Los chalecos amarillos y su larga marcha

18.04.2019

El movimiento de los chalecos amarillos iniciado en Francia el 17 de ‎noviembre del 2018. Son claras manifestaciones públicas que a nivel mediático tienen su razón en la alza del precio de la gasolina. Pero ese detalle es poco, puesto que la desindustrialización de Francia es grave, las industrias mecánicas que en el pasado fueron el ‎orgullo de la industria francesa están desmoronándose. No hace mucho tiempo, la economía francesa podía enfrentar la deuda pública con una industria en auge y competente. Sin embargo, esta última se ha desplomado ‎ante el empuje de la industria china.

Una deuda inútil, obligatoriamente aplicada a Francia debido a la relación entre los ‎intereses que el país tiene que pagar a los mercados financieros es otro argumento que permite agravar la situación económica. Además el claro objetivo de eliminar progresivamente a la clase media empeora la desindustrialización de las fábricas. El consumo se derrumba, los servicios de salud que ‎estuvieron entre los mejores del mundo se caen a pedazos, al igual que los servicios públicos y el sistema educativo. ‎Sin dejar de lado que la llegada de grandes ‎masas migrantes provenientes de Oriente Medio y Norte de África han disminuido gravemente la fuerza laboral francesa lo que genera grandes pérdidas de trabajos —que en su efecto hace que el ciclo de producción no pueda estar en términos normales[[1]].

Las protestas han paralizado los ingresos de diferentes fábricas en todo el país, y algunos de los grandes supermercados han visto caídas de hasta el 35%. El presidente Emmanuel Macron tiene varias opciones para menguar la situación económica de su país. Una de la cuales sería introducir recortes de impuestos de emergencia para sofocar las protestas violentas, no obstante, esa medida corre el riesgo de empeorar el déficit presupuestario del país. La otra medida que se aleja de la agenda de Macron sería salir del modelo económico vigente y enfatizar en uno de economía mixta. Pero eso jamás pasará, dado que Macron representa los intereses de la banca internacional.

La promesa de eliminar el déficit presupuestario para ofrecer recortes de impuestos y más servicios públicos en beneficio de la gente no da resultados. Cancelar los controvertidos aumentos de los impuestos al gas —entre otras medidas impulsadas por Macron— no ha permitido satisfacer las demandas del movimiento de los chalecos amarillos. Una encuesta encontró que aproximadamente el 75% de los franceses desaprueba al presidente, poniendo su popularidad a la par con su antecesor y extremadamente impopular, Francois Hollande, que memorablemente optó por no postularse para un segundo mandato.

Macron trató de representar a su movimiento "En Marche" como fundamentalmente populista —fake. Sin embargo, tiene críticas de que es un presidente para los ricos al negarse a aumentar los impuestos para ellos. Hasta el momento Macron no ha escuchado seriamente a los franceses, se ha alejado de la realidad política de su país por lo que ha tratado de culpar a Rusia de las protestas. Así demostrando una vez más que está fuera de contacto con las personas y que desvirtúa sus problemas políticos a otro país.

Regresando a las encuestas, los bajos índices de aprobación de Macron reflejan la impopularidad con la clase trabajadora y también con los franceses de clase media que les disgustan los impuestos porque limitan sus capacidades monetarias. Esto claramente se ha visto en las encuestas de la prensa francesa. “Solo el 25% de las personas encuestadas por Odoxa y Dentsu Consulting para France Info y Le Figaro dijeron que estaban contentos con la forma en que el gobierno está dirigiendo el país plagado de protestas, mientras que el 75% no está de acuerdo con Macron y los ministros de su gabinete”. Esto demuestra el claro descontento enérgico que tiene el pueblo francés por las políticas globalistas del peón de los Rothschild. A la vez las personas están igualmente insatisfechas con una serie de funcionarios gubernamentales, entre ellos el primer ministro Edouard Philippe y el ministro del Interior Christophe Castaner, con 54% y 53% de calificaciones negativas. Así que, el gobierno de Macron se encuentra pendiente de un hilo porque la sociedad francesa que representa a la clase media no ve un futuro próspero o medianamente decente con las políticas que se están consolidando en Francia desde el siglo veintiuno. Sin embargo, el problema no es totalmente Macron, sino como se mencionó anteriormente es el sistema político y económico de Francia y de gran parte de Europa que reclama un respeto por la clase media que ha sido golpeada y enajenada por sus gobernantes títeres del modelo banquero/financiero/globalista.

 


Referencias bibliográficas

[[1]] Benajam, A. (24/Noviembre/2018). ‎“Chalecos amarillos”, una cólera ‎altamente política. Red Voltaire. Obtenido de http://www.voltairenet.org/article204082.html