Los dones entregados por los Reyes Magos: Análisis de la dimensión política de la Epifanía

17.01.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Epifanía

En la fiesta en donde celebramos la Natividad de Cristo, resulta necesario que hablemos del mismo simbolismo que se encuentra estrechamente asociado con la epifanía.

Este acontecimiento, la Natividad de Cristo, contiene en sí mismo todas las enseñanzas que tiene la Iglesia: su teología, su ontología, su cristología, su soteriología, su antropología y su escatología. Por lo tanto, resulta ser un tema ilimitado y, consecuentemente, posee una carga simbólica infinita. Pero detengámonos en un único evento relacionado con esta trama simbólica que pertenece al mayor acontecimiento que ha sucedido en la historia del mundo: la historia de la adoración de los Reyes Magos.

Curiosamente, en el transcurso de las reformas que hizo el calendario occidental, los sucesos relacionados con el culto rendido a los Magos coincidió con el 6 de enero (según el calendario gregoriano), es decir, con la Nochebuena ortodoxa en vísperas de la Natividad de Cristo y con el Bautismo según la tradición católica.Al mismo tiempo, los católicos, como los ortodoxos, asocian la fiesta de la Teofanía con la Epifanía (Θεοφάνια o Επιφάνια, los católicos la denominan como Manifestatio), pero los católicos combinan el momento de la manifestación de Cristo al mundo con el momento de su Bautismo por parte del profeta San Juan Bautista en el río Jordán (cuando el Espíritu desciende sobre Cristo en forma de paloma). En ese momento los Magos (reyes-magos) reconocen al recién nacido Jesús como el "Rey" y el "Salvador", y los ortodoxos combinan estos sucesos, refiriendo el primero al Bautismo y el segundo a la fiesta misma de la Natividad de Cristo.

Desde el siglo II d.C., el término "Aparición" (Επιφάνια) se refiere al Nacimiento de Cristo, al culto de los Magos y al Bautismo: todos estos entramados simbólicos están presentes en las enseñanzas del Evangelio y se encuentran estrechamente relacionados según todos los posibles significados que puedan designar. Posteriormente, estas fiestas terminaron por convertirse en tres acontecimientos independientes y fueron correlacionados con las respectivas fechas que tienen hoy, las cuales les asignaron un espacio distinto en el tiempo durante las reformas hechas al calendario sagrado, pero mantuvieron un eje semántico común.

La epifanía es el momento en que se hace evidente la presencia de Dios en el mundo, Dios nacido como Hombre. Al mismo tiempo, se dice que la misma Natividad de Cristo es un sacramento que ni los ángeles eternos conocían:

"El momento que hemos esperado por siglos

y que es un sacramento desconocido para los ángeles".

(Theotokos 4 voces)

Por lo tanto, la Epifanía se convierte en el acontecimiento que está por encima de todos los acontecimientos, "la revelación de un secreto". Y este evento se revela precisamente de forma abierta hasta convertirse en algo conocido por todos: desde los mismos ángeles que saludaron al Dios-niño nacido en Belén, pasando por las personas comunes (los simples pastores), hasta llegar a los animales - el toro y el burro - que calentaron a Cristo usando su aliento en ese pesebre construido en medio de una cueva. Lo invisible se vuelve visible, el secreto se hace evidente.

Los Magos, guiados por una estrella que vinieron en Oriente, llevaban consigo los regalos (dones) que iban a entregar para adorar a Cristo recién nacido y honrarlo como Dios y Salvador. Estos regalos están lógicamente asociados con la Epifanía, ya que son los testigos de la misma. Ellos son los que dan testimonio de que ha sucedido un gran acontecimiento, Dios nació entre los hombres como Emanuel, que en hebreo significa "Dios está con nosotros", "Dios está entre nosotros".

En el evangelio mismo, solo el evangelista Mateo menciona a los Magos (Mateo 2: 1-12). Este es el pasaje completo:

  1. Nacido, pues, Jesús en Belén de Judá en los días del rey Herodes, llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos,
     
  2. diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer? Porque hemos visto su estrella en Oriente y venimos a adorarle. 
     
  3. Al oír esto el rey Herodes se turbó, y con él toda Jerusalén, 
     
  4. y reuniendo a todos los príncipes de los sacerdotes y a los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Mesías. 
  5. Ellos contestaron: En Belén de Judá, pues así está escrito por el profeta:
     
  6. «Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ciertamente la más pequeña entre las principales de Judá, porque de ti saldrá un jefe que apacentará a mi pueblo, Israel».
     
  7. Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, les interrogó cuidadosamente sobre el tiempo de la aparición de la estrella; 
     
  8. y enviándolos a Belén les dijo: Id e informaros sobre ese niño, y cuando le encontréis, comunicádmelo, para que vaya también yo a adorarle. 
     
  9. Después de" oír al rey, se fueron, y he aquí que la estrella, que habían visto en Oriente, les precedía hasta que, llegada encima del lugar en que estaba el niño, se detuvo. 
     
  10. Al ver la estrella sintieron grandísimo gozo. 
     
  11. Y entrados en la casa, vieron al niño con María, su madre, y de hinojos le adoraron, y abriendo sus tesoros le ofrecieron dones, oro, incienso y mirra.
     
  12. Advertidos en sueños de no volver a Herodes, se tornaron a su tierra por otro camino.

1. του̃ δὲ ’Ιησου̃ γεννηθέντος ἐν Βηθλέεμ τη̃ς ’Ιουδαίας ἐν ἡμέραις ‘Ηρώ̨δου του̃ βασιλέωςἰδοὺ μάγοι ἀπò ἀνατολω̃ν παρεγένοντο εἰς ‘Ιεροσόλυμα

2.  λέγοντες που̃ ἐστιν ὁ τεχθεὶς βασιλεὺς τω̃ν ’Ιουδαίων εἴδομεν γὰρ αὐτου̃ τòν ἀστέρα ἐντη̨̃ ἀνατολη̨̃ καὶ ἤλθομεν προσκυνη̃σαι αὐτω̨̃

3. ἀκούσας δὲ ὁ βασιλεὺς ‘Ηρώ̨δης ἐταράχθη καὶ πα̃σα ‘Ιεροσόλυμα μετ' αὐτου̃

4. καὶ συναγαγὼν πάντας τοὺς ἀρχιερει̃ς καὶ γραμματει̃ς του̃ λαου̃ ἐπυνθάνετο παρ' αὐτω̃νπου̃ ὁ Χριστòς γεννα̃ται

5. οἱ δὲ εἰ̃παν αὐτω̨̃ ἐν Βηθλέεμ τη̃ς ’Ιουδαίας οὕτως γὰρ γέγραπται διὰ του̃ προφήτου

6. καὶ σύ Βηθλέεμ γη̃ ’Ιούδα οὐδαμω̃ς ἐλαχίστη εἰ̃ ἐν τοι̃ς ἡγεμόσιν ’Ιούδα ἐκ σου̃ γὰρἐξελεύσεται ἡγούμενος ὅστις ποιμανει̃ τòν λαόν μου τòν ’Ισραήλ

7. τότε ‘Ηρώ̨δης λάθρα̨ καλέσας τοὺς μάγους ἠκρίβωσεν παρ' αὐτω̃ν τòν χρόνον του̃ φαινομένου ἀστέρος

8. καὶ πέμψας αὐτοὺς εἰς Βηθλέεμ εἰ̃πεν πορευθέντες ἐξετάσατε ἀκριβω̃ς περὶ του̃ παιδίουἐπὰν δὲ εὕρητε ἀπαγγείλατέ μοι ὅπως κἀγὼ ἐλθὼν προσκυνήσω αὐτω̨̃

9. οἱ δὲ ἀκούσαντες του̃ βασιλέως ἐπορεύθησαν καὶ ἰδοὺ ὁ ἀστὴρ ὃν εἰ̃δον ἐν τη̨̃ ἀνατολη̨̃ προη̃γεν αὐτοὺς ἕως ἐλθὼν ἐστάθη ἐπάνω οὑ̃ ἠ̃ν τò παιδίον

10. ἰδόντες δὲ τòν ἀστέρα ἐχάρησαν χαρὰν μεγάλην σφόδρα

11. καὶ ἐλθόντες εἰς τὴν οἰκίαν εἰ̃δον τò παιδίον μετὰ Μαρίας τη̃ς μητρòς αὐτου̃ καὶ πεσόντες προσεκύνησαν αὐτω̨̃ καὶ ἀνοίξαντες τοὺς θησαυροὺς αὐτω̃ν προσήνεγκαν αὐτω̨̃ δω̃ρα χρυσòν καὶ λίβανον καὶ σμύρναν

12. καὶ χρηματισθέντες κατ' ὄναρ μὴ ἀνακάμψαι πρòς ‘Ηρώ̨δην δι' ἄλλης ὁδου̃ ἀνεχώρησανεἰς τὴν χώραν αὐτω̃ν

En la tradición ortodoxa, es precisamente el nombre de "magos" (μάγοι) el que se ha afianzado. Y aunque en el Evangelio no se dice ni su número, ni sus nombres, ni el hecho de que pertenecieran a alguna familia real, en la tradición europea occidental, empezando por Tertuliano, se acostumbra llamarlos los "reyes magos", determinando su número debido a la cantidad de regalos que llevaban (oro, incienso y mirra) e incluso dándonos sus nombres: Baltazar [1], Gaspar y Melchor [2]. En la tradición griega se les dan diferentes nombres en griego - Apellikon, Amerin y Damascon - o en hebreo - Magalat, Galgalat y Serakin.

La historia que se refiere a la adoración de los magos es de gran importancia para la tradición cristiana, ya que en ella vemos algunos aspectos de la enseñanza cristiana original, que luego fueron borrados o fueron desvaneciéndose hasta ocupar un segundo plano o, incluso. llegaron a perderse totalmente.

En busca de un rey: la monarquía ecuménica

En primer lugar, debemos prestar mucha atención al concepto mismo de "Cristo", Χριστός, que en griego significa el "Ungido". Así es como fue traducido el término hebreo “מָשִׁיחַ” - “Mashiach”, “Mesías” (Μεσσιας), que también significaba el “Ungido”. Al mismo tiempo, tanto la palabra "Cristo" como la palabra "Mesías" ("Mashiach") significaban "ungido para el reino", es decir, el "Rey legítimo - verdadero", consagrado por un sacerdote. La ceremonia de la unción fue llevada a cabo sobre el primer rey judío, Saúl, gracias al profeta Samuel (1 y 2 Reyes: 1 Reyes 9–31, 2 Reyes 1). En el Antiguo Testamento, el término Mashiach se aplica a todos los reyes de Israel (y especialmente al rey David). Al mismo tiempo, el profeta Isaías lo aplica al rey persa (¡sic!) Ciro:

"Así dice Yave a su ungido, Ciro, a quien tomó de la mano, para derribar ante él las naciones, para desceñir la cintura de los reyes, para abrir ante él las puertas, y dejarle libres las entradas"(Isaías 45: 1).

"Ungido", "Mesías", "Cristo" significaba lo mismo: "Rey". Esto nos permite aclarar la pregunta que hacen los Magos: 

“llegaron del Oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos que acaba de nacer?”

Los Magos buscan al "Rey", al "Ungido". En consecuencia, buscan a "Cristo". Sin embargo, es obvio que no buscan a un simple rey. Ellos mismos también son reyes (según la interpretación hecha por el cristianismo occidental), y obviamente no están interesados ​​en el rey Herodes. Se trata aquí de una enseñanza muy particular que estaba muy extendida entre todas las culturas del Mediterráneo mucho antes del nacimiento de Cristo y según la cual, junto con los reyes y príncipes ordinarios y, en consecuencia, frente a sus respectivas formas políticas (reinos, principados, etc.), existe una forma superior y un tipo mucho más sagrado de gobierno que es la Monarquía Universal.

El Antiguo Testamento menciona esta Monarquía Universal cuando se refiere a una historia que está relacionado con la interpretación de los sueños del rey Nabucodonosor hecha por el profeta Daniel (Dan. 2: 31-45). A la cabeza de está Monarquía Ecuménica no se encuentra solamente un rey, sino "el rey de reyes", es decir, "el ungido entre los ungidos". Según la versión más común que ha sido adoptada por el cristianismo desde la Antigüedad, la Monarquía Ecuménica tiene cuatro períodos: 

1. El primer período está asociado con Asiria y Babilonia; 

2. El segundo, con Persia y los Aqueménides; 

3. El tercero lo está con el Imperio de Alejandro Magno; 

4. El cuarto es Roma.

Los mismos 4 reinos se corresponden con la cabeza dorada que tiene un coloso con pies de barro, el cual es visto en un sueño por el Nabucodonosor (la cabeza hecha de oro es el reino de Babilonia), sus hombros están hechos de plata (el reino persa), sus muslos son de cobre (el reino de los griegos) y sus piernas son de hierro (Roma). 

Al interpretar el sueño de otro rey de Babilonia, Baltasar (el hijo de Nabucodonosor), el profeta Daniel vuelve a sobre la doctrina de los 4 reinos o las 4 fases de la Monarquía Universal:

“1. El año primero de Baltasar, rey de Persia, tuvo Daniel un sueño y vio visiones de su espíritu mientrasestaba en su lecho. En seguida escribió el sueño contando lo principal de él.

2. Comenzó Daniel diciendo: Yo miraba durante mi visión nocturna, y vi irrumpir en el mar grande los cuatro vientos del cielo, 

3. y salir del mar cuatro grandes bestias, diferentes una de otra.

4. La primera bestia era como un león con alas de águila. Yo estuve mirando hasta que le fueron arrancadas las alas y fue levantado de la tierra, poniéndose sobre dos pies a modo de hombre, y le fue dado corazón de hombre.

5. Y he aquí que una segunda bestia semejante a un oso, y que tenía en su boca entre los dientes tres costillas, se estaba a un lado y le dijeron: levántate a comer mucha carne. 

6. Seguí mirando después de esto; y he aquí otra tercera semejante a un leopardo, con cuatro alas en sus espaldas y cuatro cabezas, y le fue dado el dominio. 

7. Seguía yo mirando en la visión nocturna, y vi la cuarta bestia, terrible, espantosa, sobremanera fuerte, con grandes dientes de hierro y garras de bronce. Devoraba y trituraba, y las sobras las machacaba con los pies. Era muy diferente de todas las bestias anteriores, y tenía diez cuernos.

8. Estando yo contemplando los cuernos, vi que salía de entre ellos otro cuerno pequeño, y le fueron arrancados tres de los primeros, y este otro tenía ojos como de hombre y una boca que hablaba con gran arrogancia” (Daniel 7: 1-8).

La primera bestia, con cuerpo de león y alas de águila, es la monarquía babilónica. La segunda, en forma de oso, es la persa. La tercera, en forma de leopardo con alas de pájaro, es el Reino de los griegos. La cuarta bestia, que es representada como un monstruo con diez cuernos, es Roma.

El rey que ordena el mundo

Los Magos de Oriente son los símbolos de aquellos de los seguidores de la tradición de la Monarquía Universal: en primer lugar, de la primera monarquía babilónica y de la segunda monarquía de los persas. Y vienen a inclinarse ante aquel que restaurará esta Monarquía Universal y la llevará hasta su nivel más alto y absoluto. No como el reino de la cuarta bestia, encarnado en ese momento por el Imperio Romano, al que ya se le había dado su poder, sino que este sería el reino del verdadero Rey del mundo, su Salvador y su Dios.

En el mismo lugar donde se discute el significado de las cuatro bestias, dado por la visión del profeta Daniel, sigue una profecía que anticipa la Natividad de Belén:

“9. Estuve mirando hasta que fueron puestos tronos, y vi a un anciano de muchos días, cuyas vestiduras eran blancas como la nieve y los cabellos de su cabeza como lana blanca. Su trono llameaba como llamas de fuego y las ruedas eran fuego ardiente. 

10. Un rio de fuego procedía y salía de delante de él, y le servían millares de millares, y le asistían millones de millones. Sentóse el tribunal, y fueron abiertos los libros.

11 Yo seguía mirando a la bestia a causa de las grandes arrogancias mientras hablaba su cuerno, y la estuve mirando hasta que la mataron, y su cuerpo fué destrozado y arrojado al fuego para que se quemase. 

12 A las otras bestias se les había quitado el dominio, pero les había sido prolongada la vida por cierto tiempo.

13 Seguía yo mirando en la visión nocturna; y vi venir en las nubes del cielo al hijo del hombre, que se llegó al anciano de muchos días y fué presentado a éste.

14 Fuéle dado el señorío, la gloria y el imperio, y todos los pueblos, naciones y lenguas le sirvieron, y su dominio es dominio eterno que no acabará nunca, y su imperio, imperio que nunca desaparecerá” (Daniel 7: 9-14).

Aquí vemos como le es arrebatado el poder a las cuatro bestias que precedieron a la Monarquía Universal y con la venida del Hijo del Hombre terminan esas bestias por reconocer su dominio y su Reino como el Reino de la Eternidad. Después de las 4 formas que adoptó la Monarquía Universal humana, viene la Monarquía Universal celestial, a la cabeza de la cual no está el rey-hombre, sino el Rey Dios. Así, los magos-astrólogos, que procedían del Oriente, de Babilonia (que era considerada el lugar de nacimiento de la astronomía) y que son llamados los "Magi", es decir, los sacerdotes de la antigua religión persa, cuyo principal rasgo era la veneración del fuego sagrado.

También es significativo señalar que fue precisamente al interior de esta antigua religión persa donde surgió la doctrina del carácter sagrado del poder real, doctrina según la cual desde un inicio la mismo Deidad de la luz otorgo este poder absoluto a un enviado, al Khvareno (1), y que habla sobre la restauración en un futuro anterior al Fin de los Tiempos de un poder que es poseído por un Rey de la Luz, que es llamado el Saoshiant, el Salvador, el cual es el objetivo real al que debe conducir toda la religión y la misma historia. Así la teología babilónico-persa de la Monarquía Universal, encarnada en los Magos (ahora queda claro por qué se les llama "Reyes-Magos", es decir, los portadores de la tradición de una "Monarquía sagrada"), se fusiona por completo con el cristianismo. Y de muchas maneras queda claro el concepto mismo de "Cristo", el "Ungido", como el Rey del Mundo.

El Año Nuevo

La imagen de los Reyes Magos en la tradición cristiana occidental ha absorbido extensamente en su interior toda una serie de símbolos complejos que están asociados al Año Nuevo y el solsticio de invierno. Es significativo que los Reyes Magos a menudo sean representados como tres hombres con diferentes edades: un anciano de barba gris, un hombre adulto con barba negra y un joven sin barba. Al mismo tiempo, el anciano que es representado en los mosaicos de principios del siglo VII a menudo aparece usando una ropa roja, el joven usa una capa blanca y el hombre adulto usa una capa negra, que se corresponden con los tres colores principales que usa el simbolismo alquímico, las tres etapas de la Gran Obra. 

El Jano que representaba el Año Nuevo de los antiguos romanos también tenía dos edades, una de cuyas caras (la cual miraba hacia el pasado) tenía barba y la otra (que miraba hacia el futuro) no tenía barba. Los tres Reyes Magos eran representados con tres arboles al fondo, que correspondían a las tres partes en que se dividía el año: al comienzo esta la primavera, luego un árbol que florece durante el verano y finalmente uno que se marchita en el otoño-invierno. Por tanto, la Epifanía se relacionaba con todos los significados correspondientes a los fenómenos que sucedían en el año sagrado. No es ninguna casualidad que el solsticio de invierno fuera considerado en los tiempos precristianos como el momento en que también se producía el nacimiento de Mitra o del Sol Invencible, Sol Invictus. Así fue como el simbolismo del año solar llegó a entrar en contacto con la más importante de las fiestas cristianas. Esto igualmente se correlaciona con la profunda transición que se produjo desde una Monarquía Universal que se encontraba en un plano meramente humano hacia una que estuviera en el plano divino, idea que es expuesta en la historia misma que narra la adoración hecha por los Reyes Magos. El tiempo mismo transita de ser nada más que un tiempo cósmico a establecerse sobre la Eternidad, y el calendario natural es elevado hacia lo eterno por medio del calendario de la Iglesia que recuerda estos acontecimientos.

La celebración del nacimiento del Sol del Mundo, queda unida a un rico simbolismo y a muchas prácticas rituales desarrolladas con anterioridad, adquiriendo un significado trascendental que es celebrado en la Navidad y en la Epifanía cristianas. El Año Nuevo se convierte no solo en un giro más propio de esa rueda mecánica que sigue el ciclo de los tiempos, sino en el momento que marca un evento único de extraordinaria importancia: en este momento el futuro se convierte en el presente, ya no se trata de algo que será pospuesto y que surgirá “más tarde” o “mañana”. El mundo es transformado de forma verdadera e irreversible en algo nuevo, porque tiene lugar un milagro increíble: el nacimiento de Dios entre los hombres. Esto significa que el Antiguo Testamento y su ontología (y antropología) restrictiva se terminan (han sido ya cumplidos) y comienza la época del Nuevo Testamento.

Las tres funciones

La figura de los tres Reyes Magos también se puede asociar al simbolismo de las tres funciones correspondientes a las sociedades indoeuropeas. Tal dimensión interpretativa del legado indoeuropeo puede justificarse precisamente debido al origen persa de los Magos. Sin embargo, la sociedad persa, como cualquier sociedad indoeuropea (las cuales fueron brillantemente descritas por G. Dumézil [3]), se basan en un sistema donde existen tres funciones:

El estatus más alto en la sociedad indoeuropea lo poseen los sacerdotes, en el zoroastrismo, serían los Magos. Uno de los tres Magos personifica esta función. Su ofrenda era el incienso, el cual era usado en las prácticas sacerdotales. Esto función esta correlacionada con el aspecto de Cristo como "Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec" (Apóstol Pablo. A Heb. Cap. 7). El profeta David también menciona al "Sumo Sacerdote según el orden de Melquisedec" en sus Salmos (Salmo 109: 4) [4]. La tradición cristiana occidental identifica al Mago que entrega el incienso con Melchor, "el rey de Arabia".

La segunda función estaba asociada al aspecto militar y, en los límites de la misma, con la condición misma de ser un rey o un príncipe. Quizás esta función se corresponde al Mago que es representado como un hombre adulto y que le lleva a Cristo la mirra, objeto que era usado para realizar la "unción". Además, la mirra se usaba tanto para la unción del rey como para preparar los entierros, al frotar el cuerpo del difunto con ella. En la Edad Media, este don o regalo de los Reyes Magos estaba asociado frecuentemente con la muerte y con una figura que iba vestida de negro. Este Rey-Mago - Baltazar - era considerado el "gobernante de Etiopia", un país habitado por personas con "caras negras". La muerte era la parte más importante del destino del guerrero. Además, existe también la tradición de considerar que la mirra es un remedio curativo, y el hecho de que se la ofrecen a Cristo es, en este caso, la representación de su futura resurrección. 

La tercera función correspondía a los que trabajan, principalmente se trata de los campesinos, quienes eran los principales responsables de la producción de la riqueza. El regalo del oro se corresponde con esta función. El nombre persa Gaspar (rey de Tarso, es decir, el reino de Anatolia) significa precisamente el "que porta riquezas".

Es significativo que los otros dos nombres atribuidos a los Reyes Magos, Melchor y Baltazar, y que han arraigado en la tradición de Europa occidental contengan muchas indicaciones referentes al poder real de los mismos, lo que se corresponde con el hecho de que los "reyes" traen regalos y que los regalos solo pueden ser ofrecidos a un "Rey", al Rey del Mundo, al Rey absoluto. Por lo tanto, es importante tener en cuenta que el nombre de "Melchor" proviene del hebreo "melech" מלך ("rey") y אור "aor" ("luz"), que significa "Rey de la luz". El nombre "Baltazar" se remonta a la expresión acadia Bel-shar-uzur, que significa "Ba'al protege al Rey". La idea del poder es enfatizada doblemente: el mismo nombre "Ba'al" también significa "Señor". En la tradición latina, Melchor - "Rey de la Luz" - generalmente es representado como un anciano de barba gris y actúa como quien ofrece a Cristo el incienso. Mientras que Baltazar desempeña la segunda función. 

La dimensión política de la Navidad

El simbolismo de la historia de Navidad, que es representado por los regalos o dones que traen los Magos, puede ser visto como el paradigma por excelencia del misticismo político de la doctrina cristiana. En cierto sentido, el hecho de que los representantes de la tradición de la Monarquía Universal - en su versión más sagrada, la cual había arraigado por primera vez en el reino de Babilonia (de ahí la conexión con la astronomía y el Oriente en general) - adoren a Cristo, es decir, al Ungido, al Monarca absoluto (de ahí la pregunta de los Magos: ¿dónde ha nacido el Rey de los judíos?), representa la futura cristianización del Imperio Romano, que tuvo lugar con Constantino el Grande y que abre la época de los Concilios Ecuménicos.

Roma fue el Cuarto Reino, pero si al principio, en la época de las persecuciones y de las catacumbas, este reino actuó como la encarnación de un monstruo, luego con el reconocimiento de Cristo como el Dios verdadero, cambió su ontología política. Después de todo, el reconocimiento de Jesucristo es el reconocimiento del verdadero Rey y, por lo tanto, la transición de una estructura política puramente terrenal a algo fundamentalmente trascendental. La Roma cristiana se convierte no solo en una continuación del Reino que esta por sobre todos los Reinos y de la Monarquía Universal, sino que se eleva a un nivel absoluto que ya había sido anticipado y se hizo evidente durante la Epifanía.

De ahí surge la idea de una sinfonía de poderes, que es tan importante para la ortodoxia: la colaboración entre el Emperador y el Patriarca, y la función del Emperador como el "katechon", aquel que retiene la impiedad. El cristianismo no es solo una religión que puede existir bajo cualquier forma política y que no tiene una forma política propia como suelen decir quienes hacen una observación superficial del mismo. El cristianismo es una enseñanza sobre el Reino trascendente y sobre Dios como Rey, el Dios de la Trinidad, que gobierna tanto el Cielo como la Tierra. Por lo tanto, su gobernador en la tierra no es solo una persona común y corriente, sino que está dotado de una misión escatológica que debe presidir y observar el trono real hasta el inicio de los últimos días y no permitir que el enemigo del hombre y el enemigo de Dios, el diablo, el Anticristo, distorsione y pervierte el orden divino, es decir, el mundo y la sociedad. La doctrina del imperio sagrado no es solo una adición histórica introducida por Roma. Lo encontramos en los orígenes mismos del cristianismo, en la magnífica y conmovedora fiesta de la Natividad de Cristo.

Notas:
[1] En otro lugar, posiblemente muy anterior, era llamado Bithisareus. 

[2] También existen leyendas sobre un cuarto Rey Mago llamado Artaban. Artaban no pudo inclinarse ante Cristo cuando recién había nacido, ya que había ayudado a los demás todo el tiempo en el camino mientras seguían las estrellas. Vio a Cristo solo en el momento de la crucifixión. En el cristianismo sirio y en la Iglesia armenia, se cree que había 12 magos. 

[3] G. Dumézil. Los dioses supremos de los indoeuropeos. Moscú: Nauka, 1986. 

[4] R. Guénon habla particularmente sobre Melquisedec y la figura del Rey del Mundo en el libro “El Rey del Mundo”. R. Guénon. El Rey del mundo. Ensayos sobre esoterismo cristiano M.: Belovodye, 2008.

Notas del Traductor:

1. La palabra rusa Khvareno no tiene una traducción directa al español, pero significa esencialmente la realidad sagrada de la que están dotados los reyes, la cual es complementada por una misión escatológica universal.