México, sin seguridad energética con el TLCAN (1ª parte)

09.08.2017

El mundo capitalista se mueve por la energía que se produce desde los combustibles fósiles, como los derivados del petróleo por los procesos petroquímicos, el carbón, el gas natural y el gas licuado de petróleo. Es lo que permite la generación de electricidad, las técnicas industriales, el transporte y el consumo de los hogares en los países.

Recursos no renovables pero indispensables para el desarrollo de cualquier nación, las reservas dependen de la geografía y su abundancia natural, conforme al territorio y ubicación en la costra terrestre.

Y el hecho de que muchos países no poseen reservas de combustibles fósiles en el subsuelo de su territorio, o bien los hace dependientes de las importaciones desde otros países explotadores, o de plano como Estados Unidos de América que emprende guerras para apoderarse de las reservas energéticas de otros.

México, por su parte, carece de una política de Estado para el fortalecimiento de su seguridad energética —es la preocupación de algunos especialistas en la materia[1]—; es decir, una política de largo plazo ajena al condicionamiento de intereses privados internos y foráneos.

La hipotecó, su seguridad energética, desde que en el Congreso mexicano se aprobó la reforma energética en 2013, cuando se abrieron las puertas de par en par a la inversión de particulares, bajo la clara intención de entregarles la renta petrolera de Petróleos Mexicanos (Pemex).

Al menos, porque la reforma energética no está cubriendo las necesidades del país, como garantizar la energía para el abastecimiento interno y un stock de combustibles suficiente, y de precios bajos para el consumo nacional.

Hoy es innegable que la industria petrolera encabezada por Pemex —así como por la Comisión Federal de Electricidad (CFE)—, atraviesa por un proceso de transformación complejo desde el 2012 a la fecha, por factores geopolíticos como: 1) Caída de los precios internacionales del petróleo, sobre todo por cuestiones geopolíticas, que complicó la situación financiera del país; 2) Agotamiento de sus principales campos petroleros, con Cantarell a la cabeza; 3) Problemas derivados de una administración fallida, y con un sindicato envuelto en la corrupción; 4) Política energética aplicada por los últimos gobiernos neoliberales tendiente al abandono de la empresa; extracción de recursos para el fisco y no inversión para su modernización.

En materia de precios, como puede apreciarse en la siguiente gráfica, las oscilaciones responden a dos causales: la crisis financiera de 2008 y el incremento de las reservas en Estados Unidos por el fracking, a partir de 2014.

Fuente: http://bit.ly/2pJXQIQ.

A lo anterior se agrega el continuo deterioro de Pemex derivado de la propia reforma energética, pues la empresa está siendo sometida a una situación de alta vulnerabilidad por la entrega del sector energético nacional a manos privadas.

El proceso de privatización está encubierto por la reforma, bajo el mando de “empresa productiva del Estado”.

Y un reflejo de dicha situación está en los grandes proyectos de inversión no circunscritos a los tiempos previstos (será la complejidad, la incertidumbre legal), o la opacidad en el proceso mismo de las licitaciones, los favoritismos, en tanto los particulares exigen las mayores garantías, a cambio de invertir únicamente, sean mexicanos o extranjeros.

La producción intensa de hidrocarburos no convencionales o Shale, por parte de Estados Unidos de América usando la técnica del fracking, ocasionó una sobreoferta de estos combustibles fósiles en el mercado internacional, lo que ocasionó la caída de los precios del petróleo. Al mismo tiempo, impactó en inversiones de largo plazo, como lo demandan los procesos de extracción para garantizar altos rendimientos.

De igual manera, resulta que el país no se está ocupando de manera contundente del actual proceso de transición energética que se presenta a nivel mundial, y por esa razón no invierten en el uso intensivo de las Fuentes limpias de energía, como alternativa a las carencias generadas en la industria petrolera —también en beneficio de la seguridad energética—, como tampoco lo está haciendo el mundo porque todavía los costos de explotación de los energéticos fósiles siguen siendo baratos.

El mercado energético mundial

Es necesario contar con una breve referencia de la situación actual del sector energético mundial.  Esto lo podemos llevar a cabo a través del análisis de la actual matriz energética mundial.

En materia de consumo global, por ejemplo, la principal demanda se focaliza en el petróleo con el 33% del total, seguido del gas natural con 24% y el carbón mineral 30%, para un total de energéticos de origen fósil del 87%. Le siguen, muy lejos, la hidroeléctrica con el 7% y la nuclear con el 4%. Ello fortalece la tesis de la llamada petrolización de las economías a nivel mundial. Es decir, que la sociedad contemporánea está petrolizada y seguirá así por algunas décadas más, al menos en cuanto las reservas lo permitan.

Las cantidades del consumo por tipo de energético por país en la siguiente gráfica, son un indicativo para comprender la importancia del petróleo y el gas, en términos de los volúmenes de consumo de los principales países del mundo: Estados Unidos, Japón, China, etcétera.

En el mismo tenor, los cálculos recientes de la Agencia Internacional de Energía (AIE), señalan una prospectiva de crecimiento que indica volúmenes no muy cambiantes, entre el 2013 y el 2040.

Es decir, el uso de las energías alternativas en el mundo todavía resulta escaso. La energía solar, la geotérmica y la biomasa, entre otras posibles. Por lo que falta mucho para que el mundo deje los consumibles energéticos de origen fósil.

Como puede verse, de acuerdo con los cálculos de la AIE y Repsol, los porcentajes no varían mucho. Valga como ejemplo el petróleo mismo.

De un uso del 31% en 2013 alcanza una disminución apenas perceptible, pues se coloca en un 26% para 2040 (siguiente gráfica). Un 5% de diferencia. Con un leve aumento del consumo del gas natural al pasar del 21 al 24%, y una ligera caída en el consumo del carbón que pasa del 29% al 25%.

Hacia el 2040 seguirá la demanda de los derivados del petróleo, aún y cuando la disminución sea de un leve 5%.

(Mtep, medida de toneladas equivalente de petróleo).

Los Estados Unidos de América

Por su parte, en materia de consumo de energía la economía estadounidense es la principal demandante en el mercado mundial: los Estados Unidos de América, vecino de México y Canadá.

El principal producto de la industria energética que requiere la economía estadounidense es, visto en el porcentaje: petróleo con el 36.35%, seguido del gas natural en un 29.10%, y en tercer lugar el carbón que registra el 16.04%. [2]

En ese tenor, cabe ilustrar el consumo por sector, con datos al mismo año de 2015, donde la producción de electricidad acapara el 39%, el transporte 29%, la industria 2.22%, residencial 6.5% y comercial el otro 4.07%.

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[1] Se trata de analistas como Víctor Rodríguez Padilla, Rosio Vargas Suárez, Fabio Barbosa Cano; así como personal del Instituto Mexicano del Petróleo, ex trabajadores de Pemex y algunos sindicalistas jubilados, entre otros.

[2] Por lo que a cantidades se refiere, éstas aparecen en Quatrillones de BTU, o 4 trillones de una unidad inglesa de energía llamada “British Thermal Unit”; donde una BTU equivale a unas 257 calorías.