Reseña del libro Poder y Fe. Ensayos de teología política, de Alain de Benoist

26.02.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

En memoria de Pierre-Guillaume de Roux

Este libro del filósofo Alain de Benoist es a la vez una obra ctónica y uránica, siendo este escritor, en los últimos tiempos, uno de los más prolíficos en publicaciones de toda clase. El título en mayúscula de este libro trata, en primer lugar, del poder y de la fe, por lo cual aborda tanto la política – en sus dos aspectos, estrechamente complementarios, que son la auctoritas y la potestas – como la teología, entendidos en su forma más amplia. Este libro es valioso sobre todo por su contenido que es bastante denso e inspirador al igual que instructivo, poseyendo una dimensión enciclopédica que lo hace una suma completo e inteligente sobre un tema que es inagotable y a veces complejo. Los ocho extensos textos que lo componen, bastante ricos en glosas y notas a pie de página, pueden ser agrupados como dos subconjuntos: uno que está relacionado con la teología política tal como la entendió el jurista Carl Schmitt y otro relacionado, generalmente, con la historia de las religiones.

El libro comienza con la afirmación del carácter polimorfo y ambivalente de la teología política, una noción dual que refleja nada menos que la complejidad de las relaciones a menudo conflictivas entre Dios y el César, entre lo espiritual y lo temporal. El cristianismo introducirá este paréntesis, que era completamente desconocido para la Antigüedad, ya que para esta última la religión estaba vinculada a los asuntos públicos de la ciudad sin crear entre ellos un antagonismo irreductible. Con la aparición del cristianismo surgiría lo que Rousseau llamaría un "conflicto perpetuo de jurisdicción" entre lo religioso y lo secular que terminó por desestabilizar durante mucho tiempo a Occidente. Sin embargo, este conflicto condenó al cristianismo a abandonar la ciudad terrestre para siempre, ya que, como observa de Benoist, "al disociar lo temporal de lo espiritual, el cristianismo simplemente creó las circunstancias propicias para que se hiciera posible que el poder temporal se volviera independiente del poder espiritual y que el hombre fuera libre de Dios. […] El cristianismo, en otras palabras, produjo la Modernidad secular en virtud del despliegue de su lógica interna. Por esta razón, hoy es la primera víctima de todo lo que ha engendrado".

Agreguemos, sin embargo, que la Modernidad no ha roto completamente con toda forma de trascendencia y la ha sido reducida a un curioso inmanentismo metafísico. "La Modernidad asume así la apariencia de una 'teocracia atea'. Cualquier forma de organización política, incluso la que quiera ser laica o secular, [especialmente como ha tomado forma en Francia, nota del editor] parece estar sostenida por una imagen metafísica del mundo”, dice Alain de Benoist. En otras palabras, la desaparición de la religión no ha causado la desaparición de los elementos religiosos.

Es por eso que Carl Schmitt pudo escribir esta frase: “Todos los conceptos que dominan la teoría del Estado moderna son conceptos teológicos secularizados” (Teología Política, 1922, 1969). El jurista alemán, que defendía la teología – no sin cierta ambigüedad – seguía la tesis de la secularización – que el teólogo alemán Erik Peterson intentaría refutar –  que consideraba abiertamente que la Iglesia, a través de su mediación entre Cristo y el pueblo de los creyentes, había hecho visible de forma política al Espíritu Santo invisible ("estar en este mundo, sin ser de este mundo", escribió, en 1917, en La Visibilidad de la Iglesia). Con esta tesis, el hobbesiano Schmitt únicamente podía oponerse frontalmente en contra del tomista Jacques Maritain.

Pero el ensayo de Alain de Benoist va mucho más allá de estas apasionantes disputas. Dedica también un fascinante capitulo a la oposición entre la Roma pecadora y la Jerusalén mesiánica que presagiaba el conflicto escatológico entre el Islam y Occidente. En otro capítulo, el autor aprovecha la oportunidad para destacar el vínculo trágico, pero innecesario, entre el monoteísmo y la violencia.

Un libro estimulante, educativo y erudito que pertenece a uno de los escritores más claros y elegantes de nuestro tiempo.