La Gran Reconstrucción contra el Gran Despertar

21.02.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

¿Qué es la “Gran Reconstrucción”? Los cinco puntos propuestos por el príncipe Carlos

Durante el 2020, el fundador del foro de Davos, Klaus Schwab, y el Príncipe Carlos de Gales proclamaron el nuevo rumbo de la humanidad: lo llamaron the Greath Reseat, la “Gran Reconstrucción”. Este plan, que ha sido anunciado por el Príncipe de Gales, se compone de cinco puntos:

1. Conquistar el imaginario de la humanidad.

2. Conseguir la recuperación económica causada por el desastre de la pandemia del COVID-19, esta recuperación económica debe conducirnos hacia el “desarrollo sostenible”.

3. Crear una economía mundial que no necesite de petróleo.

4. Impulsar nuevamente la ciencia, la tecnología y la innovación con tal de que sirvan para el progreso humano.

5. Cambiar la estructura por medio de la cual se hacen las inversiones económicas. Además de que debe aumentarse la proporción que se destina de las inversiones frente a las energías verdes.

Estos cinco puntos se han convertido en la ideología que ahora defiende la élite liberal globalista. Joe Biden y su administración llegaron a la Casa Blanca siendo defensores de este programa.

Si descartamos su retórica humanista y su énfasis en la ecología (que es el caballo de combate del príncipe Carlos) este programa sin duda inaugura una nueva fase de la globalización, además de que será el plan que aplicará la élite internacional durante el gobierno de Biden. Podemos deducir, tomando en cuenta todo lo anterior, que:

1. Es necesario que la conciencia de la humanidad sea por completo subordinada a las ideas de los liberales globalistas. Esto podrá ser logrado a través del control total que ellos tienen sobre los medios de comunicación, las redes sociales, la educación, la cultura y el arte, campos donde en estos momentos se están creando nuevas leyes para impulsar la política de género o la promoción de las minorías (sexuales, étnicas, biológicas) que buscan reemplazar el ideal de belleza y armonía corporal con la fealdad. Paralelamente, se está demonizando a los Estados nacionales, mientras que, por el contrario, se exaltan de todas las formas posibles las estructuras supranacionales.

2. El “desarrollo sostenible” (que es un proyecto del Club de Roma) supone antes que nada una reducción de la población mundial (ya que se han alcanzado los límites del crecimiento). De ahí el vínculo de este proyecto con la pandemia del COVID-19, además de las advertencias que ha hecho la OMS sobre la probabilidad de que surjan nuevas pandemias.

3. La idea de alcanzar una relativa independencia frente al petróleo es antes que nada un intento de asestar un duro golpe en contra de las economías de Rusia, varios países islámicos y los países de América Latina (principalmente Venezuela) que son parte de los pilares del orden mundial multipolar. Estados Unidos utiliza las mismas tácticas que uso durante el último período de la URSS, cuando bajó artificialmente el precio del petróleo.

4. La defensa del “desarrollo tecnológico” hace referencia a una mayor digitalización de la realidad por medio de la introducción del control y la supervisión totalitaria de los ciudadanos, la transferencia de toda clase de funciones sociales a la “inteligencia artificial fuerte”, la introducción acelerada de tecnologías como la bioingeniería, la producción en masa de robots, la promoción de proyectos dirigidos a experimentar con la mutación genética y el cruce de especies (además del “cruce” entre los seres humanos con las máquinas).

5. La necesidad de continuar y acelerar el proceso de desindustrialización de la economía, trasladando las burbujas financieras que han aparecido en los últimos años a una esfera vaga y opaca que es conocida como la “producción ecológica”, donde se lleve a cabo una monetización paralela del mismo medio ambiente hasta transformarlo en capital.

Al mismo tiempo, los globalistas creen que la llegada de los demócratas a la Casa Blanca y la demonización tanto de Trump como de los conservadores que lo apoyaron crean las condiciones ideales para un nuevo impulso de la globalización y la implementación de su programa. La globalización se había comenzado a estancar en las últimas décadas y estaba apareciendo un nuevo orden multipolar alternativo (que está basado en el surgimiento de civilizaciones independientes como Rusia, China, el Islam, etc.) que poco a poco se estaba convirtiendo en una realidad irreversible. Por lo tanto, a los globalistas se les está acabando el tiempo con el que contaban: será ahora o nunca.

Es a esto a lo que llamamos la Gran Reconstrucción y esta Gran Reconstrucción ha comenzado.

Breve historia del liberalismo

Si estudiamos las principales etapas que llevaron a la aparición de la ideología liberal, seremos capaces de entender que la “Gran Reconstrucción” no es algo accidental o transitorio. La globalización es el resultado lógico de la historia mundial tal como ha sido concebida por el pensamiento liberal.

El liberalismo es una ideología que se caracteriza por liberar al individuo de todas las formas posibles de identidad colectiva.

Este proceso comenzó con la Reforma Protestante y la abolición de los estamentos medievales. Como resultado de eso surgió una sociedad burguesa en la que todos eran iguales, sin embargo, esta sociedad solo existía en la teoría y principalmente era concebida en términos de igualdad de posibilidades para todos. No obstante, para los liberales todo ello fue un gran progreso.

Fue sobre los escombros de los Imperios europeos y el poder Papal que surgieron los primeros Estados nacionales modernos; una vez más, los individuos (en la forma de los Estados nacionales) fueron liberados de toda identidad colectiva (que antes era concebida desde una perspectiva católica e imperial). Pero el progresismo liberal no se detuvo en esto.

Los filósofos como Locke y Kant defendieron el proyecto de crear una “sociedad civil” en la que los Estados-nacionales serían abolidos. En teoría, los individuos pueden prescindir del Estado. Así surgió el cosmopolitismo filosófico y las ideas que defendían la abolición de los Estados nacionales y la creación (ideal) de un Gobierno Mundial. Fue de este modo que apareció, al menos en la teoría, el globalismo.

Luego de esto, Adam Smith sentó los fundamentos del liberalismo económico, subrayando la naturaleza internacional del mercado. El desarrollo del capitalismo suponía para la teoría liberal la desaparición gradual de los Estados y, al final, la completa sustitución de la política por la economía, es decir, por el mercado.

En el siglo XIX el marxismo apareció como teoría crítica del liberalismo, la cual oponía la teoría de la lucha de clases al individualismo liberal. La idea de progreso es asumida de forma diferente por ambas partes. Pero el marxismo igualmente coincidía en la necesidad de hacer desaparecer los Estados (defensa del internacionalismo).

El siglo XX vio el nacimiento de ideologías que proponían un nacionalismo radical (fascismo) que desafiaban tanto al liberalismo como al comunismo. El nacionalismo radical proponía como sujeto a la nación (el Estado para los fascistas o la raza para los nacionalsocialistas).

La derrota del fascismo después de 1945 eliminó a esta ideología del tablero político, mientras tanto, el liberalismo y el comunismo se disputaron por quien dominaría el futuro. Este fue el significado ideológico detrás de la Guerra Fría.

El Occidente liberal finalmente triunfó en 1991. La URSS colapsó y la China comunista comenzó una serie de reformas para desarrollar su mercado.

Fue entonces cuando fue proclamado el “fin de la historia”, es decir, la victoria final del liberalismo.

Sin embargo, tras un examen más detenido de toda la situación, resultó que los liberales aún no habían abolido dos tipos de identidad colectiva: la identidad sexual (género) y la identidad humana propiamente dicha. Eso significaba que existían otros tantos obstáculos interpuestos en el camino del progreso que proponía el liberalismo. Fue debido a ese problema que las políticas que se centran en la identidad de género se volvieron muy importantes después de los años 90 del siglo XX. Estas políticas no tienen como objetivo tolerar las perversiones y promover el feminismo radical con tal de imponer la igualdad de género. El género en cuanto género debe convertirse, según el progresismo liberal, en una cuestión que tiene que ver con una elección individual, del mismo modo que lo son la religión, la profesión, la nacionalidad, etc. De lo contrario, el “progreso” simplemente terminará por ralentizarse. De ahí que en la administración Biden proliferen tantos personajes transgénero y parejas homosexuales, todo ello relacionado con la imposición de leyes que tienen que ver con la corrección política: todos esos son signos de la victoria de Biden que abandona el giro conservador que casi se había instaurado en la época de Trump.

Ahora bien, la democracia ha terminado por convertirse en el gobierno de las minorías dirigido contra las mayorías (una mayoría que es considerada como “criminal” y que en cualquier momento, bajo la influencia de sentimientos populistas, puede elegir a personajes como Trump o… Hitler). Trump intentó de forma desesperada defender una antigua comprensión de la democracia, pero fue derrotado. Trump mismo ha sido cancelado de la misma manera que otras figuras, movimientos e incluso países enteros que ahora no siguen el camino de la Gran Reconstrucción, camino que es considerado como la última etapa que llevará al triunfo histórico que aspira alcanzar el progresismo liberal.

Y la última tarea que enfrentan los liberales es la abolición de la humanidad, es decir, pasar al post-humanismo. Para liberarnos de los últimos resquicios de nuestra identidad colectiva primero debemos abolir el género y la especie. En estos momentos los liberales promueven un futuro donde se nos presentan todas las nuevas posibilidades brindadas por estos seres post-humanos: al fusionarnos con las máquinas mejoraremos enormemente la fuerza que pueda tener nuestro cuerpo, además de que aumentará nuestra memoria y nuestros sentidos se volverán más agudos; la ingeniería genética nos ayudará a eliminar las enfermedades; la memoria podrá ser almacenada en un servidor conectado a la nube; la humanidad se conectará con las máquinas y conseguirá hacerse inmortal.

La Gran Reconstrucción es precisamente el triunfo de la ideología liberal en su última etapa, que sería la globalización.

En cuanto a todos aquellos que no estén de acuerdo con tales planes, serán declarados como los “enemigos de la sociedad abierta”. Se les permitirá rendirse de forma voluntaria, pero en caso de que no lo hagan, todos los progresistas los atacaran mediante el uso de sus riquezas ilimitadas, su potencial técnico-militar y su capacidad inagotable para controlar el “imaginario de la humanidad”.

En ese sentido “La Gran Reconstrucción” es el estadio final del progreso de la humanidad tal y como lo entiende el pensamiento liberal. De ahora en adelante toda la humanidad será libre y será libre para seguir las ideas liberales.

Pero, al mismo tiempo, debemos tener en cuenta que no se es libre de rechazar las ideas liberales. Si en algún tema o declaración se registra que alguien es demasiado “iliberal” o no es “suficientemente” liberal, entonces todos los medios punitivos del sistema lo atacaran automáticamente.

El Gran Despertar

Durante el transcurso de la feroz campaña electoral que ocurrió en los Estados Unidos, los partidarios de Biden, es decir, los defensores de la “Gran Reconstrucción”, utilizaron todos los medios, incluso medios prohibidos, en contra de su oponente Donald Trump. Ni siquiera les importo usar todas las metodologías propias de las “revoluciones de colores” contra el mismo Estados Unidos, que era el país que anteriormente exportaba estas revoluciones. Esa determinación tan nefasta de querer llegar tan lejos nos dice mucho acerca de todo lo que está en juego. Los globalistas son muy conscientes de que si continúan acumulando derrotas y fracasos entonces los quinientos años de dominio del liberalismo llegaran a su fin. El mundo multipolar, que el propio Trump apoyó de forma intuitiva al criticar de frente la globalización, no le daba a los liberales ningún lugar para sus doctrinas. Por lo tanto, decidieron dejar caer sus máscaras y abandonaron por completo los “antiguos principios democráticos” con tal de llevar a Biden a la Casa Blanca independientemente de cualquier objeción, procedimiento o ley.

Los partidarios de Trump, desde su primera campaña electoral, se han dado cuenta de que están luchando contra una fuerza poderosa y psicópata dispuesta a todo. Los demócratas, que son impulsados ​​por la lógica del globalismo, están dispuestos a sacrificar las mismas instituciones y tradiciones democráticas de los Estados Unidos. Los mismos trumpistas han estado advirtiendo sobre esto desde el 2016.

Por supuesto, es muy difícil para los ciudadanos comunes el llegar a comprender en su totalidad el ominoso trasfondo de la ideología liberal, el cual nos conduce de forma consistente y consciente a la destrucción de la humanidad o a su supuesta “superación”. Resulta muy complicado llegar a estas conclusiones y soportar al abismo que nos rebela semejante verdad detrás de la fachada. Estas conclusiones son especialmente difíciles de aceptar para todos aquellos que fueron educados según los principios de la democracia liberal, el sistema capitalista o han sido influidos por la cultura globalista. Y, sin embargo, hemos comenzado a ser testigos de una epifanía.

Esta epifanía es la tesis del Gran Despertar. Es un lema que fue usado por los mismos partidarios de Trump, quienes se han convertido en las primeras víctimas de este nuevo totalitarismo liberal que se alza sobre nosotros. Todas las iniciativas de los partidarios de Trump han sido inmediatamente censuradas, sus cuentas en las redes sociales han sido eliminadas, incluso sus comentarios han sido eliminados por todos los sistemas controlados por los gigantes tecnológicos: Twitter, Youtube, Google, Facebook.

Inicialmente, esta censura afectaba solamente a los más radicales enemigos de la globalización y a los partidarios de Trump. Pero a medida que la campaña electoral se hacía más y más intensa, la cultura de la cancelación y la censura comenzaron a afectar a círculos cada vez más amplios de la población. Hasta que, finalmente, los globalistas aplicaron sus métodos sobre el mismo presidente de los Estados Unidos: Donald Trump.

Fue aquí cuando se produjo el “Gran Despertar”. Ahora mismo, la verdadera naturaleza de los globalistas, que antes era algo que solo conocían aquellas personas que eran lo suficientemente perceptivas o que eran incapaces de reconciliarse con los ideales del globalismo, ha salido a la luz y grandes sectores de la sociedad estadounidense han sido testigos de ella.

La actual dictadura liberal ha equiparado a los que votaron por Trump con los “fascistas”. Así es como funciona el sistema jurídico de la “Gran Reconstrucción”: quien no está con nosotros es un “fascista”, pero frente al “fascismo” es posible – ¡e incluso se hace necesario! – actuar de una manera muy cruel. Y esta vez no solo los verdaderos conservadores, que siempre han atacado los presupuestos ideológicos del liberalismo, han entrado en esta categoría. Los liberales acusan de ser fascistas a todos los ciudadanos estadounidenses de a pie que no se han alineado con los ideales “progresistas del liberalismo”. Estos ciudadanos de a pie no han entendido que la libertad significa antes que nada libertad para las minorías y que los parámetros de esta libertad, es decir, lo que se puede decir y hacer, y lo que categóricamente no se puede hacer (que son los parámetros que establece la corrección política), han sido estrictamente establecidos por las élites liberales.

El “Gran Despertar” es la constatación de que el liberalismo moderno, al entrar en la fase de la globalización, se ha convertido en una verdadera dictadura y en una ideología totalitaria que rechaza -como todo totalitarismo- el derecho a tener cualquier punto de vista diferente al que es dominante.

Todo esto parece ser el punto de partida de una nueva guerra civil en los Estados Unidos. Sin embargo, las líneas de ruptura son muy diferentes: será la lucha entre los partidarios del “Gran Despertar” contra los partidarios de la “Gran Reconstrucción”.

El inicio de un gran enfrentamiento

Estados Unidos es la más importante potencia mundial. Lo que sucede en este país afecta a toda la humanidad. La victoria de Joe Biden, que es apoyado por los arquitectos de la Gran Reconstrucción, significa antes que nada que el mundo ha entrado en una nueva fase. Los globalistas están decididos a poner fin a todo lo que les ha impedido realizar sus planes en las últimas dos décadas, ya sea que se trate del 11 de septiembre, Putin, la China de Xi Jinping, Irán, Turquía o Trump. Saben muy bien que si estas interrupciones continúan, entonces el globalismo corre el riesgo de colapsar por completo. La Gran Reconstrucción debe ser ahora o nunca.

Gran parte de las élites liberales en todos los países del mundo – tanto de Occidente como de Oriente (incluyendo, por supuesto, a Rusia) – han asumido de forma activa el proyecto de la “Gran Reconstrucción” que propone el globalismo. Eso significa que en estos momentos ha aparecido un frente de lucha, tanto externo como interno, que es enemigo de todos los partidarios de la multipolaridad, la soberanía y el orden mundial policéntrico. La parte externa de este frente es dirigida por el Washington demócrata y la OTAN, mientras que el frente interno esta compuesto por la quinta columna y las élites liberales que trabajan dentro de las estructuras administrativas de los Estados-nacionales.

A todo esto debemos sumarle el inicio de toda una serie de operaciones que se han hecho con tal de producir varios cambios de régimen, toda una serie de nuevas “revoluciones de color” y también la manipulación de varios conflictos regionales. Todos aquellos que no se pusieron del lado de la “Gran Reconstrucción” serán atacados por estos medios con tal de desestabilizar sus naciones.

Resulta obvio para nosotros que Rusia (al menos la Rusia de Putin como una Rusia soberana, independiente y libre) se encuentra entre aquellos que defiende el Gran Despertar.

Para que tal despertar se convierta en un hecho irreversible es necesario realizar un último esfuerzo. Hace 20 años Rusia despertó, pero aún sigue medio dormida. Desde ese entonces comenzó a convertirse – de forma lenta, aunque exitosa – en un sujeto histórico de la política mundial y no en un objeto de la mismo (como sucedió durante los años noventa del siglo XX). Pero se han agotado por completo las posibilidades de llegar a un compromiso con los globalistas. Solo queda una salida: despertar totalmente y no participar solamente del “Gran Despertar”, sino – y eso sería lo deseable y más digno para nosotros – liderar a escala mundial este proceso histórico e imbuirlo de nuestro espíritu.