta principalmente a pequeños grupos de seres humanos cuando, en ciertas circunstancias, estos grupos están condenados únicamente a existir de forma aislada y, por lo tanto, se encuentran privados de cualquier oportunidad de luchar contra otro grupo externo que no haga parte del suyo propio. Podemos afirmar que la acumulación de la agresión es muy peligrosa ya que cuanto más se conocen los miembros de un grupo particular más se entienden y se aman entre sí. En tales situaciones, y lo puedo decir por mi propia experiencia, cualquier estímulo termina por desencadenar la agresión de esta lucha intra-específica que sufren los seres vivos debido al debilitamiento de los valores que le impiden lanzarse agresivamente contra otro. Subjetivamente, esto se expresa en el hecho de que una persona responde a los gestos más pequeños que emite su mejor amigo, cuando tose o se suena la nariz, como si se tratara de un borracho muy molesto que le hubiera abofeteado”.

Se sabe que en algunas ocasiones para poder liberar este instinto agresivo los seres vivos atacan furiosamente los objetos inanimados (ese es el origen que tienen algunos rituales como golpear a un espantapájaros con un palo o el descargar nuestra agresión en figuras o dibujos), fenómeno que los fisiólogos denominan como acción de re-direccionamiento o desplazamiento.

Sin embargo, si consideramos al sistema estatal o al orden político como una especie de sociedad cerrada, en algún momento dado y bajo las circunstancias adecuadas, se puede producir una "descarga de agresividad" que necesita ser dirigida contra algún objeto externo con tal de reorientar este impulso agresivo contra algo más. Las investigaciones que se han hecho acerca de los fenómenos fronterizos nos muestra que la expansión geopolítica está directamente relacionada con el desplazamiento de dicha agresividad. También podemos agregar a este conjunto el fenómeno del "esclavo liberado", que es cuando los oprimidos, después de haber sido liberados, al entrar en un entorno completamente nuevo, se convierten repentinamente en opresores. Las sectas protestantes actuaron de esta manera en el momento en que huyeron hacia las colonias inglesas y francesas del Nuevo Mundo con tal de encontrar en ellas la libertad que querían alcanzar en contraposición a la opresión que ejercida por las autoridades seculares y espirituales de Europa Occidental en sus Estados natales.

Por otro lado, la "descarga de agresividad" que proviene de un determinado grupo político puede estar dirigida contra el mismo sistema estatal. Recientemente, hemos sido testigos de que en Occidente muy a menudo se practica esta estrategia frente a varios Estados de Europa del Este, América Latina y Asia.

Las protestas desencadenadas en nuestra vecina Bielorrusia, la crisis a largo plazo en Ucrania y los intentos de desestabilizar el orden político de Rusia, donde el bloguero Alexei Navalny funciona como catalizador de esta agresividad, no son excepciones. En este caso, la cuestión importante sería antes que nada el cómo tratar este "impulso de agresividad". Una de las medidas preventivas es la contención, la cual se implementa a través de acciones policiales y por medio del aparato estatal de represión. Otra medida puede ser la "neutralización" de los individuos por medio de un compromiso deliberado: este método tiene como objetivo la fragmentación de un movimiento de protesta al descomponer el conjunto en una serie de partes separadas que son reintegradas al todo social. Los dos enfoques que hemos expuesto reflejan modelos muy conocidos de lo que se denomina el poder duro y el poder blando. Pero puede haber una solución que combine ambos, es decir, una forma de actividad inteligente que se base en el equilibrio y el uso de métodos duros junto con una "domesticación" de los individuos agresivos.