La retirada de Siria y el dualismo realista de Putin

18.03.2016

En la tarde del 14 de marzo, en un encuentro especial en el kremlin, el presidente ruso Vladimir Putin anunció el inicio de la retirada de las tropas rusas en Siria. El presidente dijo que las tropas rusas habían completado todas sus tareas, y la retirada debería “animar el proceso de paz”. ¿Por qué Rusia está ahora intentando salir de Siria, y que será lo siguiente?

¿Victoria americana?

Recordando este último mes, los Estados Unidos y Rusia alcanzaron un acuerdo de alto el fuego en Siria, que entró en vigor hace dos semanas. La tregua es resultado de varios meses de negociaciones entabladas entre Estados Unidos y Rusia. Los EEUU chantajearon a Rusia con la posibilidad de una confrontación militar con alguno de sus aliados (Turquía, Qatar, Arabia Saudí). En el transcurso del conflicto, los americanos estaban preparados para alinearse con los Turcos y los Saudíes. Estos países hicieron repetidamente indirectas inequívocas sobre la posibilidad de una invasión de Siria. El objetivo de los americanos era aplicar presión directa, usando amenazas, para detener la exitosa ofensiva de tropas sirias en el norte del país, con el apoyo de la Fuerza Aérea Rusa. En este momento bloquearían las líneas de suministro de armas a los militantes desde Turquía.

Como resultado, la ofensiva fue detenida incluso las operaciones en Alepo que estaban en progreso. Con la ciudad sin haber sido liberada, los americanos han tenido éxito. Los combates han cesado, a pesar de algunos intercambios de disparos. Oficialmente, la retirada de las tropas rusas podría considerarse incluso el premio más grande para los americanos. Sin embargo, la reacción contenida del liderazgo americano muestra que esto no es tan evidente.

Decisión consensuada

Tras el inicio de la operación militar de Rusia en Siria, había dos grupos de la élite rusa que coincidían con la división tradicional entre patriotas y liberales en la sociedad rusa. El equilibrio de poder entre ellos se ha convertido en una marca distintiva de las políticas de Putin. Patriotas, entre los cuales los militares juegan un papel fuerte, demandaron la continuación de la guerra hasta el amargo final, pero los liberales querían escapar del conflicto y empezar la reconciliación con el oeste. El resultado fue una solución negociada: Retirar las tropas, pero no inmediatamente y no todas ellas. Esto puede denominarse como algún tipo de equilibrio entre los dos polos radicales, una táctica que el presidente ruso ha aprendido a observar perfectamente.

Las noticias decepcionantes sobre la retirada de las tropas rusas estaba escondiendo un tema No se sabe exactamente qué exactamente y en que marco temporal abandonarán Siria. El tiempo de la retirada del personal técnico y las unidades no fue anunciado, lo que da a Rusia espacio para maniobrar, incluyendo en el campo diplomático. Indicadores cuantitativos, cualitativos y temporales son el as en la manga para las negociaciones, no solamente con el oeste sino también con el gobierno de Damasco e Irán.

Tácticas para aproximarse a las nuevas fronteras

Simultáneamente, Putin mantiene una presencia militar y retirada de tropas, permitiendo que, tanto los grupos en la sociedad rusa y las élites rusas interpreten la decisión en su favor, lo que se ha convertido en un estilo de firma del presidente ruso. Es el mismo estilo que vimos tras la unión de Crimea, cuando Rusia no se involucró en una confrontación a gran escala con el oeste sobre Ucrania. Sin embargo, retuvo Crimea y se atrincheró en las regiones orientales de Donetsk y Lugansk, donde las Repúblicas Populares del Donbass fueron creadas bajo su control. Antes de esto, en 2008, en el conflicto con Georgia, Rusia también empezó a avanzar sobre Tiblisi, y a pesar de la ocupación de parte de los territorios georgianos, regreso a la frontera de Osetia del Sur y Abjasia.

La política exterior de la Rusia de Putin se caracteriza por una combinación de ráfagas expansivas, y las subsiguientes retiradas tácticas, cuando Rusia voluntariamente pierde algunas de sus ganancias, pero no todas. Así, en cada retirada, Rusia gana algo. Al mismo tiempo, tras cada ráfaga de poder, Rusia acostumbra a la comunidad internacional a su estatus realzado en el sistema mundial. Esto llegó a ser posible para Rusia en 2008, pero era difícil imaginar allá por 2005 que la anexión de Crimea, la guerra en Ucrania, y el surgimiento de las repúblicas populares de Donetsk y Lugansk eran algo proveniente de la ciencia ficción en 2008, y nadie habría discutido seriamente una operación militar de Rusia en Siria hace un año.

Dos de los realismos de Putin

Si analizamos todos los elementos de tal política, los procesos políticos internos acompañando a la política externa, y las reacciones de la sociedad (el grado de entusiasmo, o viceversa, la condena de cualquier acción), puede concluirse que Rusia tiene una estrategia específica, que es consecuencia de una combinación de dos tipos de pensamiento realista que es característica de los diferentes grupos que influyen la política exterior rusa.

Realismo global

El primer tipo puede denominarse como realismo global. Viene de la percepción de Rusia como poder con ambiciones globales, la cual estuvo en una situación dificultosa en la década de 1990 pero ahora busca ganar de nuevo el terreno perdido. Este es el legado del pensamiento de gran potencia imperial y soviético. Derrotar a los EEUU y construir un modelo de mundo multipolar, destruir la hegemonía unipolar al mismo tiempo, son, para los partidarios de este modelo, las estrategias prioritarias de la Federación de Rusia. El realismo global significa la destrucción o cambio radical del sistema internacional existente e injusto, y la construcción de uno nuevo basado en los intereses nacionales rusos, en lo cual, Rusia es uno de los polos globales. Desde este punto de vista, la búsqueda lógica de los intereses nacionales, que no pueden ser plenamente realizados en el sistema existente, conducirá definitivamente a una dura confrontación con los Estados Unidos. El entusiasmo y el marcado anti-americanismo en Rusia durante el periodo de la primavera rusa, el conflicto ruso georgiano, y ahora la guerra en Siria, son signos de la aprobación de este modelo.

Es significativo que el oeste considera que estas “ráfagas rusas” son una consecuencia de pensar en el estilo del “realismo global”. En Crimea, Novorrusia, Siria, y antes de esto, en Georgia, Rusia cruzó los límites prescritos su sistema todo el tiempo; el sistema mismo lo percibió como un desafío a su existencia. Así, el general de los EEUU, Philip Breedlove, comandante del Mando Europeo de los Estados Unidos y Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas Unidas de la OTAN en Europa, ha llegado recientemente a la conclusión de que Putin busca crear las reglas del juego, más que intentar jugar con las viejas reglas. El director de Inteligencia nacional de los EEUU, James R. Clapper, considera la política de Putin de una forma similar. Según el, Putin continúa la tradición expansionista de la geopolítica rusa, y, es más, él fue el primer líder ruso desde Stalin en expandir el territorio del país.

La anexión de Crimea, una dura respuesta en Osetia del Sur y Abjasia, una presencia en Novorossia, así como la emergencia del conflicto, y participación de Rusia en la guerra de Siria no sería posible sin la influencia de este modelo y las personas específicas y centros que lo promueven. En primer lugar, tal comprensión de los intereses de Rusia es característico de los militares rusos, oficiales de seguridad, diplomáticos de la “vieja escuela” (rudimentos post-soviéticos), así como el grupo de neo-imperialistas que influyeron en el principio de la “primavera rusa” y la anexión de Crimea…

Realismo periférico ruso

Pero la política exterior de Rusia está influenciada en gran medida por el segundo modelo, el realismo periférico, que ofrece una realización máxima de intereses nacionales mediante el engranaje del sistema global y los intentos por incrementar su estatus en ello. Esta no es la aproximación liberal del antiguo ministro de relaciones exteriores Andrey Kozyrev, que urgía a la búsqueda de los intereses de EEUU, tomando en cuenta los intereses nacionales. El realismo periférico no desafía al sistema global, sino que busca incrementar el estatus del país dentro de ello.

Un puro ejemplo de tal estrategia es la política rusa de alianza con los Estados Unidos después del 11 de septiembre: Rusia intentó explicar su guerra en Chechenia como parte de la lucha global contra el terrorismo, y empezó a cooperar con los EEUU en Afganistán, contribuyendo a la apertura de bases militares de los EEUU en Asia Central. Así, Rusia estaba intentando incrementar su estatus en el sistema mundial. Mediante el uso de las tendencias de crisis en sí misma, ha sido activa en lo militar, pero al mismo tiempo, conformista. El realismo es un poder débil y es característico en particular de los países latinoamericanos, donde el realismo periférico fue conceptualizado primero como teoría. El realismo periférico en Rusia es característico de la mayoría del personal del ministerio de asuntos exteriores, partes de las fuerzas de seguridad, muchos de los científicos y expertos de la comunidad, y representantes de la “sexta columna” en el poder y orientada hacia el oeste.

La especificidad del realismo periférico ruso es la explotación de los pulsos e iniciativas de los realistas globales. Desde 2008, Rusia crea una crisis, la supera, y entonces la usa para ocupar un lugar más favorable en el mundo centrado en EEUU. Cuando la resistencia desde una hegemonía global se dirige a la expansión rusa, que signifique la continuación de una política que llevará un desafío al sistema, Rusia inmediatamente entra en negociaciones. Desorienta a la sociedad, que una vez más solía creer que “esta era nuestra última y decisiva batalla”, pero trae solo algunos resultados. Veamos lo que Rusia ha conseguido en Siria.

¿Qué se ha logrado?

Rusia fortaleció considerablemente la posición del gobierno de Bashar Al-Assad. Cuando Rusia entró en la guerra, los militantes amenazaban de forma directa con capturar Damasco. El ejército sirio se estaba enfrentando a la amenaza de la derrota total, a pesar de la sustancial ayuda de Irán. Ahora el enemigo ha sido alejado de la capital. El área controlada por el gobierno oficial sirio se ha incrementado considerablemente.

Rusia probó sus últimas armas en Siria y se deshizo de viejas armas. Actualizando la armería del ejército ruso, dio a la industria de defensa un montón de trabajo necesario durante la crisis económica que ayudó notablemente a este sector y a la economía rusa en conjunto.

Las fuerzas rusas han demostrado su capacidad para llevar a cabo operaciones aéreas fuera del país. Probaron y testaron tácticas de combate en nuevas condiciones, con consejeros militares rusos y CMP (Compañías Militares Privadas) incrementando su experiencia en batallas sobre tierra.

Rusia ha mostrado al oeste que tiene la voluntad política y la habilidad técnica para usar la fuerza militar no solamente fuera de su propio país, sino también en la región nororiental de Eurasia. Lanzamientos de misiles espectaculares y caros desde el mar caspio, y la participación de aviación estratégica tenían tal propósito.

Rusia obtuvo bases militares en Tartus (fuerza aérea) y Latakia (navales). Quedando los consejeros militares rusos, las fuerzas especiales, y compañías privadas militares, todo permanece en Siria.

Al mismo tiempo, Rusia casi perdió a Turquía como una potencia amigable, y la marcha de Siria podría deteriorar las relaciones con Irán, que se fortalecieron durante la campaña militar conjunta.

Eligiendo una estrategia periférica

Habiendo logrado resultados importantes, Rusia se enfrenta con la desesperada resistencia del oeste como en su día lo hizo en Ucrania, y antes en Georgia. La actual situación en Siria requiere una continuación de la guerra o una salida del conflicto. La continuación de la guerra significa un incremento en el grupo aéreo, el posible inicio de operaciones terrestres, y una gran probabilidad de conflicto con Turquía de impredecibles resultados y el fortalecimiento de las sanciones de EEUU y su apoyo armado a los militantes, incluyendo sistemas de defensa aérea portables e individuales.

La continuación de la guerra en Siria conduciría, por tanto, a un conflicto global con los Estados Unidos, lo que podría interpretarse como un intento de ocupar, no simplemente, una posición más elevada en el sistema existente, sino reformarlo y crear sus propias reglas. Las acciones de Rusia mostraron que inicialmente no se fijaría semejante tarea, o que aquellos que defendían tales objetivos globales anti-occidentales no tienen la palabra crucial en el liderazgo ruso. Esto es por qué Rusia se involucró en el proceso de negociación, y está poniendo presión sobre Damasco, que estaba preparada para luchar hasta el final con el apoyo de Rusia. Rusia no abandonará a Bashar Al-Assad, sino que debilita su apoyo a tal nivel donde él sea más concesivo y si se involucre en el proceso, con la perspectiva de la federalización, esto es, la fragmentación de Siria apareciendo en el horizonte.

Al parecer, Rusia cree que logró o logrará un acuerdo con los EEUU y Turquía sobre la división de esferas de influencia en una Siria fragmentada. El levantamiento de las sanciones contra los tour-operadores turcos es una prueba indirecta de esto. El entusiasmo de la propaganda del kremlin, que enlaza Siria con Ucrania, dice que Rusia acordaría algo similar sobre el Donbass. ¿La cuestión es si el oeste debería coincidir?

La respuesta del oeste

Por un lado, el oeste, asustado por el hecho de que Rusia rompa el orden mundial existente de hegemonía unipolar de los EEUU, podría coincidir con la adopción de estrategias de integración conformistas rusas para el sistema existente con un incremento en el estatus. Sin embargo, hay un riesgo de que Rusia en el mismo punto decida continuar apuntando por el ascenso. No olviden que geopolíticamente Rusia es el Heartland (Corazón de la Tierra), la base del poder terrestre, y por tanto es propensa al expansionismo, una actitud imperial de gran potencia. Estos tres últimos compromisos no detuvieron a Rusia de tomar nuevos pasos radicales. Contribuir al surgimiento de la política externa rusa no está en los intereses del oeste. Por tanto, podemos asumir que en respuesta a esas concesiones, Rusia no conseguirá lo que quiere. El oeste fortalecerá la presión externa sobre Rusia e intentará usar el descontento interno, incluyendo entre los patriotas, para desestabilizar la situación dentro del país, usando las próximas elecciones parlamentarias como pretexto.

Alcanzando un compromiso con palabras, no significa necesariamente que el otro lado actualmente se atenga a ello. Esto está bien probado por la experiencia de Mijail Gorbachov, que a través de concesiones sin éxito, intentó ajustar la Unión Soviética a un sistema estatal liberal-democrático, donde la hegemonía natural eran los Estados Unidos. Como resultado, la Unión Soviética se colapsó.

Nuevos pasos rusos

En respuesta a la obstrucción del oeste en Siria, Rusia intentará continuar con los esfuerzos para crear una crisis en el sistema y llevarse beneficios de resolverla. Por panto, no deberíamos excluir nuevas acciones rusas en Ucrania y en otras regiones inestables del mundo, incluyendo acciones bastante usuales para la geopolítica rusa, tales como Afganistán, así como frentes exóticos, por ejemplo, como Corea del Norte. En la lógica del realismo periférico, Rusia puede intentar alinearse con el oeste, esperando por un compromiso en otros temas.

Sin embargo, la preservación del sistema y sus constantes pruebas de fuerza son cosas incompatibles. Será más difícil con cada paso que se mantenga el equilibrio. Los costes están creciendo: Sanciones, aliados rechazados, nuevos enemigos, y la presión de la quinta y sexta columna. Más pronto o más tarde, Rusia estará forzada a elegir entre permanecer en el sistema e intentar reiniciar el juego.

En un mundo sin la hegemonía global de los EEUU, ni las sanciones ni los antiguos satélites de EEUU jugarán jamás un papel. La alternativa es abandonar las ambiciones globales y rendirse a los vencedores.