PUTIN HA SALVADO A RUSIA DE CAER EN EL ABISMO, PERO ¿QUÉ VENDRÁ DESPUÉS?

25.07.2021
¿Quiénes componen la élite rusa de hoy? ¿Por qué Vladimir Putin apoya al mismo tiempo a los patriotas y a los liberales? ¿Por qué la democracia resulta ajena a Rusia? Alexander Dugin responde estas preguntas.

– Alexander Dugin, he leído la nueva doctrina de seguridad nacional rusa y da la impresión de que es una mezcla de varias cosas. Todo parece coherente, pero tienes la sensación de que no existe ningún enemigo y eso crea un enorme vacío. La nueva doctrina de seguridad nacional solo se centra en la defensa y a pesar de que se mencionan algunos enemigos y adversarios, se deja de lado cualquier perspectiva de avance y movilización que lleve a nuestra sociedad hacia el futuro. Uno deduce que Putin está solo y nadie quiere seguirlo a la hora de ir a la guerra, quizás es por eso que esta doctrina de seguridad es puramente defensiva. ¿Cuál es su opinión?

– Pienso más o menos lo mismo. Es bueno que ahora contemos con una definición clara de quienes son los adversarios que enfrentamos, los cuales ahora tienen nombre propio, sin hablar de que se hace explicito el propósito de defender a Rusia de la presión externa que le impone Occidente, aunque yo afirmaría que solo este último nos ataca. La nueva doctrina de seguridad es muy clara en este sentido. Por supuesto, es un modelo puramente defensivo, pero, al contrario de sus anteriores versiones, habla explícitamente del mundo multipolar, crítica a la hegemonía occidental, el imperialismo y defiende la existencia de una civilización rusa, además de que habla del desafío que presuponen las redes. No es un documento completamente malo, ya que, después de todo, se refiere antes que nada a la doctrina de seguridad nacional. Por lo tanto, considerar que debería hablar exclusivamente de nuestra realidad civilizatoria sería pedir demasiado. Sin embargo, lo que dice al respecto me parece bastante adecuado.

Por otra parte, el documento revela claramente que la influencia liberal y globalista en el entorno de Putin es muy fuerte. Da la impresión de que el documento fue escrito primero por el Estado Mayor o la GRU, el SVR o el FSB y luego fue modificado por liberales como Gref, Siluanov o Chubais. El texto no hace otra cosa sino repetir los compromisos ideológicos que Putin ha asumido durante los últimos 20 años: una combinación entre el liberalismo y la globalización mezclado con la soberanía y el realismo. Ambos principios son mutuamente excluyentes en términos lógicos, políticos y filosóficos, mientras que la teoría de las relaciones internacionales establece que son escuelas opuestas. O somos liberales o somos realistas. Putin sin duda es realista, pero se encuentra rodeado de puros liberales. Además, divide sus compromisos entre el realismo que práctica con sus hombres de confianza y el liberalismo de su entorno político. En un mismo párrafo se nos dice que debemos fortalecer nuestros valores soberanos y luego se afirma que es necesario integrarnos rápidamente al resto de la comunidad mundial y defender los principios del derecho internacional. Esto quiere decir que debemos reforzar nuestra identidad con el único objetivo de disolvernos a una mayor velocidad dentro de un océano cosmopolita y mecánico lleno de individuos. Es como si cada frase o párrafo negara sus propios argumentos, por lo que deja la sensación de ser una doctrina puramente defensiva.

El documento refleja la confusión mental de Putin, porque él mismo no hace sino dudar y no sabe qué hacer. Y no es que no cuente con nadie que esté dispuesto a seguirlo: lo que sucede es que ha enviado lejos a quienes están dispuestos a luchar junto a él o los ha aislado. Aquellos que podrían acompañarlo en un ataque tanto ideológico como político y psicológico han caído en desgracia o se encuentran bajo arresto domiciliario.

Ahora bien, quienes ocupan puestos administrativos dentro del Estado son gente modera, pasiva o tibia que, parafraseando el Evangelio, no son “ni fríos ni calientes”. No es gente que sea patriota de corazón, sino personas que están dispuestas a convertirse en patriotas cuando se chasquea los dedos e igualmente dejan de serlo por los mismos motivos. Además, también existen los liberales radicales que son leales a Putin. Putin les dijo que podían seguir siendo liberales, pero debían ser leales a él. Aunque muchos de ellos no aceptaron esto de buena gana, finalmente se le unieron. Ese es el compromiso que Putin asumió y eso es lo que encontramos en este documento de seguridad nacional: el Estado Mayor escribe lo que piensa y los liberales fieles a Putin, que no han abandonado sus ideas, se dedican a deformar todo lo que el primero nos entrega.

En la teoría de las Relaciones Internacionales existen dos escuelas de pensamiento: la liberal y la realista. La escuela realista piensa que la soberanía de un país es el valor por excelencia que se debe defender, mientras que la escuela liberal considera que la soberanía debe desaparecer con tal de instaurar un Gobierno Mundial. Esta contradicción entre el realismo y el liberalismo la encontramos por doquier en este documento de seguridad nacional: en él se defienden ambas escuelas y eso es imposible. Es casi como si se tratara de un trastorno mental. No se puede ser realista y liberal al mismo tiempo. Todo eso produce confusión y destruye la racionalidad. En el fondo es algo muy peligroso. Por lo que podemos asumir que este 2021 las cosas seguirán igual y no encontraremos la cura a esta esquizofrenia.

– Está claro que esta doctrina refleja el estado en que se encuentra élite actual. Sin embargo, ¿no es más acertado decir que la élite rusa se ha degradado? ¿Acaso una élite en tal estado será capaz de enfrentar los retos que Rusia deberá afrontar en un mundo cada vez más globalizado? Por ejemplo, solamente tenemos que mirar la lista de candidatos del partido Rusia Unida para la Duma estatal: encontramos jugadores de hockey, paralímpicos, biatletas, estrellas de cine y del espectáculo. Gente de todas las profesiones excepto de campos tan importantes como la tecnología y la electrónica. No obstante, la Duma estatal es un lugar donde se preparan los especialistas que entran en las empresas. Pienso que esa es la razón por la cual Putin no cuenta con nadie…

– No creo que los parlamentos sean el lugar donde se preparan los futuros líderes del país. El parlamento está formado por personajes aleatorios y nominales a los que no se les exige nada y no se les otorga ninguna autonomía: se trata de llenar puestos vacíos o elegir figuras reconocidas. Por otra parte, estas personas no deben tener opiniones propias y deben limitarse a seguir la política que ha impuesto el Estado. Putin considera que el parlamento no debe ser un estorbo. No existe la rotación al interior de este sistema: las decisiones importantes se toman dentro de círculos íntimos y las luchas y derrotas, estructuras y fortalezas, de los distintos clanes del país existen independientemente de la Duma. La Duma no influye en nada. No obstante, es una institución muy costosa, porque ella está compuesta de gente sin valor o futuro. En Rusia no existe nada parecido a la democracia liberal, o si ha existido entonces ha prácticamente desaparecido. Todas las decisiones son tomadas por Putin o por los verdaderos agentes de influencia que no están dentro de la Duma. Lo mismo sucede con el Consejo de la Federación de Rusia o la Cámara Pública. El sistema ruso es vertical, monárquico y el gobernante tiene el derecho a hacer su voluntad, dándole a los hijos boyardos o los magnates aquello que deseen. Estos magnates en las sombras resuelven sus problemas con el círculo íntimo de Putin o hablan personalmente con Putin en vez de llevar sus quejas al parlamento o los sectores políticos, intersectoriales, ministeriales, provinciales o territoriales. Putin congeló la política rusa con el objetivo que no sucediera nada. Por lo que nadie toma decisiones independientes y eso es bueno. O al menos es lo correcto

Es por esa razón que la Duma tiene gimnastas que hacen piruetas, cosmonautas que viajan al espacio o artistas que cantan. Y eso está bien, pues nadie habla o piensa en la Duma.

Otra cosa muy distinta es el hecho de que la falta de absoluta transparencia en la redistribución de fuerzas y cargos al interior de las estructuras de poder impide ver como este funciona. No sabemos cómo exactamente opera el poder y al final todo depende de los acuerdos que acontecen dentro del círculo íntimo de Putin, lo cual es muy malo. Sin embargo, la lucha entre diferentes agencias, oligarquías y clanes, como sucede con los chaeboles (1) de Corea del Sur, no afecte o influye en lo más mínimo dentro de nuestro sistema político. Estas luchas no se reflejan en el parlamento ni en los medios de comunicación. Los medios de comunicación se dedican a decir puras tonterías para entretener a la gente mientras que el parlamento es una especie de refugió o pantano al que nadie va.

– Si eso es cierto, entonces ¿de dónde sale la élite? ¿En qué lugar podemos encontrar personas realmente preparadas para enfrentar las amenazas que se generan a nivel internacional y que nos de soluciones? Al fin y al cabo, si nuestra élite se encuentra tan degradada como la Duma estatal, entonces ¿dónde encontraremos a los políticos que necesitamos? Cuando Inglaterra tuvo que combatir a Alemania contaban por ejemplo con un Winston Churchill y la élite cambió junto con él. Por lo que me pregunto: ¿dónde podemos buscar esta élite? Ya que sin ella no podemos esperar ir a ningún lado.

– Eso no le importa a Putin, ya que la élite son él y sus amigos: ellos son la élite. La democracia como tal resulta ajena al mundo ruso, jamás ha echado raíces en nuestro suelo. En Inglaterra ha existido una tradición democrática cuya eficacia puede ser discutible, pero la democracia existe en ese país desde hace muchos siglos. Rusia nunca ha tenido un sistema democrático y al parecer nunca lo tendrá. Es por eso que nuestra élite surge de otros lugares y eso lo entiende Putin.

Sin embargo, de vez en cuando un pasionario logra irrumpir dentro de las filas que conforman nuestra élite. ¿De dónde provienen estas personas? Antes que nada, de los militares ambiciosos, de los funcionarios de seguridad y de las fuerzas del orden, es decir, de aquellos que no ceden ante la corrupción que carcome a los empleados cobardes y sediciosos. Estas personas ascienden constantemente. Todo el tiempo podemos ver a estos personajes ascendiendo dentro del sistema de Putin: si ellos son capaces de sortear todas las trampas (ya que son pasionarios, son capaces de escapar de ellas), entonces pueden llegar muy alto e incluso avanzar paralelamente a los hijos de la élite que son protegidos y ayudados por toda clase de medios corruptos, aunque estos últimos persisten obstinadamente en su búsqueda de poder. Esta élite no es conocida, pero existe y se puede decir que conforma la columna vertebral del Estado tanto en los ministerios como en los organismos de poder. De no existir estos pasionarios, nuestro país y nuestro sistema de defensa se habrían derrumbado hace mucho.

Además, los círculos liberales también cuentan con pasionarios brillantes, fuertes, temerarios, decididos a hacer grandes negocios. Pero ellos se mueven en la dirección opuesta. Desean riqueza e influencia para satisfacer sus propios intereses y los intereses de la élite mundial, ya que sueñan con ser parte de ella algún día.

Putin se apoya en estas dos élites a la hora de elegir a los jefes de los ministerios y los departamentos del poder. A ellos le debemos sumar a los jóvenes que provienen de las empresas privadas que también han conseguido sortear todas las trampas sin que los hagan desaparecer, los maten o les embarguen sus almacenes porque sus negocios son fraudulentos. Aunque ya no existe tanta criminalidad. Putin convive tanto con estas bestias negras salidas de negocios turbios como con los guerreros que ascienden por sus propios méritos.

Pero llegamos a un punto de estancamiento, pues el actual entorno de Putin ha comenzado a obstaculizar el ascenso de estos nuevos personajes. Esta nueva oprichnina (2) tiene un doble origen tanto patriótico como neo-oligárquico, naciendo estos últimos de las grandes empresas y los grandes negocios. Es un fenómeno interesante, pero aquí es donde encontramos las verdaderas contradicciones entre la élite. Aunque todo eso pasa desapercibido tanto al nivel de la Duma como de los medios de comunicación.

– Por lo que podemos concluir que no existe democracia en Rusia. Es un diagnostico muy sombrío y nos remite a la oprichnina que creó Iván el Terrible. Putin igualmente tiene todo bajo su control.

– No exactamente. Es el pueblo el que mantiene unido al Estado y la sociedad. El pueblo y la democracia son cosas muy diferentes. La historia la hacen los pueblos, ellos son los que dicen “sí” o “no” a lo que sucede y eso es lo que legitima un sistema, un gobierno o un régimen.

La legitimidad de Putin proviene del pueblo y no del parlamento, las facciones y los clanes que existen en Rusia.

Putin ha conseguido crear una síntesis entre su gobierno y el pueblo, y eso es lo que mantiene a Rusia unida.

Rusia no ha sido gobernada por una élite que allá estado a favor del pueblo durante los últimos cien años. Tampoco podemos decir que la élite prerrevolucionaria fuera mejor. El pueblo ruso ha sufrido todos estos problemas y, a pesar de todo, continúa existiendo históricamente y conserva su esencia. Por eso creo que este pueblo no ha dicho la última palabra.

El pueblo ruso debe decir que es lo que piensa, pero eso solamente sucederá en el futuro, cuando la época de Putin llegue a su fin. Esta época se acabará tarde o temprano. Entonces, y sólo entonces, cuando Putin se haya ido, el pueblo ruso hablará finalmente y pronunciara un discurso escatológico triunfante o, por el contrario, veremos la destrucción y el colapso de todo.

– El panorama que nos pinta es bastante sombrío, ya que considera que la élite rusa es tosca y antipopular y por lo que veo piensa que eso se debe a que nació de la época soviética, pero no del pasado estalinista, sino de la élite degradada y parasitaria que existía cuando se acabó la URSS: una élite bastante conformista.

– Putin comprende mucho mejor al pueblo ruso que Gorbachov y Yeltsin. No obstante, le tiene miedo y no cree en él. Cuando el pueblo ruso comenzó a despertar en Novorossiya e inició la Primavera Rusa, Putin estaba aterrorizado. Vio en el pueblo ruso, en los héroes del Donbass, un levantamiento que destruiría todos los compromisos sobre los cuales había creado su modelo de gobierno. La movilización del pueblo durante la Primavera Rusa asustó a Putin. Él comprendió que un pueblo despierto sería muy difícil de controlar y que tendría que tomarlo en cuenta de ahora en adelante. En cambio, en la Duma solo ves nadadores y gimnastas. Pero la Primavera Rusa hunde sus raíces en un tema histórico profundo y Putin, siendo un ruso, sabe que es un elemento poderoso.

Putin comprende que si el pueblo se despierta entonces le dirá: “ya no queremos ningún compromiso, es hora de tomar una decisión coherente o deberás abandonar tu lugar y entregarlo a alguien más”.

Muchos fueron a Novorossiya a morir no porque siguieran una orden, sino porque su corazón los obligaba. Putin escuchó ese llamado el cual llegaba hasta el fondo de su alma, pero tomó una decisión: decidió no apoyar al pueblo ruso. Él pudo apoyar al pueblo y al parecer se sentía inclinado a hacerlo, pero tomó una decisión distinta. Putin comprendió la importancia de todo ello y decidió confiar en los funcionarios y los oligarcas que tiene bajo su control en lugar del pueblo.

Es correcto decir que Putin no esperaba algo parecido a lo que sucedió en Novorossiya y al final se echó para atrás. Creo que Putin simpatiza con el pueblo pues, a diferencia de la élite rusa, no es un rusófobo: él se siente cercano al pueblo y por esa razón no renuncia al patriotismo. Sin embargo, intenta minimizarlo, limitarlo, parcializarlo o someterlo a compromisos. Hace de todo para evitar que este sea libre.

Ahora bien, creo que es demasiado simplificado hablar de una élite estalinista y una élite soviética tardía: anteriormente existía una élite buena y luego vino una élite mala. No, no es que hayan existido dos élites, siempre fue la misma élite. La diferencia radica en que en la época de Stalin existía una ideología, una movilización social y una represión constante. Una vez que esta ideología se agotó, la movilización terminó por desaparecer y la represión llegó a su fin, esto llevó al estancamiento y finalmente todo se desmoronó. La élite estalinista comenzó a descomponerse cuando desaparecieron la violencia y la muerte, ello llevo a la eliminación de todos los vestigios de represión y agresividad que existían dentro del sistema. Este proceso de degradación constante se continuó hasta que llegamos a la década de 1980. Por lo que no se trata de dos élites distintas, sino de una. Para que esta ideología materialista pudiera existir, era necesario ejecutar, torturar y mutilar a los hijos y esposas de los disidentes. Y esa represión era la que alimentaba el sistema. Cuando Stalin murió y ceso la represión, entonces la élite simplemente se fue desplomando. Tal vez esto resulte difícil de aceptar, pero eso fue lo que sucedió.

– No sé si estoy entendiendo, pero creo que le está aconsejando a Putin que sea más duro.  ¿Acaso para mantener el equilibrio es necesario actuar con mano firme? Si seguimos esas ideas podríamos decir que se trata de un tire y afloja que cada vez se vuelve más peligroso y que puede salirse de control. Resulta extremadamente difícil definir qué puede esperarnos en caso de una confrontación mundial que no lleve al desastre, lejos de la seguridad y la paz.

– No creo que Putin haga nada de lo que le aconsejaría hacer. O más bien, creo que es incapaz de hacer esas cosas.

Él es un héroe que ha cumplido con su papel: salvó a nuestro país de la destrucción y eso era lo importante. Salvo a Rusia y ha sido duro o flexible dependiendo de la situación. En ese sentido, podríamos decir que Putin ha cumplido su tarea de forma brillante. Es un verdadero héroe y un regalo del destino porque le entregaron una Rusia moribunda, corroída por el liberalismo, la degeneración y el bandolerismo y que se encontraba al borde del abismo y la salvó.

Putin provenía de los círculos liberales y de repente, casi por accidente, los mismos monstruos que estaban desollando y devorando Rusia le entregaron el poder. Putin utilizó el poder para salvar el Estado y al pueblo ruso. Es por eso que es una figura heroica. Pero ya ha hecho todo lo que podía hacer

Ha cumplido con su misión histórica.

Ahora mismo enfrentamos otro interrogante: ¿qué vendrá después de Putin? ¿Todo seguirá como hasta ahora o volveremos al caos de la década de 1990? Los patriotas creen que el futuro será muy parecido al presente, mientras que los liberales sostienen que las cosas serán como en la época de Medvedev o, en el mejor de los casos, como en la época de Yeltsin. Y a eso se reduce la discusión

No obstante, existe una tercera alternativa.

Esta tercera opción no consiste en simplemente salvarnos del abismo y acampar junto a él hasta que por fin lo hagamos habitable, sino que consiste en alejarnos del abismo.

Cuando aconteció la Primavera Rusa estuvimos muy cerca de eso, pero todo acabó paralizado y esta parálisis dura hasta hoy. Una vez más estamos intentando vivir al borde del abismo.

Es parecido a lo que le sucede a un alpinista cuando sube por una pared muy difícil y termina quedándose a la mitad de camino, pero le falta superar la otra mitad.

Con tal de evitar nuestra caída nos quedamos quietos y no avanzamos más, pero cuanto más dure este descanso menos seremos capaces de retomar nuestro camino.

Todo se limita a hablar de si vamos a bajar o a quedarnos donde estamos. Nadie dice nada sobre seguir adelante.

Creo que debemos subir, ir mucho más allá de la dirección en la que nos llevó Putin. Él nos ha señalado el camino, pero no quiere ir en esa dirección o simplemente no puede ir hacia ella.

Ese es el camino que debemos seguir con tal de alcanzar el renacimiento social y cultural del pueblo ruso y de otras naciones euroasiáticas que llegaran a convertirse en una civilización soberana y un gran imperio. La Primavera Rusa fue un intento de ir en esa dirección: era el momento para acabar con todo compromiso que tuviéramos con la oligarquía liberal y el periodo soviético, y con la estúpida nostalgia a la que todo eso está ligado. Íbamos a hacernos cargo de nuestro destino: la creación de un Estado plenamente ruso en todos los sentidos, el retorno al Imperio y la construcción de una gran estructura euroasiática al interior de un mundo multipolar.

Nadie habla de esto ahora y no existe ni siquiera la voluntad de avanzar por este camino: estamos atrapados en medio de una bifurcación y no tomamos una decisión. Todo se tambalea de vez en cuando, pero no hacemos más que discutir si queremos volver o quedarnos donde estamos. Ambas opciones son erróneas. El rumbo que Putin tomó demuestra que debemos avanzar. Él mismo ha escrito o insinuado ese camino en varias entrevistas. Sin embargo, Putin no avanza en esa dirección.

Podríamos usar otra imagen: es como si viéramos un aviso en una autopista que dice que adelante encontraremos un hotel, pero no vemos este hotel… Putin es el aviso: él nos indica que habrá más adelante, es el camino y no la meta.

También Moisés sacó a su pueblo de Egipto y lo condujo por el desierto del Sinaí hasta llegar a la Tierra Prometida. No obstantes, Moisés no entró en ella y le entregó el mando a Josué. En estos momentos nos encontramos vagando por el desierto del Sinaí: casi llegamos a la Tierra Prometida en el 2014, la contemplamos y vimos su belleza y en lugar de entrar volvimos al desierto.

Así que podemos afirmar sin ningún problema que después de Putin existe otro futuro y ese sería el verdadero camino que nosotros debemos seguir. No se trata de decirle a Putin que haga algo que no quiere o reprocharle lo que no ha hecho: él ya ha hecho suficiente. No es necesario que él sea más duro o más flexible, simplemente no puede hacer nada más. Él hará, para bien o para mal, lo que es capaz de hacer y por eso es imposible influir en Putin. Por lo que resulta inútil esperar que cambie de ideas o que vaya hacia adelante. Putin no es otra cosa que el jefe de un campamento montado en medio de un camino y somos nosotros quienes tienen que decidir si suben o caen al abismo. Moisés siguió un camino muy distinto al de Josué. Moisés murió en el desierto mientras que su pueblo fue llevado a la Tierra Prometida por otra persona.

– ¿No existe una contradicción en todo esto? Al parecer China tuvo a alguien que lo llevó por el camino correcto: Deng Xiaoping, quien consiguió que China se pusiera a la vanguardia del desarrollo tecnológico y científico. Sin embargo, todo esto fue gracias al Partido Comunista el cual cuenta con un sistema de ascensos sociales que nosotros no somos capaces de imaginar. La élite china es reclutada al interior del Partido. Me gusta la analogía que has hecho: Moisés le entregó su misión a Josué. Pero Putin no tiene a nadie a quien legarle su misión. “Rusia Unida” no es nada más que un simulacro: el sequito de Putin solo está preocupado por su bienestar personal mientras que la oligarquía está podrida y en cualquier momento nos puede traicionar. No somos capaces de divisar ningún líder futuro, por lo que observo una gran contradicción y es la soledad en que se encuentra nuestro Putin. Es una especie de otoño del patriarca: no tiene a nadie en quien confiar. Me recuerda al dicho: “Después que murió Mahatma Gandhi, ya no queda nadie con quien hablar”. Y esta frase irónica se ha convertido en el abismo que hoy rodea a Putin, a pesar de que en Occidente lo consideran el político más importante del siglo XXI. Todo esto me resulta muy contradictorio. ¿Cómo podemos salir de este estancamiento?  

– Creo que el sistema ruso y el sistema chino son muy diferentes y no podemos compararlos. Deng Xiaoping era muy parecido a Gorbachov, pero siguió un camino muy distinto. Él tenía mucha más fe en las fuerzas de seguridad, aunque también dudó. Por supuesto, la URSS requería de grandes reformas, pero estas no debieron realizarse como las hizo Gorbachov y ni siquiera siguiendo a Deng Xiaoping. Lo que se debía hacer era cambiar nuestra ideología y preservar el Imperio, el Estado y el pueblo. Y el único sustituto adecuado era el eurasianismo. Ahora mismo el eurasianismo es el único medio con el que contamos para el renacimiento – mucho más difícil y doloroso – de nuestra civilización.

China superó todo eso gracias a la firme tradición con la que cuenta el pueblo chino, que al parecer es mucho más fuerte que la tradición rusa. Los lazos, tradiciones y rituales chinos no fueron trastocados por el comunismo, mientras que la tradición interna de la sociedad china resulto ser un punto de apoyo muy poderoso. El pueblo chino apoyó la purga de todos los agentes occidentales una vez que estos fueron derrotados y proscritos. Occidente entonces intentó atraer a China hacia el liberalismo y la globalización, pero los chinos solo aceptaron lo que les beneficiaba: solo aceptaron aquello que los fortalecía e ignoraron todo lo demás, así que tuvieron mucho cuidado. Sin embargo, también en China existe un lobby globalista y varios clanes liberales y oligárquicos. Además, existen feroces disputas y guerras internar entre los patriotas y los globalistas. El Partido Comunista se ha convertido en el instrumento, es decir, en el medio de conservar el poder y él ha garantizado la soberanía de China hasta convertirla en la potencia de alcance mundial que hoy conocemos. Fue así como se pasó de una China humillada y que de atravesó graves dificultades hasta la creación de un polo soberano. Pero acontecieron muchas maniobras y vacilaciones, además de baches, en el camino de China. Sin embargo, Partido los superó. Debemos aprender y comprender el cómo los chinos, a pesar de enfrentar retos tan difíciles, fueron capaces de conservar y reforzar su identidad. Sin duda hemos perdido frente a ellos.

He dado clases en la Universidad de Shanghái y admiro mucho su sistema. Si el más grande logro de Rusia ha sido Putin, entonces los chinos pueden jactarse de su sistema. Este funciona a diferentes niveles, mientras que nosotros dependemos de una sola persona que es consciente de lo que sucede y actúa de acuerdo a lo que tiene que resolver.

Cuando digo que Putin es como Moisés y, por lo tanto, es incapaz de hacer algo más de lo que ha hecho hasta ahora también afirmo la siguiente: ¿acaso Moisés, que había guiado a su pueblo por el desierto, no quería también entrar a la Tierra Prometida? Pero existía algo en el fondo de la historia sagrada que impedía tal suceso.

Pienso que Putin conoce los límites de su misión y ellos no tienen nada que ver con la edad, con el conocimiento y ni siquiera con lo que él quiera. Él ha acabado con la podredumbre, la decadencia y la debilidad que infectaban el sistema durante la década de los 80 y los 90. Putin heredó todos sus defectos y problemas psicológicos, sociales, culturales y genéticos del sistema soviético. Moisés por ejemplo era un príncipe egipcio y para los judíos ese era el símbolo del anti-reino y el poder de Satanás.

Putin busca a un Josué.

No confía en el pueblo ruso y ese quizás sea su defecto más grande. En cuanto a la Iglesia, solamente la ve como una institución y no como un principio espiritual y místico. Sin embargo, se siente atraído por el pueblo, por la ortodoxia y por el Imperio.

Podemos decir que esos son nuestros primeros pasos. Es obvio que quiere encontrar a alguien que saque a Rusia del atolladero en que se encuentra, pero esa persona no es él. Él no puede cumplir esta misión y ese es el problema. La función o misión histórica de Putin fue otra.

Putin incluso puede convertirse en un obstáculo para el Josué ruso, ya que tendría que aceptar lo siguiente: “Yo he hecho todo lo que he podido, pero tú debes ir más lejos”. Es algo sumamente complicado, debido a que Putin ha conseguido muchas cosas. Es muy difícil decirle a tu sucesor “yo he hecho muchas cosas, pero tú tienes que hacer mucho más que yo, ser mucho más inteligente y mucho más grande”. Decir algo semejante es extremadamente complicado para un líder y para un ser humano. El hombre es una criatura orgullosa y por esa razón existen las luchas entre las dinastías. La historia es testigo de cómo los hijos matan a sus padres o los padres matan a sus hijos, e incluso como los hermanos se matan entre sí, en nombre del poder y la gloria. Semejante pesadilla de luchas y guerras se encuentra ligada al terror de que alguien será mejor que tú.

El sucesor de Putin no puede decir: “No te preocupes Vladimir Vladimirovich, seré peor que tú”. No necesitamos a alguien así… ¡Por el contrario, eso sería lo peor! Así que Putin le preocupa eso y considera que será eclipsado: después de todo, el sacó de la ruina a un país y casi lo revivió o resucitó. Todo esto es bastante complicado desde el punto de vista psicológico.

Pero la verdad es que no tenemos a donde ir mientras sigamos dependiendo de simulacros como Rusia Unida o la fachada burocrática vacía que hoy impera. Este es un callejón sin salida. Tiene sus cosas buenas: por ejemplo, Putin da una orden y todos obedecen, no existen obstáculos y eso es bueno. Es bueno que obedezcan a pesar de tener caras tan poco atractivas y falsas, decoradas de vez en cuando con las sonrisas despreocupadas de un jugador de hockey o la frente amenazadora de un levanta pesas. Eso no importa.

Nosotros tenemos un modelo dinástico de traspaso de poder: todo depende de a quién elija Putin. Si él quiere ir al cielo, entonces señalará a Josué. Pero si tiembla, entonces caminaremos hacia el infierno y sin duda caeremos al abismo.

Los últimos 20 años que hemos vivido no fueron otra cosa que una pausa en este proceso de destrucción.

Teóricamente es posible que todo sea destruido, porque Putin es el soberano y la libertad humana consiste en eso. Nadie puede impedir que tomé esa decisión.

Este también es un lado interesante – a veces trágico – del monarquismo ruso. Nadie puede evitar que Putin tome una decisión terrible y bastante monstruosa. Nadie y nada puede impedirlo. A diferencia de China nosotros no tenemos ningún sistema o partido que lo evite.

Esa es la libertad absoluta con la que cuenta el monarca ruso. Y es por eso que nuestro sentido del tiempo esta tan saturado de significados y posee una riqueza y una realidad existencial tan enorme.

Nosotros vivimos bajo la sombra de tan difícil e imprevisible decisión que puede tomar un solo hombre. Pero esta decisión no ha sido tomada.

Putin, que cuenta con un poder prácticamente absoluto en Rusia, debe elegir entre el bien y el mal, la oscuridad y la luz, entre el ser y la nada.

Es una elección sumamente inquietante y tomar esta decisión puede desgarrar por completo a un individuo. Y eso resulta mucho más cierto si consideramos que las tinieblas a veces parecen ser la luz y el ser se encuentra en el fondo de la nada.

Notas del Traductor:

1. El chaebol es un modelo empresarial basado en grandes conglomerados con presencia en distintos sectores económicos, que se ha desarrollado en Corea del Sur. Las compañías que presentan esta peculiaridad se caracterizan por su fuerte crecimiento, desarrollo tecnológico, diversificación y una fuerte dimensión empresarial. La palabra en coreano significa negocio de familia, aunque también se utiliza para referirse a un monopolio. El modelo surgió después de la independencia de Corea del Sur, cuando su gobierno otorgó a distintas empresas nacionales un fuerte apoyo político y financiero para que lideraran el despegue económico del país, mediante la inversión en distintos campos como industria, siderurgia, tecnología y construcción entre otros. La labor de estos grupos contribuyó al crecimiento económico del país en la segunda mitad del siglo XX, hasta situar a Corea del Sur como uno de los “cuatro tigres asiáticos”. Algunos ejemplos de chaebol son Samsung, Hyundai, LG, Lotte y SK Group.

2. En la historiografía rusa la palabra oprichnina designa la política estatal rusa entre 1565 y 1572, caracterizada por represiones extraordinarias, confiscación de bienes y tierras de la nobleza y la iglesia a favor del Estado, además de la lucha contra la supuesta traición de la nobleza boyarda que llevó a ejecuciones masivas. Oprichniki se refiere a los funcionarios del estado que componían la guardia personal del zar Iván Vasílievich y aplicaban su ley.