Pandemia y Comunidad

01.04.2020

El virus COVID-19, existe. Si su nacimiento es producto intencional de algún Laboratorio, o fue producido por una mutación genética natural, sigue en debate. El virus está entre nosotros. En las últimas dos semanas, los medios de comunicación no hablan de otro tema. Aunque el centro del problema sea la cuestión sanitaria, de alguna manera se disimula la discusión de si, el abordaje del virus es una pantalla mediática para ocultar una crisis financiera-bursátil superior a la del 2008, o es una pandemia sin precedentes.

El virus, aparentemente no es tan letal como otros en el pasado, pero se contagia a gran velocidad, de la misma manera que por su naturaleza, muta constantemente. Investigadores, estudiosos y colegas, han escrito un sinfín de artículos desde su aparición y desde diferentes ángulos. Un factor común que se desprende de la gran mayoría de los textos que analizan la situación actual, es la coincidencia en el tiempo, de una crisis sistémica en el modelo capitalista de valorización financiera, con una pandemia de gran envergadura.

En este contexto, pretendemos subrayar un eje que nos parece pertinente sobre todo si miramos hacia el futuro: El renacimiento de la idea de “Comunidad”

El regreso de la “Comunidad”

Ferdinand Tönnies (1855-1936), es quién en 1887, escribe Comunidad y Sociedad. Texto que no logra trascender hasta versiones posteriores (1912, 1932…). El autor, a través de este ensayo pretende explicar la emergencia del mundo moderno. Con el surgimiento del nuevo orden, la vida familiar y comunitaria, en donde prevalecen los afectos de proximidad, es reemplazada por la vida cosmopolita de las grandes ciudades, en donde prima la racionalidad y el distanciamiento entre sus miembros. En suma, el autor pretende explicar el pasaje de un mundo medioeval a un mundo moderno.

Para F. Tönnies, este pasaje de un orden social a otro, expresa un proceso de des-humanización, de decadencia, de alejamiento de un orden de valores, de afectos y de unidad orgánica del hombre con la naturaleza de la que forma parte. La postura de F. Tönnies, fue o bien apoyada, o bien cuestionada por algunos pensadores de su presente y a través de la historia. A saber, Durkheim; Max Weber, Parsons, etc.

Destacamos este texto de F Tönnies, ya que fue el primero en sistematizar con insistencia a través de las diferentes versiones del texto original, el tratamiento de este eje. Las medidas actuales que se están tomando para mitigar las consecuencias de la pandemia, nos permite poner en debate ciertas certezas, verdades o afirmaciones hasta poco tiempo atrás incuestionables. Como ser: Los beneficios de la globalización y las ventajas incuestionables de la sociedad abierta, del libre mercado, etc.

La idea de la Comunidad en la época de F Tönnies, se inscribe en ocasión del nacimiento de la sociedad moderna. Hoy, la idea de Comunidad, surge en una etapa de descomposición relativa de aquella sociedad moderna. Esa descomposición, se acelera en el presente, pero tiene un punto de ruptura a mediados de los años ´70, cuando el modelo financiero de valorización se separa y determina la economía real, impactando severamente en la vida cotidiana de las personas.

Esta idea renovada de Comunidad, como dijimos, se potencia ante el cierre de las fronteras y los límites al intercambio comercial y de circulación de personas, bienes y servicios implementados en todo el mundo. No significa regresar al pasado, ni desconocer los avances de la ciencia, la tecnología y las comunicaciones en la integración de las regiones distantes. Significa, pensar que no es necesario seguir dependiendo de este orden financiero-delictivo. Significa que sin justicia social, ni solidaridad, la globalización es un mito.

Pero eso sí, una Comunidad en dónde los diferentes grupos y sectores que la conforman, tengan un sistema de valores en común y no caigamos en una mayor tribalización y fragmentación social.

Tribus vs. Comunidad 

En este marco se generalizan ideas; tales como, cierre de fronteras, vivir con lo nuestro, aislamiento social voluntario. En fin, algunas nociones relacionadas exclusivamente con la cuestión sanitaria y otras vinculadas a otros campos de la realidad, como ser: la geopolítica, la economía, etc.

Para pensar la etapa pos-pandemia, vamos a tomar dos referentes teóricos que nos permitan rescatar ideas desarrolladas tiempo atrás en diferentes contextos, para encarar la resolución de nuestros problemas.

Por un lado tenemos a Johann Gottlieb Fichte (1762-1814), a través de su trabajo, “El Estado Comercial Cerrado” (1800) aborda una serie de temas que bien podrían servir como una guía para el tratamiento de lo nuestro. Dentro de la filosofía política clásica alemana, se preocupa por el lugar del Estado, pero en el marco de la reconstrucción de la identidad alemana. Busca diseñar instituciones con el máximo de racionalidad, pero que estén asociadas a la emancipación-nos dice-, del género humano. Estamos en los inicios del siglo XIX.

J, G. Fichte, nos habla de la creación de un Estado Comercial jurídicamente cerrado, en donde será posible la introducción de una moneda nacional, suprimiendo así la moneda mundial. Esto si bien no es posible trasplantarlo mecánicamente a nuestro país y al presente, por lo menos, nos puede servir para pensar en cómo avanzar en liberarnos de la dependencia absoluta con el dólar. Tomando como referencia una canasta de monedas para el intercambio comercial, o bien, para reserva de valor. Sin ir más lejos, también están nuevamente en la superficie del debate académico y político, las teorías de las cuasi-monedas, o del dinero sellado (Silvio Gesell, 1862-1930).

Para Fichte, el Estado es la garantía para que a cada persona obtenga lo suyo, lo que le corresponde, eliminando o reduciendo el intercambio comercial entre individuos y el intercambio con el exterior.

Las medidas tomadas por la generalización de la pandemia: las limitaciones en el comercio exterior y el cierre de fronteras, es un ejercicio, que puede ser tomado como una prueba para re-significar nuestros propios valores, nuestros recursos naturales y humanos, y nuestras estrategias de desarrollo sin depender tanto del exterior.

Por otra parte tomamos a Samir Amín (1931…), cuyo pensamiento se inscribe en las corrientes marxistas o neo-marxistas de las décadas del ´60 y ´70. De él, tomaremos el concepto de “Desconexión” (1988), idea que se inscribe dentro de la disputa entre Occidente y Oriente, y más precisamente en el debate entre capitalismo y socialismo, en plena Guerra Fría.

Originariamente el término fue elaborado en el marco del eje teórico y político: Países desarrollados vs. Países subdesarrollados, y en la posibilidad de éstos últimos de desconectase del capitalismo desarrollado, dentro de la esfera de los países socialistas. Con el tiempo, el término se ha vuelto sinónimo de autarquía, vinculado a una suerte de retraimiento comercial, financiero con el exterior.

Nos dice Samir Amín, “El desarrollo de los países de la periferia del sistema capitalista mundial pasa, por una ruptura necesaria con aquel, una desconexión, es decir, por la negativa de someter la estrategia nacional de desarrollo a los imperativos de la mundialización”.

Es decir, que el Estado es concebido desde una posición soberana, y con base en las fuerzas nacionales. Hoy el mundo es multipolar, la crisis del mundo unipolar es evidente, por lo tanto, es una oportunidad para ensayar estrategias que tiendan a una mayor independencia de los poderes financieros estatuidos.

Tanto para J. G. Fichte, como para S. Amín, a pesar de responder a visiones diferentes, y vivir en momentos diferentes de la historia, ambas posturas responden a visiones anti-liberales, defensoras de una función altamente racional del Estado, de los Estados Nacionales. Desde ahí y, desde nuestra Patria Grande es que debemos pensar nuestro futuro.