LA FUGA DE LOGAN

18.12.2021

Nos encontramos ante la mayor vulneración de derechos fundamentales de la historia, una vez inaugurada la posmodernidad.

Se trata de un tiempo bisagra, el fragmento de tiempo de una intersección efímera y prescindible de la cual participamos innegablemente, por desgracia. La musa Clio no nos deleitará con sus bellos cantos. Somos el insecto doméstico que se queda atrapado entre la puerta y el marco una vez que un Gulliver ebrio de indiferencia cierra la puerta del salón. Vemos que el borde de la puerta nos aplastará inevitablemente pero aún así participamos del espectáculo mientras presenciamos la masacre y el inhóspito paisaje con elocuente mansedumbre.

 

Hablo en primera persona del plural porque no hay opción, ya que el sujeto ha muerto. Todo imperio de individuación, supuesta majestuosidad “egolatra”, afirmación, autenticidad o voluntad de poder es un mero espejismo. El sujeto ha muerto y con él la autenticidad postulada por el iluminismo ilustrado; también su esperanza de emancipación. Sea bienvenida la estafa total, la performance total, la farsa condescendiente de una sociedad aletargada, letárgica e infantil.

 

La reproducción serial del pensamiento, la endogamia y nepotismo mediático han construido un pensamiento colmena aberrante y carcelario, un egregor de mansedumbre y avidez fecal (coprofagia mediática): podemos decir que este mecanismo psico-político obedece a lo que las mismas superestructuras actuales denominan como “cultura de la cancelación”. La maquinaría mediática se ha esforzado y ha desgastado su engranaje en la tarea de subyugar la heterodoxia o el pensamiento disidente mediante términos o palabras-GESTAPO. Creo que todos sabemos a que palabras me refiero. Términos que pueblan nuestra neo-lenguahigiénico- apostólico-sanitaria como “negacionista”.

 

Se ha recuperado un termino referente al holocausto armenio para controlar la disidencia desde una perspectiva sectaria, delatora, dogmática, capciosa y falaz; y todo tras un trasfondo de un conductismo soez y gregario. El policía de balcón ya tiene los pies en el suelo y se reproduce a la velocidad de cualquier parásito, como en “La invasión de los ultracuerpos”. Cualquier etiqueta o sello monumental sirve para aplastar a cualquier sujeto, es fácil de percibir y apreciar; véase como ejemplo el apelativo “socialista” en la época del macartismo y la caza de brujas o pagano durante la Inquisición dominica y su famosa garduña.

 

No solo el lenguaje participa de dicha maniobra represiva contra el sujeto moderno sino que desde los primeros confinamientos se ha procedido a implantar una ruptura cognitiva y epistemológica con la realidad circundante en pos de una virtualidad artificiosa, tecnológica y digital (semilla del futuro metaverso, La Matrix).

 

Disonancia cognitiva, conductismo ritualista, programación mediante trauma, ingeniería de masas, harina del mismo costal. El sujeto se adhiere como terminal o apéndice a la maquina para interactuar necesariamente en el entorno social de manera casi normativa como en el caso del teletrabajo o el uso del pasaporte COVID o green-pass. El prisma o las gafas que se imponen son una pantalla de plasma o un espejo negro (blackmirror); las aguas especulares del Narciso.

 

El pensamiento colmena anti-racionalista, emotivista y fanático ha dilapidado una realidad que ya era fallida sustancialmente para dar paso a una fecalidad rutinaria y una escena ostinada (o de ostinato) entre “El día de la Marmota”, "1984", "Soylent Green", "Mad Max", "Idiocracia" o "Un mundo feliz". Actualmente nos encontramos en la fase Pekinpah, estruendo, violencia, miedo, sectarismo y mucha tensión.

 

El delirio de la multitud ya se hizo patente durante los confinamientos y mediante los procesos de autoreconocimiento, ritualística, neurosis colectiva (legitimada), sincronización emocional y psicologismo conductista. Esperpentos masivos de ingeniería social aliñados con el aplauso pertinente de las ocho de la tarde. El panóptico multipolar multiplicado a la quinta esencia. Hablan de teóricos de la conspiración mientras beben del milenarismo en sus platós y tertulias televisivas predicando el fin de los tiempos cual esquizoide profetas, generando cortinas de humo con estruendos de todo tipo y especulaciones de diversa índole. Sus hombres de paja bailan al son de su maquina de humo alterna, defecando sobre el iluminismo de la Ilustración, la libertad y la emancipación de la razón (así como sobre todos los valores occidentales). Todo barnizado con una pátina satinada de cinismo e hipocresía.

 

Los suicidios crecen mientras las televisiones repiten su monserga aberrante y obsesiva. Los casos de depresión se multiplican mientras las farmacéuticas se empoderan en un territorio donde ellas manejan capitales superiores al PIB de ciertos países. El FMI chantajea con sus fondos a determinados países a cambio de restricciones para con la población (véase el caso de Bielorrusia). Las guerras psicológicas soft- power se multiplican al rededor del globo mientras el nuevo paradigma tecnológico industrial es impuesto a golpe de confinamiento y restricciones incoherentes que destruyen negocios, tejido social y empobrecen progresivamente a la clase trabajadora hasta niveles insoportables.

 

Mientras la tecnología blockchain y de encriptación por módulos se implementa al igual que la puesta en órbita de satélites, miles de pequeños negocios cierran y miles de vidas y proyectos naufragan. Todo ello bautizado con las guirnaldas y con las luces de neón del capitalismo-humanista, ese que financia una guerra y luego financia a la ONG que se hace la foto tras el velo de un vulgar emotivismo publicitario. Es el nuevo eón, el eón "Greta Zombie".

 

Por de pronto hemos visto cómo los fondos Europeos solo obedecen a un proceso de digitalización del tejido socio-tecnológico y a objetivos no prioritarios de escasa perspectiva humanística. Y eso que el nuevo paradigma no solo esta bendecido por Lynn Forester de Rothschild, Rockefeller, MasterCard o la Fundación Ford sino por el humanismo jesuítico de Bergoglio, el papa de la Agenda 2030.

 

El gran negocio del COVID es como el del cáñamo, "el gochu", el opio o la especulación bursátil; no hay limites. Es infinita su capacidad para generar capital, a la vez que son aprovechables todas sus partes y bucles de corrupción. Sacrifiquemos todo, incluso nuestras libertades en pro del capitalismo- humanista, ese tan jesuitico, tan Lynn Forester de Rothschild, tan Mastercad, tan Open Society, tan Fundación Ford, tan hijo de Belial.

 

Mientras se dilapidan los derechos y principios de primera generación y segunda generación (individuales y colectivos) el hombre masa orteguiano recita mantras de obediencia a su Dios tecnológico y se entrega al Big Pharma y a Silicon Valley sin pudor de ninguna clase. Es pisoteada la legislación y el mismo Estado Derecho a favor de la plutocracia biotecnológica. El biopoder se adueña de todo el espacio (privado-publico) en pro de una micro-física del poder foucaultiana y un estado de excepción constante (Giorgio Agamben). Se habla de bien común tal que de fútbol con total frivolidad. El hombre masa bendice al Dios-Progreso en pos de la gran colmena. Condercet debe de estar llorando en su tumba.

 

La relación de confidencialidad y confianza medico-paciente es malograda por los poderes institucionales al servicio de una plutocracia globalista internacional. Una nueva edad oscura, un kali yuga, una edad de hierro mística, un nuevo medievo, un neo-medievo inserto en la era posmoderna; un nuevo tiempo donde los Estados- Nación y sus inherentes Estados de Derecho se ven vapuleados ante el nuevo paradigma Davos-Trilateral basado en la colaboración privado publica = plutocracia medievalista ultra-tecnológica de amiguetes.

 

El programa social por puntos del Skynet Chino es ya una realidad alternativa adaptada al paradigma occidental. A diferencia del sistema chino se adapta a la realidad del sujeto occidental y su liberalismo histórico y en países como Reino Unido pronto será implantado.

 

Es relativamente humorístico ver a politicuchos de baja estofa con sus gafas de realidad 3D (al modo de Judge Dredd) totalmente absortos y alienados, promocionando el nuevo paradigma tecnológico, la cuarta revolución industrial: el Internet de las cosas (smartcities, smartphones, smartshops...etc) La veda del transhumanismo y las IAS se ha abierto inevitablemente. Cada vez será más fácil hackear un hogar, un centro comercial y con el tiempo (quizás no dentro de muy poco) a una "persona", si se le puede denominar así a este nuevo sujeto hibridado.

 

Es progresivo. El estado distópico ultratecnologico es ya una realidad palpable y los poderes fácticos e institucionales han traicionado a sus ciudadanos a cambio de carroña ponzoñosa de la que alimentarse.

 

Mientras se va multiplicando el damero de este inmenso tablero de ajedrez miserable. Los derechos individuales han sido desollados; esos adquiridos con las mitificadas revoluciones liberales. Y los derechos colectivos también han sido vulnerados; esos adquiridos con las revoluciones proletarias y con los diferentes movimientos civiles.

 

Europa ha muerto sepultada por los estandartes insípidos y tibios de la socialdemocracia y el democristianismo, es decir, la tecnocracia de masas liberticida. Esa misma que lleva el estandarte de la ignorancia y la mansedumbre. Pueblo pusilánime, pueblo idiota ¡Despierta!