Ultimum Imperium

01.03.2021

Traducción de Juan Gabriel Caro Rivera

Antaios: Jean Parvulesco, ¿quién eres? ¿Cómo te definirías a ti mismo?

Jean Parvulesco: ¿Quién soy yo? Soy un luchador completamente despersonalizado que hace parte del actual ascenso de los revolucionarios clandestinos que buscan ayudar al ascenso imperial del Gran Continente euroasiático y que marcha hacia la instauración político-histórica de nuestro futuro Imperio euroasiático del fin. Estoy incondicionalmente comprometido con esta lucha desde hace mucho tiempo, por lo que ya soy incapaz de reconocer mis propios orígenes personales, tampoco reconozco ningún futuro que no tenga nada que ver con esta búsqueda y que no nos lleve hasta el final de esta empresa revolucionaria a la que aspiramos darle forma. Todas mis actividades creativas o habilidades de subversión superior, toda la conciencia que poseo de mí mismo y del mundo, e incluso mi propia existencia, en su curso más inmediato, pertenecen a este gran combate imperial clandestino que actualmente está afirmándose y en el que yo puedo ver el cumplimiento de una voluntad providencial dirigida hacia el advenimiento apocalíptico de un Regnum Sanctum. Ahora bien, ¿de qué se trata este Regnum Sanctum? Debemos reconocer en él el Reinado Final del Único Absoluto "y de los ejecutores predestinados de esa voluntad que viven en la historia y más allá de la historia, es la asunción suprema y trascendente de nuestro Imperio Euroasiático del Fin".

Por lo tanto, utilizo mis libros, mi literatura y mi trabajo de investigación sobre lo abismal con tal de llevar a cabo una de-conspiración activa de la realidad, una des-ocultación profunda del misterio que se vive en este mundo y en la historia del mundo, de ir más allá de la historia mediante el uso de mis actividades suprahistóricas, místico-polares y espirituales que a veces se hacen demasiado peligrosas como para mantener, fortalecer o exacerbar la marcha hacia adelante de una revolución imperial gran-europea y euroasiática. Me esfuerzo constantemente por definir, en términos de una acción contra-estratégica inmediata, y teniendo en cuenta la evolución de la situación, las metas inmutables que se revelan en nosotros mismos como figuras y afirmaciones de esta meta cada vez más central, clara y definitiva.

He optado por sacrificarme conscientemente por esta causa. Me he despojado de cualquier pretensión de tener una vida personal que sea reconocida por todos, de cualquier subyugación que implique entregarme a una carrera o buscar el ascenso social, todo ello siempre nos lleva a ceder de antemano en lo que creemos. Prefiero seguir los imperativos visionarios de nuestro combate: Yo ya no existo, no soy más que un “concepto absoluto” que hace parte de este gran combate imperial y revolucionario que esta en curso. Creo que en lo que a mí respecta, se trata de un nuevo tipo de militancia, de una especie de “activismo trascendental” que además se corresponde con la elevación que nos lleva a pasar a otro nivel de la lucha política. Se trata de estar comprometido con una vanguardia histórica que lleva todo a su fin y que se está preparando para escindirse del mundo, creando un opuesto que nos llevará un paso más allá de la historia, a la “trans-historia”. Es a eso hacia lo que nos conduce este “activismo trascendental” que esta a disposición de una nueva Orden de combatientes que gobernará este mundo venidero y su historia: una historia que, según las palabras de Heidegger, todavía nos resulta impensable. Raymon de Abellio, en Heureux les Pacifiques, dice:

 “Solo nos dirigimos a las personas invisibles, aquellas que sobrevivirán y serán las encargadas de repoblar el mundo. Depende de nosotros, de nuestra Orden, descubrir, retener, resumir los logros de los últimos milenios, de quizás unos diez mil años, para transmitirlos a esta nueva tierra que va a nacer. Es a ellos a quienes me dirijo, ¿comprendes? Yo no llamo a esto política”.

Las confidencias que acabo de compartir con ustedes aquí son bastante inesperadas y, sin duda, son ciertamente difíciles de expresar. Pero, al mismo tiempo, son absolutamente necesarias: de hecho, ya es hora de que nos situemos en el campo verdadero donde suceden estos combates que hoy determinan a la historia, la “gran historia”, y que marcan el final de un ciclo cósmico que desde el principio ya se está terminando. Ahora bien, es este combate lo que yo llamo precisamente como un “activismo trascendente”, es un compromiso existencial total que hacen unos pocos predestinados, unos cuantos despiertos que han sido golpeados por un rayo, que se han liberado en vida o que son unos visionarios comprometidos que ponen este ideal en primer plano. Es una acción revolucionaria de la cual no tenemos ningún retorno, porque sus objetivos están ya más allá de la historia. Y no me ahorraré la molestia de intentar desvelar cuáles pueden ser esos otros objetivos revolucionarios que están más allá de la historia y que son actualmente los que lleva a cabo nuestra propia acción clandestina en relación directa con este futuro Imperio Euroasiático del Fin y con la proyección supra-histórica final de éste Imperio hacia su identidad posterior, que será asumida por este Regnum Sanctum. Intentaré dejarlo claro en el transcurso de esta misma entrevista, aunque sólo sea para dar a conocer la justificación revolucionaria de la misma y la integración de esta lucha en la que estamos en primera línea. Esa es la autodefinición que puedo dar de mi propia personalidad: siguiendo esta dialéctica de la despersonalización revolucionaria, trato de definirme más bien a través de ciertas posiciones que van más allá del compromiso que tengo por cualquier límite y que van más allá de mí mismo. 

Antaios: Combinas múltiples y muy extensas influencias en tu trabajo. ¿Puedes contarnos cuáles fueron las grandes lecturas que has hecho? ¿O los grandes viajes que has vivido? 

Jean Parvulesco: ¿Mis lecturas? Creo que lo leí todo desde el principio. Siendo honestos, soy incapaz de determinar quién ha influido en mí, quien me ha proporcionado algún entretenimiento o quien le ha puesto limites a mí intelecto. Nunca he terminado de construir este intelecto por medio mis lecturas y no lo he conseguido hasta hoy. ¿O será que debo hacer una excepción con las obras de René Guénon?

Es precisamente porque nunca he aprendido nada a través de mis lecturas que puedo decir esto: solo he leído lo que me podía confirmar mis propias convicciones, mis certezas interiores, mis iluminaciones, solo puedo leer lo que desde un principio emergió de lo más profundo de mi propio interior y que terminó por asentarse de forma decisiva tanto en mi vida como en mi conciencia. Son mis propias certezas visionarias las que me atrajeron poderosamente hacia Hölderlin y también hacia Heidegger, además de algunos escritores ocultistas como lo fueron Arthur Machen, Dennis Wheatley y Talbot Mundy o John Buchan; igualmente me atrajo el Edgar Alan Poe de Las aventuras de Arthur Cordon Pym. También incluyo en esta lista los heroicos y exaltados escritos de Miguel Serrano. Todo lo que sé, todo lo que aprendí de forma misteriosa, es parte de un proceso incesante que me impulso por este camino de vida que, desde el momento en que finalizó mi niñez, estaba destinado a aflorar en mí a la edad de once o doce años; todo eso llegó a mí como parte de una enseñanza que se reiniciaba, que estaba renovada, que continuaba sin fin y cuyo murmullo abismal no me ha abandonado jamás.

Un ejemplo: si a los quince años había practicado intensamente con las novelas de Mircea Eliade era porque se me había ocurrido entonces la idea de que tenía que buscar puentes, puntos fuertes para apoyar mi propia visión fundamental y rectora de mi vida que era en ese entonces - y lo sigue siendo hasta hoy - el amor como modo supremo de acceso al conocimiento. Repito, no reconozco ninguna lectura que fuera decisiva para mí. Todo lo que he aprendido surgió de mi interior como parte de una enseñanza secreta que siempre se ha perpetuado en el mundo. Como dijo Agustín de Hipona:

Christus intus docet, "es desde el interior que Cristo nos enseña".

Por otro lado, viajar me ha enseñado casi todas las cosas sobre las que sé algo o al menos lo que creo saber ahora. Mi viaje espiritual ha sido marcado por un cierto número de encuentros – quizás debería llamarlas más bien citas – que he tenido con algunas ciudades, con ciertos "lugares concurridos", que son un total de trece: Medjugorje, Innsbruck, París, Versalles, Madrid, el Escorial, el Valle de los Caídos, Barcelona, ​​Palma de Mallorca, Roma, Berna, Ginebra y, finalmente, Cergy Saint -Christophe, en el Val d'Oise. Ante todo, me parece que debo insistir en lo que ha significado para mi el encuentro con estas trece ciudades, con estos trece "lugares especiales" que hacen parte de una misión decisivamente reveladora y que incluso tienen la condición de ser parte de algo más. En esta entrevista falta por completo el espacio necesario para decir todo lo que quiero decir, pero diré que volvería a visitar lugares como Innsbruck, París, el Valle de los Caídos, Ginebra y Cergy Saint-Christophe. Estas opciones se corresponden, debo admitirlo, con una especie de mensaje que ha sido cifrado y que está destinado solo para unos cuantos.

En Le Gué des Louves, escribí más o menos todo lo que sucedió en mi experiencia iniciática de Innsbruck, la primera de una larga serie de iniciaciones que posteriormente tendría. También fue muy fundamental la que tuve en el Valle de los Caídos. En Innsbruck, en la víspera del Año Nuevo de 1949 escribí:

"Estaba frente a la Compañía de la Guardia, frente a la Compañía de la Guardia Santa de las Puertas Imperiales, y me encontré convocado ante la misma asamblea oculta de los guardianes conceptuales del Regnum Sanctum, donde se estaba polarizando, en ese preciso momento, como por el fuego fulminante que despedía, la mirada de aquellos cuya comunidad continuaba ontológicamente existiendo en sí misma, por medio de un misterio vivo y actuante, un misterio entreabierto en ese entonces para mí, se trataba de las Altas Puertas del Imperio y, por lo tanto, del misterio vivo de ese Imperio".

Estando en la Real Basílica del Valle de los Caídos, en el verano de 1961, fui por fin coronado como Capitán de Cruzada por el Abad de Mitré, Justo Pérez de Urbel. Sin embargo, como abiertamente escribí en Le Gué des Louves, lo que sucedió en Innsbruck fue algo que nunca debería volver a recordar, mientras que en el Valle de los Caídos se trató de una experiencia que debía recordar constantemente y para siempre. Sin embargo, la contraparte de esta misión meta-histórica y trascendente, que me fue encargada en Innsbruck, en la víspera del Año Nuevo de 1949, y que fue, de hecho, para decidir cuál iba a ser mi vida, toda mi vida, fue parte de una contraparte deslumbrante que, de hecho, a partes iguales entre la ruptura y la asunción, ¿no fue acaso algo que me fue impuesto, de repente, el 2 de agosto de 1952, en la rue Boislevent en París XVI? En cuanto a mi experiencia de la rue Boislevent, en París, escribí alguna vez en L’Appel des origines antérieures lo siguiente:

"Un fuego nuevo debe llegar y de él sólo hablarán, de ahora en adelante, los que llevan dentro de sí los estigmas inconcebibles de ese fuego. He conocido por fin el rayo de Apolo este 2 de agosto de 1952 a las cinco de la tarde, frente al número 23 rue Boislevent. Esa es la visión que he tenido".

En cuanto a lo que me sucedió en Ginebra, para atestiguar la fe que me produjo, tuve que recurrir a una novela de cuatrocientas páginas titulada Un bal masqué à Genève. Allí hago un relato del movimiento que me llevó a un recuerdo de este polo el 24 de julio de 1969, ya que en ese momento se había reunido en Ginebra un congreso clandestino en el que participaban tres conspiradores abismales que desarrollaban una acción in situ: la conspiración abismal de lo oculto, de lo prohibido, de los precipicios subterráneos de Ginebra, la conspiración abismal que sucede en las alturas trans-eterias, "metagalácticas", así como - por tercera vez - el reencuentro, la integración, in situ, de las otras dos, durante un Baile de Máscaras que era comandado por la misteriosa Lena Forlani.

Finalmente, con respecto a Cergy Saint-Christophe, se recordará que la última parte de mi novela, L'Etoile de l'Empire Invisible, está dedicada a abordar estas revelaciones cósmicas, "metagalácticas", a las que había tenido acceso clandestinamente durante mi estancia en el Val d'Oise, lugar donde se encuentra el Eje Fundamental y transcontinental que existe allí, en medio de las misteriosas Puertas conceptuales de la Atlántida que encerraron los secretos de su acción en medio del Palacio Blanco de la Belvédère, lugar donde se produce una intervención, por medio de un dispositivo arquitectónico, de la marcha sideral de los tiempos, de estos últimos tiempos que forman parte del ciclo que se encuentra actualmente en proceso de extinción.

Por supuesto, es perfectamente obvio que estas últimas consideraciones – que no me atrevo a revelar – sólo pueden ser de muy poco interés para aquellos que aún no conocen la totalidad de mis trabajos. Sin embargo, no hay que disculparse por ello: son las reglas de juego. Una entrevista como ésta no debe tener como objetivo el facilitar la presentación de mis ideas, sino el proporcionar una forma de penetrar, de ayudar a explorar, las diferencias nuevas y específicas de mi trabajo dirigidas a aquellos que “ya van por este proceso”. La complicidad es también una forma de conocimiento.

Antaios: ¿Cuáles fueron tus más grandes experiencias? ¿La prisión? ¿Los campos de concentración? ¿La guerra? ¿El amor?

Jean Parvulesco: Conocí la celda blindada número 15 de la prisión central de la UDBÀ Titista, Dalmatinska Ulica, en Belgrado, el campo de concentración de Zrenianin, en el Banat de Yugoslavia, así como el campo de trabajos forzados de Litva-Banovic, en Bosnia, en las minas de carbón. Crucé toda Europa por medio del contrabando, desde Belgrado a Lisboa, y también recorrí del mismo modo África del Norte. Fui puesto bajo arresto domiciliario en Melilla, en el Marruecos español. Además, atravesé como polizón todo el Mediterráneo occidental a bordo de algunos barcos que llevaban la bandera española o liberiana. Hace cuarenta años, en medio de esta locura y estas aventuras tan estimulantes como peligrosas, únicamente guardo recuerdos que hoy me resultan extraños y que me son ajenos. En ese entonces me acerqué repetidamente a la muerte y realmente sentí muy de cerca su aliento helado sobre mí. Pero todo esto se ha perdido en la oscuridad, en las brumas de un pasado que ahora me resalta esquivo, como si hubiera sido vaciado de sí mismo y ahora fuera completamente inexistente. También participé en las grandes batallas políticas de la OAS (Organisation de l'Armée Secrète), como Secretario General del Gobierno Provisional de la Argelia Francesa y el Sahara en Madrid, junto con el Dr. Jean-Claude Pérez. Fue de ese modo que entendí la facticidad, la profunda inutilidad de la acción directa, que nunca resuena en el interior de forma inmediata, que siempre ocurre como si nunca sucediera, como si estuviera fuera de sí misma existiendo incluso en un espacio particular y en una temporalidad particular que plantea una especie de duplicado de sí mismo, como si siempre existiera en medio de un horizonte secreto donde la muerte sujeta esté presente en un solo instante. La acción directa tiene sentido sólo en relación con el trabajo de cierto control de uno mismo, que sólo tiene lugar en el inconsciente profundo, y cuyos efectos no pueden aparecer hasta mucho después, cuando uno se encuentra fuera de peligro y fuera de la zona de peligro inmediato donde experimenta la atención suprema de las cosas. También la acción directa sólo es adecuada para la juventud y para la gran juventud.

Entonces, solamente quedan las batallas revolucionarias contra-estratégicas que son las grandes batallas subterráneas que suceden en la historia invisible y en medio del poder oculto trascendente. Estas batallas están encaminadas a cambiar el sentido mismo de la historia e incluso el estado mismo de la realidad cósmica y meta-cósmica en medio del devenir último hacia las alturas del ser: es la batalla suprema de la "edad del hombre" y la temporalidad heroica donde la gran supra-historia se avecina y que, de forma secreta, tal vez ha llegado hasta nosotros. Sin embargo, detrás de todas estas luchas, se encuentra el secreto ontológico de los mismos estados que atravesamos, se trata de las grandes manipulaciones ocultas que causa el amor, las maquinaciones abismales cuyas reverberaciones resuenan incluso en la intimidad más prohibida del Aedificium Amoris cuyos muros de fuego vivo se elevan desde las profundidades más bajas hasta las más grandes alturas, es decir, las "alturas últimas". Sólo a través del amor se puede actuar de manera revolucionaria sobre el absoluto al interior de los espacios trascendentes de la historia humana y su desenvolvimiento supra-histórico que se encuentra abierto a las “alturas últimas”. Sin embargo, me interrogan igualmente sobre mis propias experiencias amorosas. Comprenderán que me es muy difícil extenderme acerca de este tema, cualquier confesión, por más abierta que sea ante las efusiones propias, tiene ciertos límites operativos que, no obstante, no se pueden sobrepasar. Pero puedo, sin embargo, confiarles que todas mis experiencias amorosas, incluidas las que he llevado hasta los límites extremos, al borde del precipicio que está más allá de la muerte, se transmiten en el contenido que narro en mis novelas, las cuales no hacen sino dar cuenta, en cierta manera, del camino necesariamente cuantificado - pero jamás alcanzado - del avance de mi propia espiral amorosa que realiza una trayectoria que ya se encuentra predestinada. Todas mis novelas son autobiográficas, todas mis novelas dan testimonio de mi viaje nupcial hacia un desenlace final planificado, que lleva consigo un inmenso secreto salvador, un compromiso escatológico supremo, sobrehumano y "divino". Porque es semejante nupcia amorosa la que da forma a los cimientos ocultos de este Imperio.

Antaios: Has conocido una gran cantidad de espíritus libres, entre ellos podemos enumerar a Heidegger, Evola, Pound, Abellio, Eliade, de Roux, Melville, Godard, Rohmer, etc. ¿Qué puede decirnos sobre ellos? ¿Qué nos pueden aportar estas personalidades en los albores del siglo XXI? 

Jean Parvulesco: Nada, absolutamente nada. Todos estos espíritus libres, o que estaban en proceso de liberación, y con los que he tratado en todos los años de mi vida, no pueden aportarnos nada nuevo para observar el futuro que viene y que se extiende más allá del horizonte del tercer milenio y del siglo XXI. Porque, aparte de Heidegger y Abellio, y cualquiera que sea por lo demás la brillantez de su indiscutible genio, ninguno tuvo como misión, al parecer, el inaugurar esa apertura abismal que nos lleva hacia un futuro que todavía es impensable y que desde hace mucho tiempo existe mucho más allá de la historia. Ese será, de ahora en adelante, los tiempos que marcan nuestra propia predestinación. Su misión, por el contrario, la de establecer el inventario de aquello que ha cerrado el ciclo en que vivimos y aprovechar este último estallido antes de que se produzca la extinción definitiva de todo. Siendo así, me parece extraordinariamente flagrante que este es el caso de Ezra Pound, cuya grandísima poesía sólo retoma, por última vez, el Facquis Trascendental de todo el ciclo de una civilización que se condensa en un “canto supremo”. Véase por cierto sus Cantos Pisanos. De modo que semejante poesía solamente puede esperar la llegada de otra raza de creadores que se encuentren volcados hacia un más allá imperial de la historia, hacia un futuro trascendente que debemos hacer nuestro, que es revolucionario y que, en los mismos términos de nuestra secreta predestinación, es de carácter imperial. Una raza visionaria, una raza de superhombres que es habitada por esa insoportable luz que emana del Regnum Sanctum.

Después de todo lo anterior, también podría compartir con ustedes una serie de recuerdos importantes sobre los encuentros que tuve y las amistades que forje durante mi generación. Pero, francamente, veo que todo eso sería innecesario para esta entrevista. ¿De qué me serviría decirles que Raymond Abellio había ido clandestinamente a Palma de Mallorca en 1964 para dar una serie de conferencias sobre la iniciación a varios ejecutores de campo, a los asesinos políticos de la OAS, con los que había hecho contacto en París mediante los servicios políticos especiales de la Embajada de la China Roja? ¿O qué Julius Evola había estado estrechamente involucrado en algunas actividades secretas externas de la OAS, o qué Dominique de Roux había intentado establecer un gran imperio transatlántico que comprendiera tanto a Portugal, Brasil y el África portuguesa, pero que los servicios especiales de Washington le impidieron llevar a cabo ese gran proyecto visionario?

Por otro lado, me parece que es mejor mencionar una situación común que involucra a todos aquellos - o casi a todos - los que pertenecieron a mi generación y a los cuales me acerque o frecuente muy de cerca. Esta situación común - y especial – puede debelar una dimensión que a la vez permanecía oculta y era bastante decisiva frente a mis relaciones confidenciales con respecto a ellos, así como de mis propias posiciones con respecto a la actual coyuntura espiritual que está sufriendo este mundo que por fin llega a su fin y que todavía no ha desaparecido. El crepúsculo de este mundo lo comento en mi ensayo Le Soleil rouge de Raymond Abellio, y que termina con la reproducción de una carta mía – un fragmento – que va dirigido a Abellio el día 14 de septiembre de 1980, donde le decía:

“Si existe un misterio viviente en nuestro tiempo, ese sería en verdad el misterio abismal, el misterio nocturno del impedimento que constantemente me hace cruzar la línea para lograr lo que ustedes conocen y que los demás exigen y esperan de mí. Además de que los poderes al servicio de la negación y el caos se oponen a mi paso, ¿qué podría ser más evidente? Pero lo que resulta menor es la deficiencia que sufre la contra-oposición de los nuestros, las deficiencias que se dirigen hacia mí y el Apoyo Externo que ustedes conocen”.

En efecto, todos ellos ponen su atención sobre mí y yo intento hacer uso de toda mi voluntad de saludarlos y liberarlos inmediatamente, pero se rehúsan obstinadamente a creer en la fe de aquello que potencia el poder del hacer y que secretamente quiero que todos voluntariamente acepten. Esta misión no puede perderse y continúa hasta el día de hoy. Así que nunca deja de constituirse a mi alrededor en una especie de cerco negro que me encierra. Este cerco es la materialización del vergonzoso resentimiento de todos aquellos que no me perdonan por el hecho de que nunca he correspondido a sus expectativas con respecto a mi predestinación salvífica, y que no saben que aquello que tengo que hacer sólo lo puedo hacer cuando llegue el momento porque no me corresponde a mí decidir la hora final.

“En cuanto a la fecha de este día, o la hora, nadie la conoce, ni los ángeles en el cielo, ni el Hijo, nadie sino el Padre”, Marcos, XIII, 32.

Antaios: Te has consolidado como uno de los maestros de las novelas que hablan sobre geopolítica. ¿Qué nos puedes decir acerca de tus reflexiones sobre el “gran gaullismo”? ¿Cómo llegaste al gaullismo?

Jean Parvulesco: De hecho, la novela occidental - la "gran novela" occidental - sólo representa indefinidamente la dialéctica original del "romance artúrico", el cual trata sobre la salvación y la liberación del Regnum histórico con la ayuda de una intervención supra-histórica oculta y con el apoyo de una maquinación amorosa superior que es llevada a cabo hasta sus últimas consecuencias y siendo finalmente victoriosa. "El amor gana". Por lo tanto, cualquier gran novela occidental tratará, de manera más o menos encubierta, de la salvación y la liberación del Regnum, además de las operaciones requeridas para que se lleve a cabo esta liberación final de las cosas. Operaciones que necesariamente deben tener lugar en el espacio visible de la historia y que entran en el ámbito de la geopolítica. Debido a la fuerza de las circunstancias, cualquier novela occidental auténtica deberá construir su narrativa mediante una serie de instrucciones geopolíticas sobre la realidad. Estas instrucciones permanecen ocultas detrás de su propio condicionamiento circunstancial, incluso detrás de los desarrollos mismos de la misma narrativa que logra. Como muy bien habrán comprendido, mis novelas no son una excepción: siguen, hasta el final, la dialéctica interna del “romance artúrico”, es decir, portan la instrucción geopolítica oculta que nos habla del concepto del peligro del Regnum y su restauración supra-histórica final. Solo tiene que verse al respecto mis libros L’Etoile de Empire InvisibleLes Mystères de la Villa “Atlantis”, etc.

En cuanto a mi gaullismo, su secreto radica, usando una simple frase de Bossuet, en: 

"Los designios del príncipe sólo se conocen realmente por su ejecución". 

Precisamente fue en los años sesenta cuando noté, en el transcurso mismo de los acontecimientos, que la situación activa que imponía el “gran designio” secreto al general de Gaulle, el cual era la reconstrucción del eje franco-alemán carolingio, fe iniciada por medio de un proceso de integración que a largo plazo abarcaría a todo el Gran Continente euroasiático. Esta integración sería realizada bajo un proyecto imperial que en ultima instancia tenía dimensiones trascendentes. Todo esto me obligó finalmente a reconocer en mis análisis lo que realmente era el gaullismo: era parte de una conspiración imperial supra-histórica que estaba en marcha y que era necesario usar a Francia como una herramienta predestinada de esta acción que llevaría a la manifestación y establecimiento de esta conspiración imperial a favor del gran continente eurasiático y que seguía, en líneas muy generales, el proyecto original del Kontinentalblock de Karl Haushofer. A esto debía prestarle mi apoyo y seguir más de cerca su movimiento, interviniendo en este movimiento con tal de impulsarlo, de acelerarlo y exacerbarlo por medio de una serie de tesis comprometidas en tal acción, y que debían dotarlo de las nuevas armas que necesitaría para sus futuros desarrollos. Me reconocí en ese proyecto por completo, solo me quedaba seguirlo. Al mismo tiempo, no quería admitir que existía alguna contradicción entre el hecho de que ahora me comprometía con el gaullismo y que esto chocaba con mis luchas anteriores en donde era un activista de la OAS. Porque la OAS nunca fue en ningún momento un movimiento político, tampoco era una Organización con sentido político propio, sino una especie de escuela de altos cuadros político-revolucionarios que se estaba forjando en el fragor de la acción, en el suelo, y que posteriormente adquiriría una verdadera dimensión política realmente revolucionario, que tendría justificaciones históricas verdaderas con tal de llevar a cabo cambios en la historia que la transfigurarían totalmente. 

También habrá que entender que, por encima del movimiento gaullista como tal, en sus manifestaciones políticas inmediatas y circunstanciales, me vi obligado a identificarme más bien con un "gran gaullismo" que tenía una realidad y unos fines supra-históricos más altos, los cuales movilizaban a este último secretamente por medio de una dialéctica imperial que le iba dando la forma de una estrella polar que se manifestaba como un Regnum Sanctum. Porque, en el fondo, eso es precisamente el gaullismo, el “gran gaullismo”, el “gaullismo del fin”.

Antaios: ¿Qué entiende por el Imperium? ¿Qué significado tiene este resplandoroso concepto?

Jean Parvulesco: La reconstrucción del Imperio sigue siendo el objetivo histórico-político final y supremo de cualquier renovación que suceda en este ciclo. Y decimos reconstitución porque el Imperio ya existía de una forma pre-ontológica incluso antes de que la historia comenzara – o de que comience nuevamente – y se reconstruye incesantemente en todos los ciclos, hasta que, al final de todo, más allá del ciclo, se renueva y llega a un estado de inmutabilidad final, supra-temporal, supra-histórica y “eterna”. Pues el Imperio representa la figura de la unidad primordial, antes de la separación del todo en partes, y también representa la figura de la reconstitución final del todo, cuando las partes dispersas y antagónicas se reintegrarán una vez más en la reconstitución de un conjunto imperial definitivo, nupcialmente reunido en torno a una unidad virginal, fuera del alcance y jamás alcanzado por nada, donde todo será reabsorbido para restaurarlo en su forma anterior.

Tal y como transcurren las cosas en este ciclo que casi termina, el objetivo de la lucha de aquellos que permanecen aferrados a ella, y que misteriosamente nadan a contra la corriente, los mantiene intactos y fuera del alcance del mal conservando su libertad fundamental. Todos ellos van hacia un escenario histórico fuera de las políticas inmediatas e intentan alcanzar lo que llamamos el Imperio Euroasiático del Fin, que deberá reintegrar en una unidad imperial renovada y total al Gran Continente Euroasiático, es decir, a toda Europa Occidental y Oriental, a Rusia y la Gran Siberia, al igual que a la India y Japón.

En una etapa posterior, el Imperio euroasiático del fin tendrá que elevarse hasta la identidad última del Imperio planetario del fin, cuya proyección trascendente, más allá de la historia, será el Regnum Sanctum, el renovado cumplimiento de la unidad pre-ontológica del conjunto que anteriormente, durante el primer comienzo de nuestro ciclo, era aquello que se llamaba como Sanctum, porque era la unión de la historia y de aquello que esta más allá de la historia: en su centro reina lo inmutable, el Absoluto Mismo. Entonces debemos entender que no es en modo alguno el esfuerzo de unos o la resistencia de los otros lo que finalmente decide el advenimiento del Imperio, sino la voluntad imperial de quien ostenta trascendentemente el poder central, es él quien decidirá el momento y las modalidades revolucionarias que llevaran a su restauración.

Antaios: En todos sus libros expresa una gran nostalgia por la Gran India. ¿Qué nos puedes decir al respecto?

 Jean Parvulesco: La llegada al poder en la India del Partido Bharatyia Janata (BJP), nos muestra el formidable maremoto que ha producido el nacionalismo hindú y del que hemos sido testigos en estas últimas elecciones. Es algo que no puede ser ignorado e incluso puede ser considerado como una señal deslumbrante, como la misteriosa aparición de una Nueva Estrella que brilla sobre el subcontinente indio: India entra ahora en la corriente principal de la historia mundial en medio de este diluvio final que la lleva a alcanzar un nivel más alto como parte de una “historia mucho más grande”. Este signo revolucionario concierne directamente al futuro actual del Gran Continente Euroasiático. Esta es una certeza absoluta. Lo que había sido la unidad total del ser y el destino de nuestro pueblo al comienzo del ciclo, actualmente se está terminando, mientras que ahora por fin comienza a reconstruirse, proyectándose más allá del final del ciclo y mucho más allá de este final, definitivamente el inmenso subcontinente indio, habiendo entrado en la fase decisiva de su retorno nacional-revolucionario hacia sí mismo, tendrá un peso absolutamente irrevocable en este proceso de impulsar aún más este proyecto de nuestro Imperio Euroasiático del Fin.

Hoy, todas las fuerzas nacional-revolucionarias presentes y activas en el espacio interior del Gran Continente Euroasiático deben movilizarse de forma imperativa, reuniendo todas las fuerzas disponibles, tanto las visibles como las ocultas, que apoyen este proyecto a un nivel ideológico y político-administrativo en el terreno, en la India, así como en el exterior o por fuera, esto es especialmente importante ahora. La Revolución Nacional hará renacer a la India y la está llevando hacia un nuevo destino. 

Esta es también la razón por la que acabamos de establecer, en París, como primera estructura operativa de recepción y apoyo, un Grupo de Investigación Geopolítico para la Gran India que será la base donde se reunirán todas nuestras iniciativas que van desde una movilización general de los europeos y la creación de un gran frente nacional revolucionario continental que gire alrededor de la Nueva India y de la Revolución Nacional India que se eleva como un clamor que anhela un futuro distinto. En el mismo momento en que, en el Oeste del Gran Continente Euroasiático, por un doble movimiento de degeneración política nacional, tanto en Francia como en Alemania, el polo carolingio franco-alemán parece entrar en una fase de incertidumbre y fatídicas vacilaciones que son mantenidas y exacerbadas desde lo más bajo por las fuerzas subversivas que causan un desencanto artificial y nos conducen hacia una alta traición, en Oriente, como si se tratara de un contra-movimiento de alta renovación compensatoria, la India toma el relevo y nos asegura la continuidad revolucionaria de lo que ya ha comenzado a hacer nuestro pueblo y que, en adelante, no puede fracasar. Todo esto nos conduce al advenimiento futuro de nuestro Imperio euroasiático del fin: esto es lo que prueba que una voluntad providencial actúa bajo tierra, que un alto mando supra-histórico está trabajando, desde lo invisible, para socavar la actual acción imperial que se produce en nuestro continente. Que el centro de gravedad político-revolucionario del Gran Continente Euroasiático se haya desplazado desde Europa Occidental a la India, es un hecho que contiene un significado bastante nuevo o decisivo, y requiere de una profunda reflexión y un cambio de actitud que no será no menos profundo que el cambio de nuestra propia mentalidad. Porque es en la India donde nacerá la nueva esperanza que nos mantiene vivos. 

París, equinoccio de primavera de 1998.