Liberalismo 2.0: el nacional-bolchevismo como concepto surgido de la victoria del liberalismo

14.06.2021

Desde un punto de vista filosófico, el nacional-bolchevismo surgió como resultado del cambio de paradigma acontecido debido al nacimiento de la Posmodernidad. Los autores posmodernos, casi todos ellos provenientes de los círculos de la extrema izquierda, se hicieron muy críticos del comunismo de estilo soviético y parcialmente del comunismo chino, por lo que decidieron aliarse estratégica e ideológicamente con los liberales de izquierda (lo que llevo a que se hicieran cada vez más «antifascistas» y también enemigos del nacional-bolchevismo ).

Esto llevó a que el Posmodernismo se convirtiera en la plataforma común donde los excomunistas se hicieron cada vez más liberales (individualistas, hedonistas, etc.) y donde los liberales de izquierda terminaron por adoptar las teorías y prácticas más extremas promovidas por la epistemología vanguardista de los pensadores más radicales que buscaban liberar al hombre de todas las cosas: de las leyes, las normas, las identidades establecidas, las jerarquías, las fronteras, etc. Este es el origen del liberalismo 2.0. Sin embargo, se necesitaron más de 30 años para que esta nueva ideología política liberal pudiera por fin convertirse en una ideología explicita que determinaría la cultura política. El fenómeno del trumpismo condujo a la galvanización final del liberalismo 2.0 y por fin hizo que adquiriera una estructura coherente.

La principal característica del liberalismo 2.0 es que reconoce la existencia de un enemigo interno, una especie de quinta columna dentro del liberalismo. Debido a la ausencia de un enemigo ideológico cohesionado como lo eran los comunistas y los fascistas, los liberales, que se habían quedado solos, se vieron obligados a reconsiderar el mismo mapa político: un mapa que demostraba que el alcance de su domino se había hecho global. Desde una perspectiva ideológica, la débil tendencia roji-parda fue considerada como una amenaza mucho más importante de lo que podría juzgarse por su apariencia: se trataba en realidad de un movimiento que tenía un impacto muy insignificante.

Sin embargo, si consideramos el nacional-bolchevismo desde una perspectiva mucho más amplia, podemos decir que el panorama político ha cambiado drásticamente. El resurgimiento de Rusia bajo el mandato de Putin puede ser visto como una mezcla entre la estrategia política antioccidental de estilo soviético unida al tradicional nacionalismo ruso. De otro modo resulta imposible explicar a Putin. Algunas veces su comportamiento ha sido equiparado con una especie de tendencia «nacional-bolchevique», lo cual corroboraría en cierto sentido que esta tendencia ideológica es una especie de resistencia contra el mundo unipolar-liberal. Podríamos usar este mismo marco para interpretar lo que sucede con China.

Resulta realmente muy difícil o simplemente imposible explicar la política de China y, sobre todo, la línea adoptado por Xi Jinping, desde otra perspectiva. En China somos testigos, una vez más, de como una forma muy particular de comunismo chino se ha terminado por mesclar con el nacionalismo. Podemos decir lo mismo del cada vez más poderoso populismo europeo y dentro del cual las divisiones entre la izquierda y la derecha tienden a desvanecerse: todo esto ha culminado la simbólica alianza amarillo-verde que unió a La Lega (populismo de derecha) con el Movimiento 5 Estrellas (populismo de izquierda) para formar un gobierno en Italia. Una convergencia análoga a esta última parece estar pre-configurándose al interior de la revuelta populista de los chalecos amarillos en contra de Macron en Francia. En esta revuelta los seguidores de Marine Le Pen y los seguidores de Jean-Luc Mélenchon se unieron para atacar conjuntamente al liberalismo centrista francés.

Pero debido a la creación de un orden mundial unipolar los liberales se vieron de cierta manera obligados a aceptar la existencia de una seria amenaza nacional-bolchevique, al menos si concebimos a esta última en un sentido amplio del término. Precisamente esa fue la principal razón por la que los liberales comenzaron a luchar contra tal convergencia y han intentado socavar, dondequiera que aparezcan, las estructuras y organizaciones de carácter nacional-bolcheviques. No obstante, las élites mundiales, con tal de evitar que esta alternativa efectiva en contra del dominio del liberalismo globalista llegara a hacerse mucho más famosa, intentaron presentar a este fenómeno como algo meramente superficial, mientras que en la práctica luchan por todos los medios disponibles en contra del nacional-bolchevismo.

Si bien desde un punto de vista ideológico tanto Putin como Xi Jinping, los populistas europeos y los movimientos islámicos anti-occidentales (que no son ni comunistas ni nacionalistas), además de las tendencias anticapitalistas de América Latina y África, pudieran darse cuenta de que todos ellos se oponen al liberalismo de alguna manera, y llegaran a aceptar la necesidad de la aparición de un populismo de izquierda/derecha integral como forma explícita de esta lucha, entonces su capacidad de resistencia se vería fuertemente reforzada y se multiplicaría grandemente su potencial de combatividad. Los liberales, con tal de evitar que tal cosa sucediera, han utilizado todos los medios disponibles, incluso la quinta y la sexta columnas (es decir, los liberales que se encuentran al interior de las estructuras gubernamentales y que son formalmente leales a los líderes soberanos de sus respectivos regímenes), con tal de eliminar los procesos ideológicos que llevaran a la formación de estas organizaciones en sus respectivos países.