Nuevo libro de Bernard Lugan: "Esclavage, l’histoire à l’endroit"

Lunes, 31 Agosto, 2020 - 12:38

Todos los pueblos practicaron la esclavitud. Pero sólo los blancos lo abolieron. A través de la conquista colonial, obligaron a aquellos que continuaron practicándola a renunciar a ella. Sin embargo, sólo se criminalizó el comercio practicado por los europeos.

El 10 de mayo de 2001, al votar unánimemente la "Ley Taubira", los diputados franceses impusieron así una visión ideológica y maniquea de la trata de esclavos. Esta ley, de hecho, sólo denunciaba la trata de esclavos practicada por los europeos, ignorando el comercio de esclavos árabe-musulmán, comercio éste que sólo terminó con la colonización. 

Christiane Taubira ha justificado esta singular hemiplejía histórica para que "los jóvenes árabes (...) no carguen sobre sus espaldas todo el peso del legado de las fechorías árabes" (L'Express, 4 de mayo de 2006). 

Con su voto, los diputados franceses borraron así de la memoria colectiva decenas de millones de víctimas. Empezando por las innumerables mujeres y niñas bereberes que fueron acorraladas en lo que los conquistadores árabes llamaron la "cosecha bereber". Ibn Jaldún habló de los "hermosos esclavos bereberes, con su piel color miel". ¿Y qué hay de los millones de secuestros europeos que tuvieron lugar hasta el siglo XIX en el mar y a lo largo de las costas del Mediterráneo, hasta tal punto que se dijo entonces que "están lloviendo esclavos cristianos en Argel"?

Esta ley también ignora el papel de los propios africanos. Como los europeos esperaban en la costa a que sus socios africanos les entregaran a sus cautivos, dependía en última instancia de que éstos aceptaran o se negaran a venderles a sus "hermanos" negros. La realidad histórica es que una parte de África se enriqueció vendiendo la otra parte. Los cautivos no aparecían por arte de magia en los sitios de comercio, sino que eran capturados, transportados, estacionados y vendidos por los comerciantes de esclavos negros. Esto llevó a los obispos africanos a decir: 

"Así que empecemos admitiendo nuestra parte de responsabilidad en la compra y venta del hombre negro... Nuestros padres participaron en la ignominia de la trata de negros y la esclavitud. Fueron vendedores en la innoble trata de esclavos del Atlántico y del transahara" (Declaración de los obispos africanos reunidos en Gorea en octubre de 2003).

Sin embargo, por odio a todo lo que es "blanco", los que se han autodenominado "descoloniales" [décoloniaux] niegan estas realidades históricas en favor de una falsa historia que introducen con fórceps utilizando métodos terroristas y que es cobardemente aceptada por las "élites" europeas que han entrado en la dhimitud doctrinal. Así, el 19 de junio de 2020, el Parlamento Europeo votó una resolución surrealista en la que condenaba "el uso de consignas destinadas a socavar o debilitar el movimiento Black Lives Matter y a diluir su alcance". El Grupo LFI incluso presentó una enmienda para reconocer como "crimen contra la humanidad" sólo el Tratado Europeo, y no la "trata de esclavos" en general, como estaba previsto en el texto original.

Esta empresa subversiva está experimentando desarrollos aparentemente inusuales. Por ejemplo, el pasado mes de mayo, en Martinica, dos estatuas de Victor Schoelcher, el hombre del Decreto del 27 de abril de 1848 que abolía definitivamente la esclavitud, fueron derribadas en Fort de France y ... Schoelcher. Ahora bien, no hay ni incultura ni cretinismo en estos crímenes iconoclastas, sino todo lo contrario, una clara actitud política: un hombre blanco no puede en efecto poner fin a la esclavitud ya que es por esencia un negrero... Así pues, si las estatuas del padre del abolicionismo han sido derrocadas, es para que las de las personalidades negras "esclavizadas" según el vocabulario "decolonial", y que habrían luchado contra la esclavitud, puedan ser puestas en su lugar.

Estos "de-colonizadores" en medio de un complejo existencial se convirtieron en "esclavos de la esclavitud" según la fórmula de Franz Fanon, que se negó a "dejarse empantanar por el determinismo del pasado".

Este libro, que invierte completamente la historia de la esclavitud, era por lo tanto una necesidad. Lejos de las nubes y de las incesantes tácticas de culpabilidad, este libro, enriquecido con varias docenas de mapas e ilustraciones, una bibliografía detallada y un índice, es el manual para la refutación de esta historia que se ha hecho oficial, cuyo objetivo es allanar el camino del arrepentimiento para hacer a los europeos extranjeros en su propio suelo.

ESTE LIBRO SÓLO ESTÁ DISPONIBLE A TRAVÉS DE L'AFRIQUE REELLE

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Fuente: https://bernardlugan.blogspot.com/2020/08/nouveau-livre-de-bernard-lugan.html

Traducción de Carlos X. Blanco