Manolo Monereo de la mano de Gramsci y Fusaro: contra la izquierda traidora.

02.01.2020

Manolo Monereo de la mano de Gramsci y Fusaro: contra la izquierda traidora.

Por una Izquierda Viriato

Es posible otra izquierda. Incluso es posible una alternativa política que no sea ni de izquierda ni de derecha, que sea, simplemente "decente". Manolo Monereo no precisa presentación: comunista, marxista, gramsciano. Monereo es la izquierda "de toda la vida". Pero es la izquierda honesta que no pasa por el aro del globalismo. Es una de esas pocas voces (juntémosla a la de Julio Anguita) que no pone reparos en una defensa del marco nacional, por qué no decirlo, marco patriótico, en la defensa de las clases trabajadoras. El Estado es el dique de contención más eficaz, el único, en la defensa de los derechos de las clases subalternas, las perdedoras en este genocidio llamado "Globalización". Un Estado que no defiende a los trabajadores, ni tampoco a las clases medias (sometidas a rápido proceso de descuartizamiento social y proletarización) no es otra cosa que el verdugo del pueblo, el agente mismo de que se sirve el Capital para aplicar sus recortes, sus "liberalizaciones", sus agendas de ingeniería social y control ideológico. El Estado popular es el Estado que protege a su Pueblo, y el tipo de Estado que el Pueblo considera suyo frente a estos poderes cada vez más invisibles y transnacionales (poderes como corresponden al imperio universal del Capital). Además, ese Estado fuerte de que habla una auténtica izquierda, representada a mi juicio por Monereo, es un Estado que no se doblega ante la Unión Europea ni ante otras entidades mundialistas (ONU, UNESCO, OTAN), entidades supranacionales de las que El Estado nacional es, recordemos, socio y no esbirro. Un Estado fuerte es protección para el pueblo, y esto no lo quiere entender la izquierda podemista, ahora en su grotesca versión dirigida por Pablo Iglesias: una izquierda que, bajo una apariencia vocingleramente anarcoide o trotskista, en realidad supone uno de los apuntalamientos más útiles al Nuevo Orden Mundial: una falsa izquierda que se dedica defender el globalismo. No fronteras, no Estados, que todo cambie salvo la dominación global del Capital. Esto es lo que defiende la izquierda globalista y, en términos de Fusaro, la izquierda "fucsia".

A partir de una interesante entrevista aparecida en El Viejo Topo [https://www.elviejotopo.com/articulo/sin-pelos-en-la-lengua/], entresacamos estas palabras de Monereo: 

Entrevistador —Eso implicaría un retorno a la consolidación del Estado-nación, algo que no está de moda. ¿Qué pasa con el Estado-nación? ¿Porque cuando defiendes el Estado-nación se te acusa de rojopardismo y otras lindezas?

Manolo Monereo (M.M.) —Desde hace mucho tiempo existe una contradicción fundamental entre globalistas y antiglobalistas. Y hay una izquierda globalista. En todos los países europeos el establishment, los grandes medios de comunicación, los grandes partidos están de acuerdo con la globalización tal como es, y cuyo elemento central es la defensa a ultranza de la Unión Europea. Todos los que se oponen a eso son rápidamente descalificados, definidos negativamente, porque el poder define lo que es correcto y lo que es incorrecto, lo que es bueno y lo que es malo. La izquierda española en su mayoría, incluso Unidas Podemos en parte, se ha situado en la izquierda globalitaria. A los que estamos en contra se nos ha acusado de ser la izquierda Viriato. La izquierda que está contra el progreso, nada menos.

E:—¿Viriato?

M.M: —Viriato se enfrentó a Roma no porque Roma significará el progreso, sino porque esclavizaba a los suyos, mataba sus tradiciones. Se nos llama Viriato porque no estamos de acuerdo con el dominio de la UE, como los lusitanos no lo estaban con el dominio romano. Todas las invasiones se han hecho en nombre de la civilización y de la raza superior. Renunciar a ser Viriato es renunciar al derecho de los pueblos a decidir su futuro. Ser Viriato es no aceptar la dominación extranjera de alguien que se considera superior cultural y políticamente, y que se impone con las armas en la mano.

Ya está tardando en surgir una Izquierda Viriato, esto es, una izquierda que reivindique un Estado nacional. Una izquierda española y españolista, si se quiere. Efectivamente, muchos comunistas y gentes de izquierda, como el propio Manolo Monereo, están a favor de una visión federal y plurinacional de España, modelo teórico en principio posible pero que puede morir de viejo antes de haber nacido tal y como se están poniendo las cosas en Cataluña. Pero, al mismo tiempo, es una izquierda nacional que se sitúa radicalmente en contra del secesionismo. Un secesionismo como el catalán que recurre a la violencia, a la intimidación y a la ruptura del marco legal. Un secesionismo que parte de un principio de insolidaridad entre las regiones hispanas así como de un supremacismo que, incubado en el regionalismo decimonónico, se transforma en un nacionalismo buscador de privilegios (búsqueda que ha hallado satisfacción sobrada desde 1978, si no ya en pleno franquismo). Una izquierda auténtica, Izquierda Viriato, no debería andarse con contemplaciones con este género de supremacismo. Sin embargo vemos aquí que los ambientes podemistas y todas sus "mareas" y marcas blancas son, de manera esquizofrénica, cuasi-nacionalistas, siendo hoy los mejores aliados de la causa secesionista. Esta izquierda que simpatiza y hace cuña con los nacionalistas y secesionistas es una izquierda suicida. Está dejando de lado a su "proletariado" (que todavía existe, y cada vez se ve más huérfano de representación política) y está haciendo de tonta útil al servicio del globalismo. Es una izquierda intrínsecamente contradictoria: de un lado no quiere fronteras (especialmente no las quiere en Ceuta y Melilla), y de otro lado sí las quiere (en torno al Ebro, delimitando Cataluña del resto-de-España). 

Monereo es, en cierta medida, un "fusariano". El filósofo marxista italiano ha provocado un inmenso revuelo en su país, y de rebote también en el nuestro. Es esta clase de intelectuales y analistas políticos cuya actividad consiste, precisamente, en decir lo que más duele. Y duele escuchar que la actual izquierda ("fucsia", como la denomina Fusaro) es ridícula, contradictoria y sirve de esbirro abyecto al Capital. Leemos a Monereo diciendo:

M.M.: […] Sabemos que somos minoría, pero lo que más nos molesta de toda esta historia es el triste papel de una parte de la izquierda, que actúa como los agentes y servidores de lo políticamente correcto. Son la infantería ligera de las políticas liberales. Son los que hacen bueno a Soros, los que hacen buena a la UE.

E: —¿Son estas las izquierdas a las que se refiere el filósofo Diego Fusaro como izquierdas fucsia?

—Sí. Yo creo que odian tanto a Fusaro por este tipo de cosas. Porque los define muy bien. Pero no es solo Fusaro, en Italia están otros como Moreno Pasquinelli, Porcaro, Formenti… gente que está harta de una izquierda subalterna que es capaz de asociarse para defender las peores políticas, a las que se había opuesto siempre la izquierda. […]

Sin embargo, el sambenito de "fascista", "rojipardo", etc. siempre está a punto de ser colocado a todo aquel que se sale del guión. Nunca estuvo la izquierda tan controlada ideológicamente. Ni las brigadas franquistas ni los comisarios políticos estalinistas tuvieron tan férreo control de cuanto se ha de decir y publicar. Todo aquel que defienda el Estado nacional (en nuestro caso, España) en su unidad (frente a enemigos internos) y en su soberanía (frente a la U.E. y demás enemigos externos) es "facha". Todo aquel que apueste por un control de la emigración y vele por la integridad identitaria de su población es "facha". Todo aquel que no se esfuerce por defender a minorías étnicas o sexuales –en ocasiones muy burguesas y privilegiadas ya por el Sistema- en vez de defender al propio pueblo trabajador –una masa que las pasa canutas- es "facha" y "populista". Pues bien, que ladren. Quizá haya venido la hora de una nueva izquierda populista a sumarse a los populismos más habituales hoy en día, de signo derechista. Se trata de una izquierda nueva, populista que se enfrentará a la mayoritaria y dominante, la de Unidas-Podemos, esa que ha perdido de vista al pueblo, lo odia, lo desprecia. Se trata de una izquierda Viriato que choque con aquella que prefiere estar del lado de los globalistas, esto es, un escaso 1% de la población que extrae réditos de la pérdida de fronteras, del flaqueo de los Estados, de la ruptura de los arraigos e identidades de las masas. Se trata de hacer frente a una izquierda que se pone del lado de quienes tergiversan la Historia y rompen la convivencia alegando privilegios y tratos de favor. Frente a la izquierda disolvente y esquizofrénica, Monereo en España, como Fusaro en Italia, reivindican un verdadero marxismo. Ambos han leído a Costanzo Preve o a Antonio Gramsci. Ambos saben de los peligros que trae esta traición de los Pablo Iglesias, los Errejón, los Echenique y los Pedro Sánchez. Una verdadera traición en toda regla. Traición al pueblo. España podrá ser un Estado fallido, pero es una nación secular, una unión de pueblos. Apostar por el secesionismo o mostrar tibieza ante él es una irresponsabilidad por la que tendrán que pagar ante la Historia. Dice Monereo: 

El intento de ruptura del Estado español es algo que debiera pensarse mucho teniendo en cuenta la tradición de este país. Intentar romper un Estado como el español, con toda su terrible historia, es una irresponsabilidad. Las rupturas de Estados suelen estar acompañadas o bien de una intervención extranjera, o bien de una guerra civil. Deberíamos tenerlo bien presente.

Palabras sabias. Son palabras de un comunista, de un hombre comprometido con el proletariado y la lucha contra el verdadero fascismo, a saber, el fascismo global del Capital. Un fascismo contra el que nunca lucharán los anti-fascistas "fucsias", porque hace tiempo que ya han vendido su alma. 

Enlace a la entrevista: https://www.elviejotopo.com/articulo/sin-pelos-en-la-lengua/