¿Por qué no triunfa en España la «Derecha Alternativa»? (1ª parte)

07.02.2017

El pasado día 21 de enero se celebró en la ciudad de Coblenza una cumbre de diferentes partidos identitarios europeos auspiciada por “Europa de las Naciones y las Libertades” y organizada por el partido Alternativa por Alemania, que intentando aprovechar la investidura del día anterior del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, pretendía demostrar que este grupo político del Parlamento Europeo contaba con la fortaleza suficiente para afrontar este año 2017, donde habrá citas decisivas con la urnas en Holanda, Alemania y Francia. Una situación que sin ningún género de dudas determinará la supervivencia a corto plazo del proyecto de la Unión Europea.

A esta cita no fue invitado oficialmente ningún partido español, si bien si estuvo presente Santiago Abascal (líder de Vox), así como Tatjana Festerling (máxima mandataria de PEGIDA), que estaba en el evento como Presidente de Fortaleza Europa, confederación de la que es miembro la federación española Respeto (unión de Plataforma Por Cataluña, Partido de la Libertad, España 2000 e Iniciativa Por Albacete) y otros grupos políticos de Europa del este con representación institucional. Una realidad que nos lleva a plantear una de las preguntas más habituales que se hacen muchas personas desde el fin de la transición española y la desaparición del partido Fuerza Nueva, ¿Por qué no triunfa en España, a diferencia del resto de Europa, un partido situado a la derecha del espectro ideológico del Partido Popular? Intentaremos arrojar algo de luz en las siguientes líneas

Todos los análisis realizados hasta la fecha por diferentes  periodistas, sociólogos y politólogos, suelen señalar los siguientes problemas a la hora de justificar el porqué no existe un partido de la llamada ultraderecha en España, a pesar de la grave crisis económica que sufre este país desde finales del año 2007:

  • La opinión pública española es sociológicamente de izquierdas fruto de 40 años de dictadura franquista, por lo que el votante más extremo sigue votando al PP, dejando sin opciones a otras formaciones que quedan en el espacio vacío existente a la derecha del partido que preside Mariano Rajoy.
     
  • La inexistencia de un líder carismático que aglutine a las numerosas siglas que conforman la extrema derecha española, lo que genera una competencia, incluso violenta, entre los diferentes grupúsculos existentes.
     
  • La ausencia de formación política, preparación y capacidad estratégica de los  cuadros y militantes que conforman estos movimientos.
     
  • La irrupción de Podemos, que como afirma su propio dirigente Iñigo Errejón, ha copado el voto del descontento y del anti-establishment que en otras naciones da su apoyo a formaciones de extrema derecha.

A nuestro modo de ver, la conclusión arriba concretada en cuatro puntos, no sin ser parcialmente cierta en alguno de ellos, no explica en profundidad el porqué no aparece en España un partido homólogo al Frente Nacional o al Partido de la Libertad austriaco. Por lo que en los siguientes párrafos intentaremos matizar y estudiar detenidamente dichos puntos, así como añadir otros nuevos, que nos permitirán dilucidar las causas que imposibilitan a día de hoy la aparición en nuestro país del movimiento que se ha dado a conocer como derecha alternativa.

España no es sociológicamente de izquierdas

Para empezar, diremos que es un error pensar que la opinión pública española es de izquierdas, pues en España ya no hay ningún movimiento político con representación cuya prioridad existencial venga determinada por la “lucha de clases” y el “materialismo”. Aunque se repita machaconamente que Podemos, Bildu o la CUP son partidos comunistas, lo cierto es que insertan demasiados principios liberales en su corpus ideológico como para ser considerados marxistas de estricta observancia. En todo caso hablaremos de comunistas trostkistas, gramscianos o de cualquier otro tipo de comunismo que ya enumerara el propio Karl Marx en su Manifiesto. Por ejemplo, en Podemos o movimientos sociales como el 15M, el concepto de clase es sustituido por el “género”, la etnia o, incluso, la Religión (buen rollito Zen o islamofilia). Una situación que no pasa desapercibida para muchos comunistas “ortodoxos” que, en el seno de lo que se conoce por sus contrarios como “Verdadera Izquierda”, se oponen frontalmente a los citados partidos y movimientos que se agrupan en lo que catalogan peyorativamente como “Izquierda Posmoderna”.

Así que en España hay que tener en cuenta que no existen a día de hoy partidos de izquierda socialista de peso, sino que lo que nos encontramos son cuatro grandes partidos liberales, unos más socialdemócratas en lo económico que otros, pero mayoritariamente liberales. Porque ser liberal no es solamente ser un seguidor de la academia austriaca de economía (que también), sino que ser liberal es apoyar la ideología tendente a fijar al individuo y a su egoísmo como el sujeto de la historia, lo que le lleva a éste a rechazar cualquier determinación no elegida libremente, ya sea ésta la Patria, la clase, la raza, el sexo, etc…, siendo la única unidad de destino para el liberalismo, un mundo global y sin fronteras, cosmopolita y de ideología de género, que se denomina “sociedad abierta” y que se desarrolla en la obra del filósofo liberal Karl Popper, de la que la fundación de George Soros toma nombre e ideas (Open Society).

La derecha liberal promociona la extrema izquierda posmoderna

Por lo que si en España no existe una sociedad sociológicamente de izquierdas, habrá que investigar la razón por la cual el votante del PP, preponderantemente  conservador, sigue dando su voto a un partido que en la Comunidad de Madrid aprueba una Ley para perseguir administrativamente a aquellos que defienden la doctrina católica.

Nuestra hipótesis y explicación vendría motivada por el influjo de un instinto tan antiguo como el miedo. El votante conservador tiende a ser temeroso de los cambios repentinos que puedan afectar a su vida, por lo que sólo hace falta que exista un partido como Podemos, para que un votante huido por los elevados casos corrupción del PP, vuelva a votar a este partido. La prueba de lo que decimos quedó constatada tras las últimas elecciones generales, donde el PP llegó a recuperar 600.000 votos a causa de la posibilidad de que pudiera existir un pacto de gobierno en la que Podemos pudiera adquirir diferentes parcelas de poder.

Teniendo en cuenta esta premisa, es fácil comprender la estrategia seguida por el PP de Pedro Arriola y que ya trazara el difunto Manuel Fraga hace años. Según esta teoría, el éxito del PP y el centro derecha en España vendría marcado por la ausencia de opciones políticas a su derecha. De esta manera no es extraño que el PP promocione la existencia de partidos como Podemos, ya que esta situación ayuda a que el voto de derechas se aglutine en torno al PP, lo que permite a este partido competir por votantes de otras tendencias políticas.

En este sentido podemos afirmar que la formación morada no obtuvo su representación en la Cortes gracias a unos supuestos 425.000 euros llegados desde Venezuela por el pago de un informe, o a los 3000 euros mensuales que pudiera recibir Pablo Iglesias por la realización del programa Fort Apache en el canal iraní Hispán Tv, sino que Podemos debe su éxito a la publicidad gratuita que le fue otorgada por grupos multimedia de derechas como Intereconomía o Planeta (a través de su cadena de temática izquierdista de la Sexta). Unos medios de comunicación, por cierto, que más tarde frenarían el crecimiento del propio Podemos mediante la promoción de un partido como Ciudadanos, que vendría a sustituir a una formación que no acababa de cuajar en el panorama político español  como UPyD.

El recuerdo del franquismo no influye en el voto

Por otro lado, si no existe una derecha alternativa en España, tampoco tiene nada tiene que ver con ello la dictadura franquista, ya que cuando Franco murió, muchos de los actuales votantes españoles no habían nacido o eran demasiado pequeños como para juzgar aquel periodo político de la historia de España. Si hoy no existe esa nueva derecha que recorre Europa, mucho se debe a la falta de suficientes medios humanos y económicos de los partidos que conforman ese espectro ideológico, así como a una falta de voluntad por parte de medios de comunicación, empresas y grandes grupos políticos para promocionar una opción de esas características.

Nuestra experiencia nos confirma que aunque hayan aparecido nuevos partidos políticos autocalificados como anti-casta o regeneradores, el espacio político para un partido de la llamada extrema derecha, existe realmente. La prueba de ello la podemos encontrar en comarcas de la vega del Henares, donde partidos comos España 2000 aumentaron ostensiblemente su representación y número de votos, pese a tener la competencia de partidos como Ciudadanos y Podemos en máximas cotas de popularidad en aquel momento. Una realidad comarcal que, con suficientes medios y militancia, podría hacerse extensiva a toda la Comunidad de Madrid y al resto del Estado.

La extrema derecha no seduce al voto obrero

Cuando uno analiza el éxito electoral de formaciones como España 2000 o Plataforma por Catalunya en poblaciones importantes como Alcalá de Henares, San Fernando de Henares, Mataró o Salt, se percibe rápidamente que reciben gran parte de los votos de los núcleos obreros donde se encuentran firmemente asentados. Una tónica que se repite constantemente en el resto de Europa, como se puede observar al cotejar los resultados electorales en Austria, Francia o el Reino Unido, por poner algunos ejemplos.

Teniendo en cuenta esto, podemos afirmar que, al igual que sucede en Europa, en España sería viable un partido de extrema derecha si éste se centrase en atraer al voto trabajador, cuestión que tradicionalmente en España es obviada por diferentes grupos de derechas, excesivamente encorsetados en posiciones económicas ultraliberales.

Factores psicológicos de los españoles

Pero además de los mensajes equivocados, el poco trabajo en la calle, el silencio informativo, la ausencia recursos y la falta de capital humano, existen otros condicionamientos que impiden la aparición de un partido de la denominada ultraderecha en España. Causas que habría que buscar en lo más hondo del ADN y del espíritu del pueblo español desde los albores de los tiempos, y que ya resumiera perfectamente el Doctor Misael Bañuelos en su obra “Problemas de mi tiempo y de mi Patria”. Según Bañuelos, los factores psicológicos culpables de la decadencia de una nación que un día fuera Imperio serían:

  • La indiferencia y la ignorancia de la clase directora, incapaces de profundizar y estudiar los problemas que aquejan al país. Un hecho que imposibilita que se den cuenta de las transformaciones ocurridas en el mundo.
     
  • La incapacidad del líder en delegar aquellas actividades en las que no está capacitado, lo que imposibilita el desarrollo de un país.
     
  • El individualismo salvaje, lo que lleva a la aparición de la envidia, el recelo y la desconfianza, que conduce a silenciar a todo aquél que pueda lograr una situación preeminente. Una realidad que dificulta la creación de Sociedades Anónimas y de subsistencia.
     
  • Despreocupación por el porvenir de su pueblo, algo que incluso se detecta en el refranero español con: “el que venga detrás que arree”. Un hecho que nos acaba conduciendo al hedonismo y a la comodidad personal, aunque nuestros hijos y nietos lo puedan pasar mal.
     
  • Falta de una cultura eficaz, pese a que sí hay una cultura e instrucción que no es inferior a otros territorios de Europa.
     
  • El exceso de resignación, donde uno prefiere aguantar los golpes del destino, en vez de actuar y luchar contra las dificultades

Estos factores psicológicos  enumerados estarían totalmente presentes en la mayoría de los españoles de nuestro tiempo, y por tanto, en gran parte de las personas que conforman la mayor parte de grupos de la llamada ultraderecha de nuestro país. Situación que de no ser corregida, acaba fomentando la imposibilidad de representación de una formación de estas características.

Pensemos que en muchos de estos partidos y movimientos, existen clases directoras incultas e ignorantes incapaces de tener un mínimo de pensamiento estratégico y táctico, líderes excesivamente controladores y desconfiados que se muestran recelosos a delegar funciones, envidias y luchas intestinas entre facciones, exceso de cultura teórica y poca práctica, presencia de numerosos militantes en las celebraciones y muchos menos en el trabajo más tedioso o de calle, exceso de resignación (todo está perfectamente controlado y por mucho que se haga nada se puede conseguir).

...