Los cambiadores políticos de la historia

13.06.2016

Existe un punto fundamental en el marco de la historiografía. Este punto se remite a la pregunta: ¿Cuánto de creíbles son las informaciones escritas u orales sobre el pasado? Tal pregunta viene a cuento de una eterna discusión en toda España: “La Reconquista”. Dónde en cada región actual o reino/condado del pasado siempre hay gente que pretende “quedar por encima del resto”. Para ello se dan datos acerca de lo que dijo tal “historiador” o tal otro, con referencias a códices del pasado.

Sin embargo, ¿Cómo se puede dar sistemáticamente por verdad todo aquello que es legado? Por ejemplo, si la última guerra civil en España (1936-1939) fue hace más de 70 años y actualmente no hay acuerdo mínimo sobre tal hecho: ¿Cómo estar de acuerdo con hechos de hace cientos o miles de años? Siguiendo la máxima de que “los vencedores escriben su historia”; cómo valorar objetivamente los hechos pretéritos cuando las versiones legadas corresponden a una “verdad u otra” según el “bando” de que se trate. Como otro ejemplo, la obra de “el cantar del mio cid”, se presenta como una novela de verdades absolutas; mas no se aprecia que es una novela “épica” de ensalzamiento a una figura. Su objetivo no es ser real, sino ser entretenida y ser bien pagada para aquellos que la reciten:

Como ejemplo citaré la novela titulada como “La Eneida”; escrita por el literato Romano, Virgilio, en el siglo I a.C. Donde este notabilísimo escritor romano de la época se inventa una fabulosa novela por encargo de del emperador César Augusto para justificar históricamente que él debía gobernar Roma como emperador.  Esto se debía a que el nuevo fundador de Roma –Eneas de Troya– procedía de la saqueada ciudad de Troya por los Griegos; y Eneas tras una trepidante aventura funda Roma.  Y Cesar Augusto era descendiente de aquel magno y nuevo fundador de Roma. Por no mencionar que el esquema general de la historia de la Eneida es exactamente el inverso de una obra anterior; la Odisea y la Ilíada del griego Homero. Aquí tenemos entonces el primer documento –digamos- de manipulación histórica o justificación de un régimen; escrito no por un inútil de la escritura sino por un virtuoso de las letras de su tiempo. De esta forma se podría llegar a pensar que la palabra de Virgilio por su fama y su trabajo, ya es de hecho indudable.

Entonces porqué esa identificación tan fuerte con un pasado nada claro, y tampoco nada diferente al “mundo moderno”. Más allá de la visión romántica del pasado, existe de forma más clara una avidez de los poderosos por poseer más cantidad y de forma más sencilla de mantener. Por ejemplo en la edad media, los reyes, los nobles o los eclesiásticos  sólo les preocupaban incrementar sus dominios. El hecho de estar en un reino, condado, ducado o lo que  fuere, no era un hecho relevante; la población que en sus dominios viviera tampoco era importante (sólo lo era en la medida que esa población le asegurase beneficios en el momento o en el futuro).

Echando la vista a un periodo aún más desconocido, la época de Celtas, Íberos y Celtíberos. Por circunstancias de la visión cultural de aquellos pueblos, nada quedaba para escribir. Y los romanos, en su duro proceso de conquista de cada tribu, arrasaron con lo existente e impusieron una férrea romanización a los pueblos conquistados. Precisamente, los victoriosos fueron los que han escrito libros de historia y geografía acerca de los pueblos peninsulares. Los nombres de esos pueblos no eran los que ellos mismos se habían dado, sino los nombres que los romanos les iban poniendo. Y sin embargo, se tiende a valorar los nombres romanos como nombres de hecho que tenían aquellas tribus.

Y si las manipulaciones son tan apreciables en la actualidad; si es preciso se puede ir recorriendo el tiempo atrás y se apreciará que la Eneida sólo es un capítulo más en las largas “modificaciones” a la versión histórica oficial. Es por ello, que yo desecho todo debate histórico vestido de político. La política es una cuestión hacia el futuro y la historia es el camino recorrido por cada pueblo, que al igual que la vida de cada una de las personas puede tener capítulos gloriosos y momentos tristes; pero así es la historia una serie de aciertos y errores de aquello que ya fue, pero la política son los asuntos del poder, del ahora, que da la posibilidad de realizar otro camino distinto.

Puesto que las informaciones del pasado aparte de escasas, siempre están abiertas a la interpretación de cada generación que la ha precedido y la interpretó según su visión; por tanto todo ese conocimiento será probablemente subjetivo y más bien poco objetivo. Incluso modificando la versión oficial según la visión de cada generación (lo que se podría llamar como manipulación), esas “modificaciones” tienen cuanto menos 2030 años desde la Eneida.